Riesgo de descarrilamientos en tierras ejidales
El proyecto clave del presidente López Obrador para el sureste, el Tren Maya, enfrenta dificultades en aspectos básicos, como los terrenos que cruzará. Las negociaciones con los propietarios. Autoridades ejidales entrevistadas por Proceso manifiestan desacuerdos y dudas respecto de la propuesta del gobierno federal de convertirlos en “socios” de los polos de desarrollo, a cambio de que aporten sus tierras. Entre otras cosas, dicen no tener la certeza de la forma y la cuantía de los beneficios que obtendrían los campesinos.
CIUDAD DE MÉXICO.- El Tren Maya necesita tierras: además de los 20 metros en ambos lados de los mil 425 kilómetros de vía, el megaproyecto requiere mil hectáreas alrededor de las 18 estaciones esparcidas en el recorrido del tren, donde se planea erigir nuevas ciudades turísticas y comerciales para cerca de 50 mil personas.
Para conseguirlo, Milardy Douglas Rogelio Jiménez Pons, el director del Fondo Nacional de Fomento al Turismo (Fonatur), se ha reunido en privado en los últimos meses con comisarios ejidales de la Península de Yucatán.
En varios encuentros, el funcionario se percató de que las negociaciones no resultarán sencillas: algunos ejidos le impusieron condiciones para autorizar el tren y expresaron desconfianza hacia el modelo de fideicomisos que el Fonatur pretende aplicar para los desarrollos inmobiliarios, en los cuales los ejidatarios pondrían sus tierras mientras que los inversionistas aportarían capital.
En el municipio de Bacalar, ubicado a 20 kilómetros de Chetumal, en el sur de Quintana Roo, Jiménez Pons se topó con el comisario ejidal Luis Chimal Balam, quien le advirtió que el gobierno federal deberá resolver dos problemas del ejido si quiere que el Tren Maya tenga una estación en esta zona, entre otras condiciones.
Contaminación
Los 165 ejidatarios de este municipio de 11 mil habitantes –cuyo atractivo turístico, la laguna de “siete colores”, padece un alto grado de contaminación– buscan recuperar parte de las tierras que les fueron expropiadas hace cinco décadas, además de que el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) les permita explotar una zona arqueológica o los indemnice.
En entrevista con Proceso, Chimal, un campesino maya de 56 años, dice que el problema de las tierras de Bacalar se remonta a 1971, cuando el gobierno de Quintana Roo solicitó al gobierno de Gustavo Díaz Ordaz que le entregara por decreto 354 hectáreas ubicadas en la orilla de la laguna; las “mejores tierras que tenemos”.
Cuatro décadas después, esta zona se encuentra cubierta por casas y hoteles de lujo, cuyo valor se cuadruplicó a raíz de la consolidación del turismo, desde hace 10 años hasta la fecha. “Ningún ejidatario tiene siquiera un metro de tierra ahí; puro funcionario, puro político”, se queja el entrevistado.
En 2014 el ejido interpuso una demanda para recuperar parte de estas tierras, pues afirma que el acta que concretó la cesión no tenía validez legal, que el ejido “nunca recibió una indemnización” y que las tierras fueron expropiadas “mañosamente”. La propuesta del ejido consiste en respetar “todo lo que tiene casa” y recuperar “todo lo que está en breñas”.
La asamblea ejidal de Bacalar se reunió el pasado 1 de diciembre para platicar sobre el Tren Maya. Decidió que “lo más primordial es que el gobierno federal resuelva las 354 hectáreas y que se abra la zona arqueológica; así sí firmamos el Tren Maya; si no, no firmamos”, sentencia Chimal.
Destino turístico de lujo
En la última década, la zona costera de Tulum se consolidó como un destino turístico de lujo para una clientela extranjera y adinerada. Cientos de hoteles y tiendas exclusivas privatizaron y cerraron kilómetros de la playa caribeña hasta el interior de la reserva de la biósfera de Sian Ka’an.
A la par, los precios inmobiliarios se dispararon –incluso las recién estrenadas viviendas del Infonavit rebasan los 400 mil pesos–, los rellenos sanitarios se desbordaron y surgieron varios grupos criminales para vender drogas a los turistas, lo cual detonó los homicidios e impuso la práctica del cobro de piso y la extorsión.
Este municipio es clave en el proyecto del Tren Maya: conecta la ruta de Yucatán con Quintana Roo y es el punto de partida de la ruta turística que pasa por Playa del Carmen y Cancún, de la que el Fonatur espera grandes ganancias. Sin embargo, Tulum se convirtió en un rompecabezas para Jiménez Pons: las tierras donde pensaba edificar la estación y su “polo de desarrollo” ya tienen dueños. Y son muchos.
En el último año de gobierno de Carlos Salinas de Gortari, los ejidatarios de Tulum –descendientes de las familias fundadoras que huyeron de Yucatán durante la Guerra de Castas– “cortaron” y repartieron parte de sus 22 mil hectáreas de tierras, que vendieron a particulares con el paso de los años.
Actualmente los 119 ejidatarios de Tulum tienen cerca de 10 mil hectáreas de tierra, sobre todo en el sur y poniente del municipio; las 12 mil restantes fueron fragmentadas y muchas de ellas vendidas durante el auge inmobiliario en la zona.
A principios del pasado septiembre don Nicacio Canché, comisario ejidal de Tulum, desplegó el plano del catastro ejidal ante Jiménez Pons; en él se observaban miles de parcelas fragmentadas con una superficie 20 veces más vasta que la cabecera municipal.
Tras un breve vistazo, el funcionario preguntó: “¿Todo este monstruo tiene documentos?”.
Canché le contestó que sí, todas las parcelas tenían papeles. De manera abrupta, Jiménez Pons se levantó de la mesa y soltó, enojado: “Pues entonces no va a haber tren”. Sorprendido, Canché le preguntó por qué. “Porque ustedes tienen un monstruo en su ejido y tú no sabes qué es esto”, le contestó el funcionario. Sin más, se levantó y salió de la casa ejidal.
“Nosotros estamos de acuerdo con el Tren Maya, pero llega y me dice, solamente al mirar nuestro plano, que no hay tren; pues no pasa nada. Como a los dos meses regresa el ingeniero Rodolfo Galindo y me ha pedido mis documentaciones. Él tiene mucha paciencia, pero nunca me dijo si dentro del ejido va a haber una estación de tren.”
Canché es nieto de uno de los hombres que huyó de la guerra de castas en Yucatán, se asentó aquí y fundó Tulum. Heredó tierras en la zona costera y opera un pequeño hotel en la reserva de la biósfera; de hecho, en las negociaciones sobre las tierras del Tren Maya, dice que planteó al gobierno federal que le “agilice” el ingreso de ciertos insumos a la reserva.
“Polos de desarrollo”
Aparte, el comisario ve con suspicacia el modelo que ofrece el Fonatur para desarrollar los “polos de desarrollo”. No entiende de qué manera hacerse socio a través de fideicomisos beneficiaría al ejido: “Para nosotros es mejor que, si quieren estas tierras, se las podemos vender y ya. Ellos podrían hacer su proyecto como a ellos les gusta.
“Nos dicen: ustedes dan las tierras, nosotros construimos las viviendas y las calles, porque el tren se estaciona por aquí. Nos mostraron en un video cómo son los modelos de la casa, hay lugar con bicicletas y todo. Es un proyecto muy bonito, son bastantes casas. A mí me dijo Pablo Carreaga (el enlace de Fonatur en Quintana Roo) que podemos ser socios. Pero yo le dije que yo no puedo ser socio de este tren ni los ejidatarios, porque si el día de mañana cambia la administración, la nueva va a pensar otras cosas.”
Otro factor es el de la administración federal, dice Canché: “Le pregunto: ¿En cuánto tiempo sale el señor presidente? En este caso ahorita vamos un año, a los dos o tres años puede ser que el tren esté funcionando. Entonces al presidente le quedarán tres años (…) ¿Qué va a pasar cuando termine su administración? ¿Será que otro va a llevar el mismo camino?
“Por esto le dije a Carreaga: no quiero ser socio del tren, porque van a llegar y me van a decir ‘ya no eres socio’. Y me buscarán lo más pequeñito de esto para sacarme como socio en esta agrupación.”
Sostiene que el gobierno “tiene que indemnizar por la tierra que va a afectar… Pero también nos han comentado que nos quiere hacer socios del proyecto, pero no sabemos cómo nos puede beneficiar a nosotros como socios. ¿Socios, como que nosotros estaríamos dando la tierra? ¿Pero a cambio de qué? Sólo nos dijeron que el gobierno no puede indemnizar por las tierras”.
Así se aprobaron los recortes al campo
Como advirtió desde que era presidente electo, Andrés Manuel López Obrador impuso a través de los diputados morenistas un bloqueo presupuestal a las organizaciones campesinas, a las que considera intermediarias entre los programas sociales y los productores. El gobierno federal justificó el cambio de las políticas agrarias con un análisis sobre la ineficiencia de los anteriores mecanismos de financiamiento al campo.
CIUDAD DE MÉXICO.- La parálisis legislativa, motivada entre varios factores por las organizaciones campesinas que se plantaron en torno al Palacio Legislativo de San Lázaro, manchó el ambiente de las fiestas revolucionarias con un conflicto que retrasó la aprobación del presupuesto federal para 2020.
De manera inédita, las organizaciones Antorcha Campesina, Frente Amplio Campesino (FAC), Consejo Nacional Agropecuario (CNA) y Congreso Agrario Permanente (CAP), superaron sus diferencias históricas al menos unos días, para exigir a los diputados una reasignación de los presupuestos que por su conducto se destinaban al campo a través de programas federales que la administración de Andrés Manuel López Obrador ya no contempló.
Desde el periodo de transición, como presidente electo, López Obrador advirtió que en su gobierno se terminarían los intermediarios, de manera que organizaciones sociales y, en general, de la sociedad civil, ya no recibirían fondos federales porque el gobierno los entregaría directamente a los beneficiarios.
Se acabaron los intermediarios
El 22 de septiembre de 2018, ya con constancia de mayoría y una actividad frenética que parecía adelantar el ejercicio de gobierno, el mandatario reiteró lo que venía diciendo desde la campaña: “Se acabaron los intermediarios, nada de que vengo de la Antorcha Mundial… habrá apoyos directos con tarjeta, ya no vamos a requerir a los intermediarios”.
En el primer trimestre de gobierno, sobre todo al calor de polémicas por la cancelación de recursos para estancias infantiles, expuso que los recursos se quedaban en gran parte en los intermediarios y no llegaban a los beneficiarios últimos. Su solución sería reducir el número de programas, crear nuevos padrones de beneficiarios y entregar apoyos bancarizados directamente de la Tesorería de la Federación a cada destinatario.
A esa medida se sumó un adelgazamiento administrativo que, de 150 programas existentes hasta 2018, se redujeron a siete, con la idea de la austeridad y, en el caso concreto de las políticas agropecuarias, de evitar la dispersión de recursos y con eso ampliar la cantidad de beneficiarios.
Esas medidas se habían perfilado desde el Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF) 2019 y los efectos se empezaron a percibir para las organizaciones campesinas a lo largo del año, por lo que en diferentes entidades federativas, e incluso en la Ciudad de México, marcharon en demanda de fondos.
La segunda semana de agosto las organizaciones campesinas expresaron su inconformidad: el día 8 la Central Independiente de Obreros Agrícolas y Campesinos (CIOAC) marchó al Zócalo; el 9 lo hizo la Coalición de Organizaciones Democráticas, Urbanas y Campesinas. En tanto, la Unión Nacional de Trabajadores Agrícolas (UNTA) realizó movilizaciones prácticamente cada mes desde noviembre de 2018.
El reclamo, planteado en diferentes términos, era básicamente un incremento presupuestal para atención al campo.
Nunca todas esas organizaciones, de distinta orientación política, se habían sumado para reclamarle a un gobierno su abandono, como ocurrió desde el domingo 10, cuando iniciaron el cerco a San Lázaro para convertirse en el segundo movimiento, en apenas tres meses, con capacidad de paralizar al Legislativo y obligarlo a cambiar su sede, luego de que en septiembre pasado la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación hiciera lo mismo por la reforma educativa.
Historiales, influencia y cerco
Las dos organizaciones con mayor presencia y resistencia en el cerco a San Lázaro son históricamente antagónicas: Antorcha Campesina, de ascendente y filiación priista, y la coalición de organizaciones integradas en el FAC, más relacionado con las izquierdas partidistas que en 2018 apoyaron la candidatura de López Obrador.
Antorcha Campesina ha logrado acumular ingentes recursos, no sólo por los subsidios que gestionaba, sino también porque desarrolla actividades empresariales que van desde gasolinerías, hoteles, restaurantes, universidades y, naturalmente, cuotas de poder concedidas por el PRI, que le permiten tener representación legislativa y control de ayuntamientos en varias entidades federativas. Incluso tiene tres diputados federales: Brasil Alberto Acosta Peña, Lenin Campos Córdova y Eleusis Córdova Morán.
Los antorchistas, bajo el liderazgo de Aquiles Córdova, poseen al menos 40 estaciones de servicio en Puebla, Oaxaca, Guerrero y el Estado de México; las universidades privadas Centro Universitario Chimalhuacán y Centro Universitario Tlacaélel; incursionan en obra pública con la constructora Acabados Arquitectónicos Frank, que en el recuento más reciente realizado por Noticieros Televisa obtuvo mil 567 pequeñas obras de infraestructura en las zonas donde tiene presencia territorial: es decir, consiguió obras para sus agremiados y los contratos para construirlas.
El FAC, como también lo hicieron la Coordinadora Nacional Plan de Ayala (CNPA) y El Barzón, apoyó a López Obrador en 2018. De hecho, la situación del FAC y estas dos últimas organizaciones motivaron divisiones en la bancada de Morena y sus aliados, aunque finalmente fueron superadas.
Proceso obtuvo copia del documento base de la Subsecretaría de Autosuficiencia Alimentaria, en el que, a partir de un análisis de los últimos 16 años, concluye que urge el cambio en las políticas.
El documento, que incluye las expectativas de las organizaciones campesinas para refutarlas, se titula Reflexiones sobre el Proyecto de Presupuesto de 2020 para el Campo Mexicano. En su tercer apartado, “Razones para el cambio de política en el campo”, justifica la decisión de recortar programas.
El análisis contempla de 2003 a 2018. Por ejemplo, a partir de una investigación del Centro de Estudios para el Desarrollo Rural Sustentable y Soberanía Alimentaria fechada en 2006, señala que dos de cada tres personas habían recibido un solo apoyo o ninguno, de manera que no tenía sentido mantener su estructura.
En el segundo punto, basado en estudios de Coneval y de Sagarpa, se afirma que “la influencia y poder de diversos actores” concentraba los apoyos en la atención “de sus intereses y agrupaciones”, por lo que al contrastarse con otras mediciones, no sirvieron para mejorar las condiciones de vida de la población objetivo.
Con estudios de Sagarpa, Coneval y la Asociación Mexicana de Secretarios de Desarrollo Agropecuario, el documento establece que 80% de los proyectos productivos en esos 16 años superaron los tres años de permanencia; como en el caso anterior, advierte que ningún programa mejoró la calidad de vida ni la productividad de los beneficiarios.
El cuarto punto se fundamenta en estudios de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, el Banco Mundial y el Coneval, que “observan la alta concentración de los subsidios productivos y de financiamiento”.
El estudio establece que en zonas de Muy Alta Marginación se invertían en promedio 5 mil 483 pesos por persona, mientras que en municipios de Baja Marginación, es decir, los más ricos, el apoyo promediaba 43 mil pesos.
El documento destaca que la mayoría de los recursos estaban destinados a bienes privados y no a bienes públicos: dejaba sin infraestructura y servicios a las comunidades, pero beneficiaba a un gran productor. También advierte que las reglas de operación fueron barreras para los campesinos más pobres.
A García Harfuch no le pesan las sombras de su abuelo o de su padre
Omar Hamid García Harfuch asegura que “no le pesa” ese oscuro pasado familiar porque, simplemente, no lo vivió ni influyó para obtener el cargo que hoy ostenta. De hecho, rechaza toda clase de represión y tortura como método contra la inseguridad y violencia en la ciudad y el país. Por el contrario, destaca la disciplina, el patriotismo y el “amor por México” que aprendió de su línea paterna.
CIUDAD DE MÉXICO.- La estirpe de sus ancestros por la vía paterna marca a Omar Hamid García Harfuch, titular de la Secretaría de Seguridad Ciudadana en la Ciudad de México: su abuelo, el general Marcelino García Barragán, fue jefe del Ejército en 1968; su padre, Javier García Paniagua, estuvo al frente de la Dirección Federal de Seguridad (DFS) durante la Guerra Sucia y fue jefe de la policía del Departamento del Distrito Federal en 1988.
En entrevista con Proceso, García Harfuch asegura que “no le pesa” ese oscuro pasado familiar porque, simplemente, no lo vivió ni influyó para obtener el cargo que hoy ostenta. De hecho, rechaza toda clase de represión y tortura como método contra la inseguridad y violencia en la ciudad y el país. Por el contrario, destaca la disciplina, el patriotismo y el “amor por México” que aprendió de su línea paterna.
“El Tigre”, García Barragán
A Marcelino García Barragán le decían El Tigre o El General. Nació el 31 de mayo de 1895 en El Aguacate, Cuautitlán, Jalisco. A los 18 años se enroló como soldado en la Revolución en las tropas de Francisco Villa en Chihuahua, y en 1920 ingresó al Colegio Militar.
Combatiente en la Guerra Cristera, ocupó jefaturas del Ejército en distintos estados. De 1940 a 1942 dirigió el Colegio Militar, donde permitió “tradiciones” de bienvenida a los cadetes como envolverlos en alfombras o colchones viejos y lanzarlos a la alberca de agua helada, sin importar si sabían nadar.
Gobernó Jalisco de 1943 a 1947. En 1960, Adolfo López Mateos lo reincorporó al Ejército como jefe de la zona militar en Toluca y Querétaro. En 1964 Gustavo Díaz Ordaz lo puso al frente de la Sedena. Integrantes del Comité 68 lo señalaron como uno de los responsables de la matanza del 2 de octubre en Tlatelolco.
En su libro Parte de Guerra. Tlatelolco 1968 (Editorial Nuevo Siglo Aguilar, 1999), Julio Scherer García, director fundador de Proceso, y el escritor Carlos Monsiváis revelan que García Barragán responsabilizó al general Luis Gutiérrez Oropeza, entonces jefe del Estado Mayor Presidencial, de colocar, sin su consentimiento, a 10 francotiradores vestidos de civil en los edificios con la orden de disparar contra los estudiantes y soldados que estaban en la plaza en el mitin de aquella tarde.
Tras la matanza García Barragán se retiró de las Fuerzas Armadas, aunque en los setenta influyó en los nombramientos de generales que participaron en la Guerra Sucia. Murió de cáncer en el Hospital Militar el 3 de septiembre de 1979. Tenía 84 años.
Para el nieto del Tigre, el 2 de octubre de 1968 “es una fecha sumamente dolorosa. Más que la fecha, lo que sucedió. Los hechos, jóvenes con ideales reales. Y es inaceptable, por supuesto, cualquier tipo de represión del gobierno, que no necesariamente podemos culpar al Ejército, como lo documentan en varios libros, no sólo la responsabilidad fue del Ejército… La historia se conoce y creo que no hay una sola persona en este país que pueda sentirse cómodo con lo que pasó ese día”.
Lo ocurrido hace 51 años representa, para García Harfuch, “profunda tristeza como ciudadano, pero como autoridad (nos toca) asegurarnos de que no vuelva a ocurrir. La responsabilidad de las personas que estamos en un puesto de autoridad como éste, donde hay involucradas fuerzas del orden, es que no vuelva a ocurrir ningún tipo de represión en nuestro país”.
Casi presidente, García Paniagua
Javier García Paniagua siempre estuvo cerca del poder, como político y funcionario; incluso se quedó en la línea para ser candidato presidencial del PRI en 1981. Un año después nació su hijo Omar Hamid.
Jalisciense como su padre, García Paniagua nació el 13 de febrero de 1935 y creció con el ejemplo militar. Conocedor del ramo agropecuario, se desempeñó en varias empresas públicas, fue gerente de la Mutualidad del Seguro Agrícola en Colima y gerente del Banco Regional Agrícola Michoacano. Militante del PRI, fue senador de 1970 a 1976 y delegado en 15 estados.
Dirigió la DFS, conocida como la policía política del Estado, encargada de la Guerra Sucia en los setenta y caracterizada por la persecución política y las desapariciones forzadas. En 1978 fue subsecretario de Gobernación, donde se hizo acompañar de Miguel Nazar Haro, creador de la temible Brigada Blanca, perseguidora de integrantes de la Liga Comunista 23 de Septiembre.
Entre 1980 y 1981 fue secretario de la Reforma Agraria; presidente nacional del PRI y secretario del Trabajo y Previsión Social. Entre la “mano dura” de García Paniagua y la experiencia financiera de Miguel de la Madrid, José López Portillo prefirió a éste como candidato presidencial.
Siete años después, en 1988, por invitación del presidente Carlos Salinas de Gortari, el regente Manuel Camacho nombró a García Paniagua titular de la Secretaría de Protección y Vialidad en el Departamento del Distrito Federal; de inmediato llamó a su lado a Nazar Haro. Los entonces asambleístas Cuauhtémoc Cárdenas y Rosario Ibarra de Piedra se opusieron a la designación. El 24 de noviembre de 1998, a los 63 años, García Paniagua murió de un infarto en Guadalajara. Su hijo Omar Hamid tenía 16 años.
“Tortura es ilegal e inútil”
El actual jefe de la policía de la Ciudad de México cree que su padre no lo habría imaginado en el mismo puesto que él ocupó 31 años atrás. Cuando eso pasó, Omar Hamid tenía sólo seis años, corta edad para entender cómo funcionaba la policía en aquel entonces.
Dice: “Hay cosas que no conozco. Sé más de la carrera política de mi padre que de cuando ocupó dos puestos en la policía, donde no estuvo mucho tiempo porque no era algo que él disfrutara mucho. Sería mentir si digo que me pesa algo que no conozco. Hay cosas de las que no puedo ni siquiera emitir una opinión porque no sé ni cómo trabajaban en esa época”.
–Hay muchos libros sobre el tema… –se le comenta.
–Sí, pero yo nunca escuché de mi papá una aprobación a la tortura, a la represión, sino todo lo contrario. El ejemplo que tengo de mi papá es de preservar el orden, respetar las leyes, amar a México. No tengo el ejemplo contrario donde yo podría emitir una opinión que me avergonzara o que fuera dolorosa para mí.
García Harfuch asegura que en el método de investigación que aplica su equipo de trabajo “no está ni siquiera considerado cualquier método de tortura”. Su proceder, añade, es hacer investigaciones “muy profundas, robusteciendo carpetas de investigación para que cuando sean detenidas las personas, no tengamos que preguntarles absolutamente nada”.
Sobre el hecho de que su padre pudo ser presidente de la República, dice que no recuerda mucho. De hecho, afirma: “nunca me habló de la posibilidad de ser candidato. Nunca. Si bien era muy cariñoso con nosotros, también era enérgico y estricto. Era un hombre muy reservado”.
–¿Sí era de mano dura?
–Aunque mucha gente no lo sepa, era un hombre sumamente generoso. Sí era duro, estricto. Pero el mayor ejemplo que vi de mi papá lo resumo en generosidad. Definitivamente. Un hombre con una sensibilidad social muy aguda y con un amor a México que pocas veces se ve. Le tocó un México complicado, de mucha inestabilidad en ciertos rubros de la seguridad.
–¿Le pesa la historia familiar?
–No. Yo tengo una ventaja: cuando entré a la Policía Federal ni quien preguntara por mi papá, porque nadie sabía quién era. Cuando me empieza a ir bien y tomo cargos importantes, me dicen: “¡Ah!, es por su papá y por su abuelo”. Cuando entré, mi papá tenía 10 años de fallecido. No veo cómo me ayudara en una generación nueva, donde nadie de la policía había trabajado con él, los mandos eran muy jóvenes. No podía haber influencia de mi papá, mucho menos de mi abuelo.
–Hay quien menciona que tiene la sombra de ambos. ..
–Con mucho respeto a quien opine eso, creo que es una opinión muy injusta. Juzgar nada más por ser hijo o nieto de alguien sí sería complicado.
La de Medina Mora, otra comedia de errores
Eduardo Medina Mora, si bien en su escrito de renuncia (que carece de lugar y fecha, lo que denota precipitación o ligereza) invocó el párrafo tercero del artículo 98 constitucional, no dio cumplimiento a lo mandado por él. La renuncia era omisa; no debió haber sido aceptada por el presidente de la República.
CIUDAD DE MÉXICO.- En los Estados Unidos de América corre el dicho de que los ministros de la Corte Suprema nunca renuncian y que rara vez se mueren. No hay renuncias; los que acceden a un sitial en ese cuerpo colegiado consideran que es el máximo honor al que pueden aspirar como abogados. En cuanto a la muerte, es preciso reconocer que son longevos.
En México se presenta un fenómeno diferente: los ministros frecuentemente piden licencia, algunas veces renuncian y también ocurre que mueren durante el periodo de su encargo.
En la Suprema Corte de Justicia anterior a 1994 fue frecuente ver que los ministros pidieran licencia para aspirar a una gubernatura; no les daba para más. Hubo excepciones. Uno de ellos llegó a pedirla para ocupar una secretaría general de gobierno de un estado; otro dejó el cargo para investigar un crimen, el de Luis Donaldo Colosio.
Renuncias
Hubo renuncias; una de ellas muy digna, la de don Alberto Vásquez del Mercado, en 1931, en protesta por violaciones a amparos concedidos. Otra, indigna por cierto, la del ministro Ernesto Díaz Infante, acusado de recibir dinero para facilitar la salida de alguien que había sido acusado del delito de homicidio.
Del ministro Eduardo Medina Mora, ahora renunciante, se dijeron muchas cosas, mayormente malas y algunas muy malas. No era para menos. Se ganó el repudio de muchos y, sobre todo, de aquellos que podían decidir respecto de su permanencia en el cargo.
Nunca debió haber llegado al cargo. Fue la frivolidad del presidente Enrique Peña Nieto la que lo llevó a incluirlo en la terna, y la irresponsabilidad del Senado la que permitió su elección.
Cuando se hizo pública la terna, yo fui uno de los que puso en duda la idoneidad de Medina Mora para ocupar el cargo. No lo cuestioné en secreto. Lo hice de manera pública (Proceso 2002, p. 18). Di mis razones. Invoqué la fracción V del artículo 95 constitucional; alegué que el candidato no había residido en el país durante los dos años anteriores a la fecha en que fue propuesto.
La razón de que exista el requisito es evidente: quien ha estado ausente del territorio nacional no puede conocer las leyes, los criterios interpretativos de ellas y el contexto en que se han dado. Eduardo Medina Mora, por su ausencia en razón de ser embajador, no podía conocer y, al parecer, no conoce las leyes de México. Pronto dio muestras de su ignorancia y de los compromisos que lo ataban a la clase gobernante de ese entonces y que ahora precipitaron su salida.
El precepto constitucional no distingue entre ausencias en servicio de la nación y ausencias por otras razones. En el caso era y es aplicable el principio de que cuando la ley no distingue, no debemos distinguir. La prohibición era absoluta e imponible al candidato a ministro. No se podía alegar extraterritorialidad.
Nuevo argumento
Ahora agrego un nuevo argumento: tratándose de prohibiciones, en caso de duda, el intérprete o aplicador más bien debe inclinarse por aquella interpretación que haga efectiva la prohibición, que por la que la desvirtúa o pasa por alto. El renunciante no podía ser propuesto por el presidente de la República ni electo por los senadores.
Eduardo Medina Mora, si bien en su escrito de renuncia (que carece de lugar y fecha, lo que denota precipitación o ligereza) invocó el párrafo tercero del artículo 98 constitucional, no dio cumplimiento a lo mandado por él. La renuncia era omisa; no debió haber sido aceptada por el presidente de la República.
Ciertamente el cargo de ministro es renunciable, pero sólo lo es por causas graves. El precepto, al exigir este requisito, procura evitar que detrás de una renuncia no exista una presión indebida de un poder, legal o extralegal, que orille al funcionario a abandonar el cargo. Todos teníamos derecho a saber las razones que lo llevaron a adoptar una determinación tan grave.
El requisito, como todos los que aparecen en la Constitución Política, también persigue dar certeza y claridad a la acción gubernativa; la ciudadanía en particular y la opinión pública, en general, tienen derecho a saber las razones de la renuncia de un ministro. El presidente de la República y el Senado, con su aceptación y aprobación precipitada violaron ese derecho.
La Constitución Política señala un trámite a seguir para hacer operante una renuncia como la presentada por el ciudadano Medina Mora: el presidente la acepta, en su acepción de recibirla a trámite y darle curso. Es el Senado el que la aprueba o la rechaza.
Si bien el presidente de la República aceptó la renuncia sin que se hubiera cumplido con el mandamiento constitucional, el Senado no podía ser remiso en el cumplimiento de sus obligaciones; debió haber exigido al renunciante, en una comparecencia pública o privada, que hiciera saber de manera clara y terminante cuáles eran las razones que lo orillaron a tomar su grave decisión.
Los senadores no debieron haber aceptado la renuncia mientras tanto no se cumpliera con el mandamiento constitucional y tampoco sumarse a esa comedia de errores. No fueron electos para eso.
Ciertamente el Senado, el presidente de la República y la ciudadanía carecen de facultades o derechos para obligar al ministro Medina Mora a seguir en el cargo, pero todos contamos con el derecho a saber por qué lo deja.
Con la aceptación y aprobación de la renuncia, estamos frente a otro caso en que prevaleció lo político sobre lo jurídico.
Mientras el Senado no había aprobado la renuncia, el licenciado Medina Mora seguía siendo ministro de la Suprema Corte; no podía dejar de presentarse a desempeñar sus funciones y, con su ausencia, desarticular el quórum del pleno y de la sala a la que estaba adscrito, so pena de ser acusado de abandono de empleo o comisión; el presidente de la República no podía hablar de que preparaba la terna de candidatas; y éstas, por su parte, no debían haber iniciado el indebido cabildeo ante los senadores para salir beneficiadas. Estaban urgidas de enterrar al supuesto difunto.
Ante lo hecho cabe preguntarse: ¿la Cuarta Transformación se hará conforme a la Constitución Política, al margen de ella o en contra de lo que su texto dispone?
Inicia el pedregoso camino de la destitución
Nancy Pelosi, presidenta de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, dio inicio a un proceso que podría resultar en la destitución del presidente Donald Trump, acusado de traición a la patria. El juicio político al mandatario sería posible –aunque los resultados sean inciertos, debido a que los republicanos tienen mayoría en el Senado– gracias a que un “soplón” de los servicios de inteligencia reveló la existencia de una conversación entre el habitante de la Casa Blanca y el presidente ucraniano, a quien el primero pidió ayuda para investigar y desacreditar al posible próximo candidato demócrata: Joe Biden.
WASHINGTON.– Donald Trump está en el banquillo de los acusados. El liderazgo demócrata en el Capitolio lo responsabiliza de traición a la patria y por ello se puso en marcha de inmediato el proceso legislativo de investigación para someterlo a un juicio político.
“Las acciones que el presidente ha tomado hasta la fecha violan seriamente la constitución. Debe ser sometido a la rendición de cuentas; nadie esta por encima de la ley”, sentenció Nancy Pelosi, la presidenta de la Cámara de Representantes al anunciar el inicio del proceso para juzgar a Trump.
La decisión de Pelosi de enjuiciar a Trump se genera del reporte publicado por el diario The Washington Post el pasado martes 17, sobre una denuncia anónima de que Trump solicitó a un gobierno extranjero interferir en las elecciones presidenciales estadunidenses de 2020.
El denunciante, una o un integrante de los servicios de inteligencia, alertó a sus jefes bajo la condición del anonimato (Whistleblower, se dice en inglés) del presunto abuso de poder por parte de Trump con el fin de reelegirse el 3 de noviembre de 2020.
Acorralado por los reporteros, el jueves 19, Trump admitió haber hablado telefónicamente con Volodymyr Zelensky, presidente de Ucrania, pero negó que hubiese algo ilegal en dicha conversación.
En seguimiento a su propia noticia, el Washington Post precisó que el denunciante cívico (soplón, como también se puede traducir whistleblower), denunció que Trump pidió a Ucrania investigar a Joe Biden.
“Fue una llamada amistosa, adecuada y sin nada ilegal”, admitió Trump el sábado 21, obligado por los cuestionamientos de los reporteros.
Los hechos subsecuentes ocurrieron en cascada. Los demócratas, encabezados por su líder, Pelosi, exigieron Trump y a la Casa Blanca la develación del informe de alerta del soplón y la transcripción de la llamada a Zelensky.
Como era de esperarse la reacción inmediata de Trump fue acusar a los demócratas de una cacería de brujas y hacerse la víctima. Mientras tanto, en el Congreso federal estadunidense aumentaban las voces que pedían enjuiciar políticamente al presidente.
Los reportes periodísticos insistían en que Trump presionó al gobierno de Ucrania para que indagara un presunto caso de corrupción que involucraba a Hunter Biden, hijo del exvicepresidente Joe Biden –aspirante, éste, a la nominación presidencial demócrata–.
The Washington Post y The New York Times citaban fuentes gubernamentales asegurando que la intención del presidente con la pesquisa en Ucrania era “echarle tierra” a Biden para minar sus posibilidades de ser el candidato presidencial demócrata y su contendiente el 3 de noviembre de 2020.
El lunes 23 por los pasillos del Capitolio corrió como reguero de pólvora la noticia de que Pelosi anunciaría el juicio político contra Trump. El mandatario quiso actuar en consecuencia y anunció en su cuenta de Twitter que el martes 24 liberaría, sin editar, la transcripción de la conversación con Zelensky que se llevó a cabo el pasado 25 de julio.
El Post y el Times reportaron que ocho días antes de la llamada, el 18 de julio, el mandatario estadunidense ordenó al Departamento de Estado y al de Defensa suspender un paquete de asistencia militar a Ucrania por unos 400 millones de dólares.
La decisión fue una estratagema de quid pro quo (me das y te doy) que sería usada por Trump para presionar a su par ucraniano para que cumpliera su deseo de investigar el caso de Biden. El hijo del exvicepresidente demócrata trabajó cinco años como miembro de la junta directiva de una empresa de gas de Ucrania que estaba bajo investigación por corrupción.
Aunque a Hunter Biden nunca se le acusó de corrupción en Ucrania, el Post y el Times reportaban que Trump prometió a Zelensky que si le ayudaba a echarle tierra al exvicepresidente, liberaría el paquete de apoyo militar.
La Casa Blanca desclasificó el contenido de la conversación el martes 24, como lo prometió Trump; no obstante Pelosi y su partido ya habían tomado el camino sin retorno y anunciaron el inicio del juicio político.
En un fragmento de la plática, Trump dice a Zelensky: “(Rudy) Giuliani es un hombre muy respetado; fue alcalde de Nueva York, un gran alcalde, y quiero que él te llame. Que te llame junto con el procurador general (William Barr)… la otra cosa: se habla mucho del hijo de Biden, que Biden paró la investigación y mucha gente desea saber sobre ello; lo que puedas hacer con el procurador general sería grandioso. Biden presumió por ahí que detuvo la investigación, lo que puedas hacer al respecto… suena horrible para mí”.
En este párrafo la líder demócrata encontró lo que deseaba: la evidencia de que Trump solicitaba la intervención de una entidad extranjera para manipular a su favor el proceso electoral estadunidense, ya en marcha, y socavar las aspiraciones y posibilidades de Biden de ser su contrincante.
La acusación
La transcripción desclasificada por la Casa Blanca era más de lo que podían pedir Pelosi y sus correligionarios demócratas. Trump no sólo solicitaba la injerencia foránea al proceso electoral y democrático estadunidense, sino que usaba al fiscal de la nación como su abogado personal para el hecho anticonstitucional, amén de ya contar con los oficios de Giuliani, su representante personal en asuntos legales.
Desoyendo las denuncias del presidente que se hacía la víctima de un “ACOSO PRESIDENCIAL” como lo escribió en Twitter, el jueves 26 el Comité de Inteligencia de la Cámara de Representantes comenzó la investigación con miras al juicio que seguirían otros cinco comités involucrados.
A la sesión legislativa fue citado Joseph Maguire, director nacional de Inteligencia interino, para hablar del reporte de alerta redactado por el soplón y que, por intervención de la Casa Blanca, no se entregó al Congreso en su momento.
Minutos antes de que arrancará la audiencia con Maguire como testigo hubo otra bomba: se desclasificó el acta del soplón.
El soplón denuncia otro presunto ilícito que incremente la gravedad del abuso de poder por parte de Trump y expone una violación flagrante a las leyes: la intención de la Casa Blanca de ocultar el audio y la transcripción de la conversación con Zelensky.
“Funcionarios de la Casa Blanca me dijeron que recibieron la orden de los asesores legales de la Casa Blanca de remover la transcripción electrónica del sistema computarizado en el cual se almacenan dichas transcripciones para su coordinación, finalización y distribución a integrantes del gabinete”, expone el denunciante.
La Estafa Maestra, desde el primer año del gobierno de Peña Nieto
Las fechas de los desvíos presupuestales de la llamada Estafa Maestra en la Sedesol y en la Sedatu muestran que el esquema fraudulento comenzó desde el primer año de gobierno de Enrique Peña Nieto. Además, las irregularidades coinciden con la gestión de Rosario Robles como titular y la de Emilio Zebadúa como oficial mayor de ambas dependencias federales, así como con la intervención de un puñado de empresas, entre ellas dos relacionadas con la exfuncionaria hoy presa, otras firmas fantasmas… Una revisión de las auditorías describe con detalle la ilegal triangulación financiera.
Ciudad de México.- El caso por defraudación en los programas sociales que llevó a prisión preventiva a María del Rosario Robles Berlanga y mantiene líneas de investigación abiertas a la posible responsabilidad de otros exfuncionarios, documenta que desde los primeros meses del sexenio de Enrique Peña Nieto se inició la sangría de recursos que fue denunciada entre el 16 de octubre de 2015 y el pasado 28 de junio.
A casi un mes de la comparecencia de Robles, en la que el juez de Control Felipe de Jesús Delgadillo Padierna decidió enviarla al penal de Santa Martha Acatitla el pasado 13 de agosto, la Fiscalía General de la República (FGR) mantiene la acusación por la omisión en que presuntamente incurrió la exfuncionaria al no informar a Peña Nieto sobre el desfalco superior a 5 mil millones de pesos.
El caso contra Robles, quien fue titular de las secretarías de Desarrollo Social (Sedesol) y Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (Sedatu), se funda en el conocimiento previo que tuvo de 25 expedientes de auditoría, acreditados ante la FGR por la Auditoría Superior de la Federación (ASF) y que muestran un cuantioso desvío de recursos, operado principalmente mediante universidades públicas, así como de otros organismos y entidades estatales relacionados con áreas de comunicación social.
La autoridad presume que, además de no cumplir su deber de informar sobre esos expedientes al mandatario, Robles no aplicó las medidas necesarias para darles seguimiento y evitar la repetición del desvío.
Hasta ahora la FGR no ha engrosado ante la autoridad judicial la carpeta de investigación FED/SEIDF/UNAI-CDMX/0001345/2018 y, sin embargo, el contenido de ésta incluye las 25 auditorías –a las que tuvo acceso este semanario– que en todos los casos corresponden a los periodos en los que Robles estuvo al frente de la Sedesol y la Sedatu.
Dichas auditorías arrojan indicios de un desvío por 5 mil 73 millones 358 mil 846 pesos. Del total de auditorías, 17 corresponden al periodo de Robles en la Sedesol y las otras ocho al tiempo en que fue titular de la Sedatu. El primer grupo suma 3 mil 178 millones 606 mil 129 pesos y las más abultadas son las identificadas con los números consecutivos de 1636 a 1639, pues suman 701 millones 563 mil pesos.
Estos recursos fueron transferidos a través de convenios con las universidades Tecnológica del Sur del Estado de México, Politécnica de Texcoco y Tecnológica de Nezahualcóyotl, localizadas en territorio mexiquense y las cuales a su vez los repartieron a dos empresas que las distribuyeron entre otras más.
En las cuatro auditorías consecutivas que se mencionan, con fecha de presentación del 20 de diciembre de 2017, destaca que esas universidades transfirieron sus recursos a las firmas Integrasoft y Grupo Corporativo Integral Vazme (esta última disuelta en 2016). Éstas depositaron la mayor parte de los recursos a las cuentas de cinco empresas: 163.6 millones a Srevint; 81 millones a Factores y Servicios Humanos; 30.5 millones a Elevait; 20.1 millones a CMA de Servicios Estratégicos, y 12.9 millones a Corporativo Kukmu. En tanto, 10 millones más se repartieron entre tres personas no identificadas.
La ASF encontró que las empresas mencionadas no debieron ser contratadas, ya que desde el convenio entre la Sedesol y las universidades se establecía que éstas tenían capacidad para realizar el objeto de los contratos y no tenían que subcontratar a nadie.
Los montos otorgados a Srevint y Factores y Servicios Humanos son los mayores y dichas empresas han sido señaladas de tener vínculos con la propia Robles (Proceso 2233).
En el trámite para la renta de su departamento en Reforma 222, en la Ciudad de México, la entonces funcionaria se identificó aportando como domicilio uno localizado en Torreón, Coahuila, propiedad de su prima política Susana Islas (accionista de una de las empresas), que a su vez es hermana de Alejandro Islas, accionista de otras dos que, en conjunto, y sólo por este caso, obtuvieron injustificadamente cerca de 245 millones de pesos.
De las dos intermediarias entre las universidades mexiquenses y las empresas que finalmente recibieron los recursos, también sobresale Grupo Corporativo Integral Vazme, fundado por José Andrés Méndez Vázquez y Francisco Javier Damián Alvarado. En aquel tiempo este último se desempeñaba como primer visitador de la Comisión de Derechos Humanos del Estado de Hidalgo.
Desvíos de cientos de millones
En Hidalgo se ubica el segundo caso de mayor cuantía encontrado por la ASF. Se trata de los convenios entre la Sedesol y Radio y Televisión de Hidalgo. El monto marcado como irregular en la auditoría D17002 es de 601 millones 658 mil 806 pesos.
En este procedimiento se halló que, además de las instituciones de educación superior utilizadas en el esquema fraudulento, éste se amplió a la contratación de entes estatales de comunicación social, que repetían el esquema: hacían convenios con la Sedesol y contrataban compañías que a su vez subcontrataban a otras, algunas de las cuales resultaron ser empresas fantasmas.
Radio y Televisión de Hidalgo contrató a 21 empresas para ejercer el monto convenido con la Sedesol, a fin de realizar campañas publicitarias sin sujetarse a la normatividad. El ente estatal pagó por servicios que no se comprobaron o ya se habían obtenido. Al menos cinco de las empresas favorecidas no tenían otra actividad y sus domicilios no corresponden al asentado en su trámite fiscal.
Este esquema de defraudación se reprodujo en la Sedatu. Con las ocho auditorías a partir de las cuales se abrió el expediente de la FGR suman mil 726 millones 364 mil 268 pesos defraudados en esa dependencia durante la gestión de Robles.
El caso que involucra el mayor monto de esa carpeta de investigación corresponde a los 450 millones que se le entregaron mediante un convenio al Sistema Quintanarroense de Comunicación Social.
La denuncia por ese caso se fundó en la auditoría 1791-DSGF, que se destinó a proyectos de difusión y publicidad en los que, a decir de la ASF, se transfirieron recursos a las cuentas de las empresas Publicidad Natnit, Desarrollo Publicitario ADp, Agatha Líderes Especializados y Servicios NLMK, entre otras.
Las mismas compañías aparecen prácticamente en todas las auditorías a los ejercicios presupuestales en comunicación social donde se detectaron desvíos.
La oscilación del discurso
El estilo personal de gobernar de Andrés Manuel López Obrador es su discurso. Si hipotéticamente mañana se viera obligado a callar, su poder se evaporaría de inmediato. En sus palabras reside la capacidad que tiene de influir, de modificar mentalidades, de provocar los pensamientos, las actitudes, las opiniones, la ideología; en fin, la conciencia de sus gobernados.
CIUDAD DE MÉXICO.- Tiene obsesión con las palabras y por ello el discurso es su principal herramienta política. A diferencia de otros, él no acumuló poder a partir del dinero, las relaciones, las propiedades o los conocimientos: Andrés Manuel López Obrador le debe prácticamente todo a su discurso.
Suele decir que la honestidad es hoy un acto radical, en oposición a la falsedad que se nos había vuelto, al menos en la política, un lugar común.
Honestidad con los recursos públicos, pero sobre todo con el arco que reúne a las palabras con los actos.
Por eso la campaña de promoción alrededor de su primer informe de gobierno borda sobre la consistencia entre lo que prometió y lo que como gobernante estaría cumpliendo.
Es ingenuo afirmar que en estos pocos meses de su mandato se haya transformado al país, pero nadie podría escatimar el logro de haber revolucionado los términos del debate público.
El estilo personal de gobernar de Andrés Manuel López Obrador es su discurso. Si hipotéticamente mañana se viera obligado a callar, su poder se evaporaría de inmediato. En sus palabras reside la capacidad que tiene de influir, de modificar mentalidades, de provocar los pensamientos, las actitudes, las opiniones, la ideología; en fin, la conciencia de sus gobernados.
Sus palabras son más importantes que las leyes que promueve, que las políticas públicas impulsadas, tienen más impacto que sus actos concretos de gobierno.
Los símbolos bíblicos le son próximos y por ello sabe que el discurso no sólo reproduce, sino también reinventa la realidad. La socióloga Estela Serret añadiría que la realidad se produce una y otra vez por mediación de las palabras.
Discurso
El discurso de Andrés Manuel López Obrador oscila, casi en simetría, entre dos polos opuestos: por un lado, el de la guerra por ganar la interpretación de los hechos y, por el otro, en el argumento de un país incluyente.
Ese viaje discursivo, aparentemente contradictorio, descarrila con frecuencia el entendimiento. El día que Andrés Manuel López Obrador ganó la Presidencia pronunció un discurso memorable sobre un gobierno para todas las personas. Sin embargo, no transcurrió demasiado tiempo para que volviera a separar a las personas entre privilegiados y desposeídos, liberales y conservadores, neoliberales y juaristas, en fin, entre chairos y fifís.
Esta oscilación es la esencia fundamental del discurso lopezobradorista, o más precisamente, de la realidad que López Obrador recoge y luego reproduce.
México es un país dividido que aspira a no serlo y el discurso presidencial no está dispuesto a negar la obvia realidad, pero tampoco quiere impedir la consecución de tan legítima aspiración.
Quienes lo observamos discursar nos sentimos todo el tiempo aludidos por los extremos de su narrativa. Enfada sentirse interpelado por sus trazos divisorios, que algunas veces pecan de arbitrariedad, pero también reconforta cuando el presidente se coloca por encima de las fracturas.
Una clave para comprender su estilo personal de discursar sería comprender cuándo y por qué se remite a un polo o al otro en el uso de su lenguaje.
Andrés Manuel López Obrador es un hombre de izquierda, hasta en el más remoto de sus ademanes: es oposición, aunque esté en el poder; es resistencia, aunque desde Palacio Nacional podría ya relajarse; es radical, aunque tenga a la mayoría de su lado; es provocador, aunque la banda presidencial habría de moderarlo.
En su concepción de las cosas el poder siempre está en pugna, jamás se asienta, se estabiliza, se armoniza. El poder es batalla, es confrontación, es desequilibrio. Su retórica parte de esa realidad: ingresa al campo en disputa con sus palabras, organiza su pensamiento con una narrativa que reconoce las diferencias, las oposiciones y la contradicción.
Su discurso sirve para organizar, seleccionar, apartar, jerarquizar. Como diría Michael Foucault, es su táctica para lidiar con aquellas relaciones humanas que hacen tracción en direcciones adversas.
Por ejemplo, López Obrador tiene como argumento favorito limitar las pretensiones de los privilegiados. El presidente guillotina con las palabras a los representantes del antiguo régimen. Se esmera acusando al monarca en desgracia por sus silencios previos, por su desinterés, por su vacuidad, por sus frivolidades.
Sin importarle a quién pueda quedarle el saco, crea con las palabras ambientes adversos a la narrativa del privilegiado. La nombra cuanto puede, se burla de los manierismos, de las modas, de las obsesiones de aquellos que viven en el penthouse social.
Andrés Manuel López Obrador quiere que nada de lo anterior sobreviva intocado. Sobre todo, aquello que durante demasiado tiempo oprimió, marginó y excluyó a los desposeídos.
Discurso disciplinario
En este sentido puede decirse que el discurso del presidente es esencialmente disciplinario. Castiga cuanto puede con las palabras, reclama por las omisiones y también por las acciones inmorales. Salvo excepciones, elude mencionar nombres. Es su convicción que hay responsabilidades individuales en el desastre de país, pero prefiere –otra vez con ecos materialistas– repudiar las prácticas políticas normalizadas de corrupción, impunidad y abuso de poder.
Aún si el discurso presidencial se nos ha vuelto narrativa dominante, el poder en una sociedad como la mexicana no descansa en una sola persona. No importa cuanto de lo público gire alrededor del micrófono presidencial, en la realidad el poder está diseminado en miles de enclaves donde aún continúa reproduciéndose la tonada del viejo régimen.
No es verdad que el poder económico y el poder político ya tengan en México una jurisdicción distinta, tampoco que el poder criminal y los gobiernos se hayan por fin divorciado, mucho menos que los nuevos actores puedan distinguirse nítidamente de los anteriores.
El país ha cambiado en los términos de su debate, pero aún se debate agresivamente por los términos que prevalecerán. Diría Montaigne que nos encontramos en una época en que la interpretación de la interpretación es más importante que la mera interpretación de las cosas.
Un ejemplo magnificado de esta disputa por los términos se da hoy en la interpretación de la ley. Para López Obrador no hay duda: si su gobierno tiene que elegir entre la ley y la justicia deberá inclinarse por la segunda. Esta instrucción la repite todo lo que puede cuando está con sus subordinados.
En esto también se aparta de sus antecesores, más legalistas que justicieros. El problema surge cuando, producto del choque provocado por los discursos en pugna, cabe que terminen estallando aquellas instituciones responsables de administrar, a la vez, la ley y la justicia.
Un ejemplo palmario de esta batalla sobre la interpretación de la ley lo ofrece el pleito a propósito del cierre del aeropuerto de Texcoco y la construcción de las nuevas pistas en Santa Lucía.
Quizá nada, hasta hora, ha sido más emblemático del antagonismo entre narrativas que ese mentado aeropuerto. Una infraestructura que no se reubicó, probablemente, por razones técnicas ni de corrupción, sino como elemento máximo de la corona ostentada por el nuevo discursante.
La cancelación del NAIM no tuvo otro propósito que dotar de significado a la naciente retórica presidencial. Esa narrativa, administrada en el momento justo –antes de ascender al trono–, enfureció a quienes tenía que enfurecer y contagió a quienes esperaba conmover. Salió caro a todos los mexicanos, pero, cabe repetir, no es el dinero, sino el discurso, el capital principal con el que López Obrador ha hecho política.
Después de esa señal tan ostentosa han desfilado muchos otros signos emparentados: una refinería en Tabasco que será un pésimo negocio nacional, pero permitirá derramar empleos para esa entidad; 100 universidades para jóvenes descartados por la educación pública superior; becas para quienes, por su poca edad, no estaban participando en la construcción de su futuro; la conversión de Los Pinos en un parque popular; la desaparición del Estado Mayor Presidencial, y así un etcétera de políticas y acciones que respaldan un discurso destinado a transformar realidades.
El otro polo del discurso lopezobradorista es el que apuesta por la inclusión. Cinco de cada 10 adultos mexicanos confiesan estar al pendiente, las mañanas, de la conferencia presidencial. Estaríamos hablando de por lo menos 40 millones de almas que cotidianamente atienden el discurso de Andrés Manuel López Obrador.
Debate público
Este logro es la prueba más contundente de que el presidente cambió los términos del debate público. México no es un país donde la mayoría soliera ocuparse de los asuntos políticos. Muy al contrario, la religión y la política eran cuestiones que debían apartarse para no pelear.
Según sondeos, como el Latinobarómetro, ocho de cada 10 mexicanos se veían al margen de las principales discusiones sobre el poder. Esta cifra que todavía era válida hace seis años, ha quedado atrás. Ocurrió así por la crisis de violencia y corrupción que aún prevalece, pero también porque el discurso del actual presidente se esmeró en salir al encuentro de las mayorías.
Siete de cada 10 habitantes de México aprueban la gestión de Andrés Manuel López Obrador, fundamentalmente porque coinciden con su discurso, con su narrativa de las cosas, con su capacidad para confrontar, reinventar y al final reunir la realidad.
Se quejan los historiadores más académicos del abuso que hace el presidente respecto a las metáforas y las anécdotas del pasado. Y es que, en efecto, cita sin discriminación episodios, sobre todo del siglo XIX, de la historia nacional.
Pero son esas metáforas, distantes en el tiempo, las que mejor servicio le prestan al discurso lopezobradorista cuando quiere señalar los elementos que fracturan y desigualan a México, desde su fundación, para luego insistir con aquello que podría significar la retórica de un horizonte compartido.
La de Rosario, una vida política de bandazos
La vida política de Rosario Robles ha sido un péndulo: activista en el Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH), militó después en la Organización de Izquierda Revolucionaria-Línea de Masas, de corte maoísta, de la que pasó abruptamente a apoyar a Cuauhtémoc Cárdenas, quien encabezaba la Corriente Democrática del PRI. Vino luego su paso por el gobierno del Distrito Federal y su militancia en el PRD, que llegó a presidir, así como un impasse de algunos años para finalmente colarse en el gabinete de Enrique Peña Nieto, desde donde se habría prestado para desviar 5 mil millones de pesos.
CIUDAD DE MÉXICO.- A sus 17 años Rosario Robles Berlanga ya era reconocida por su discurso de izquierda bien armado y estructurado. Su ideología, que después se identificó como de izquierda maoísta, sobresalía cada vez que participaba en las asambleas de la UNAM.
Pero desde aquellos años en los que militó en la izquierda y formó los Comités de Desarrollo Popular en el norte del país –como parte de los proyectos de la Organización de Izquierda Revolucionaria-Línea de Masas (OIR-LM)–, y luego, cuando fue presidenta del PRD, las cosas han cambiado. Hoy enfrenta en tribunales graves acusaciones de corrupción por el desvío para fines electorales de 5 mil millones de pesos que estaban destinados a programas de combate a la pobreza y ha tenido que pedir un amparo para no ser encarcelada.
La vida política de Robles es un péndulo que fue de la izquierda radical –en la que militó en su vida universitaria y sindical–, pasó por una postura más moderada en el PRD junto con Cuauhtémoc Cárdenas y Andrés Manuel López Obrador y terminó apoyando al PRI en el gobierno de Enrique Peña Nieto, durante el cual estuvo al frente de las secretarías de Desarrollo Social y de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano.
En una entrevista realizada por este reportero en 2002, Julio Moguel, su exesposo y padre de su hija, recordó que en 1987, durante una cena en el departamento del profesor de sociología Óscar Pintado, conoció a Cuauhtémoc Cárdenas y a su hijo Lázaro. A partir de ese encuentro la vida de Robles cambió radicalmente.
Ese año ya se delineaba la fractura del PRI. Pintado, coordinador del Departamento de Sociología de la Escuela Nacional de Estudios Profesionales Acatlán, pertenecía a la Corriente Crítica priista encabezada por Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo e Ifigenia Martínez.
Moguel, profesor de sociología rural en el mismo plantel, contó en esa entrevista a Proceso que su ocurrencia de llevar a la cena a Robles propició el primer encuentro y el inicio de una estrecha relación política con Cárdenas, que la llevaría hasta la dirección nacional del PRD y a la Jefatura de Gobierno del Distrito Federal.
Pasado maoísta
“En el Colegio de Ciencias y Humanidades, plantel Naucalpan, Rosario Robles era conocida por sus activas participaciones en las asambleas estudiantiles, junto con su hermano Paco. Era una chavilla que tenía actividad política”, recordaba en aquella entrevista Moguel, quien la conoció en una conferencia que dio en 1973 en ese plantel.
A partir de ese encuentro Robles fue invitada a participar en el grupo Síntesis, que tenía una amplia presencia en las facultades de Ciencias, Economía, Ciencias Políticas y Filosofía de la UNAM, y que en 1982 formó parte de la OIR-LM, una agrupación de corte maoísta que se separó de Adolfo Orive, futuro asesor de Francisco Labastida en la Secretaría de Gobernación y durante la campaña presidencial de 2000.
Orive estudió el doctorado en economía política en la Universidad de París y ahí se adhirió al maoísmo. Fue fundador y dirigente de Política Popular y de Línea Proletaria durante dos décadas, hasta que en 1976 hubo una ruptura que dio lugar a la OIR-LM.
Gabino Martínez Guzmán, del Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Juárez del Estado de Durango, reseña en el libro CDP, El Poder del Pueblo la creación de la OIR-LM y sus principales objetivos, y cita entre los integrantes a Robles y Moguel:
“Después del rompimiento con la corriente de Adolfo Orive Bellinger en 1976, los populistas del Comité de Defensa Popular (CDP) andaban huérfanos de teoría. Parecía que el CDP se deslizaba como en un tobogán hacia los brazos del gobierno. Sin embargo, la fundación de la OIR evitó lo que parecía inevitable. Los días 5, 6 y 7 de febrero de 1982 se celebró el congreso de fusión de cuatro pequeñas fuerzas sociales: el Movimiento Obrero, Campesino, Estudiantil Revolucionario (MOCER) de Zacatecas, el Frente Popular Tierra y Libertad (FPTyL) de Monterrey, el Comité de Defensa Popular (CDP) de Durango, y el seccional Ho Chi Minh, del DF.
“El FPTyL y el CDP eran residuos de la corriente de Política Popular que se habían deslindado de la dirección de Adolfo Orive y que en 1978 formaron la coordinadora Línea de Masas. En esas circunstancias nació la Organización de Izquierda Revolucionaria-Línea de Masas (OIR-LM). Los principales dirigentes eran: por Nuevo León, Alberto Anaya y su esposa; por Zacatecas, José Narro y su esposa; por Durango, Marcos Cruz, Gonzalo Yáñez y Alfonso P. Ríos; por el Distrito Federal, Julio Moguel, Luis Hernández Navarro, Saúl Escobar, Jesús Martín del Campo, Francisco González Gómez, Armando Quintero, Benjamín Hernández Camacho, Rosario Robles y Jorge Issac.”
El mismo autor cita que la línea populista maoísta del CDP y del FPTyL había sido desplazada por el grupo del Distrito Federal. No obstante, había rasgos de esa tendencia ideológica en puntos importantes de los documentos básicos aprobados, entre ellos el objetivo estratégico: “La desaparición de la propiedad privada de los medios de producción, la abolición de las clases sociales, del Estado y de toda forma de explotación y opresión política, en una palabra: la construcción de una sociedad comunista igualitaria y democrática, cuya etapa de transición será la sociedad socialista de nuestro país”.
Robles entró a la OIR-LM desde el principio, pero ya en 1974, al mismo tiempo que ingresa a la Facultad de Economía de la UNAM, se involucró con el grupo de izquierda popular conocido como Síntesis.
“Cuando se incorpora lo hace primero como activista estudiantil en nuestro grupo, que del 74 al 76 establece algunos vínculos con el movimiento popular más allá de la Universidad”, comentaba Moguel.
La conversión
En aquella entrevista Moguel decía que entre 1985 y 1987 Robles se mantuvo en el activismo universitario; cuando la OIR-LM entró en crisis dejó atrás el maoísmo e influida por el movimiento de la Tendencia Democrática del Sindicato Único de Trabajadores Electricistas de la República Mexicana, que encabezaba Rafael Galván, cambió su tendencia política por una más moderada.
“Lo que pudimos rescatar de esa experiencia fue el vínculo con la gente; si algo dejó la experiencia de Línea Popular fue la revisión en contra de los grupos especulativos.
Teníamos un chiste que era: ‘Es la hora de cuidar los cochinos’. Significaba que no podíamos llegar a una comunidad a tirar la línea, el rollo, sin haber cuidado a los cochinos. Creíamos mucho en la organización de la gente, éramos muy críticos de los grupos que formaban su célula popular y pasaban felices cinco años tirándole línea a un grupo de cinco campesinos que los escuchaba embelesados. No, nosotros no. Teníamos más la idea de la red social, de la red popular; creíamos en esas cosas y participábamos en los sindicatos, en las huelgas, nos movíamos en la lógica no del núcleo que va a tirar línea, sino del que se liga y se reconvierte en la red. Así fuimos configurando o cambiando nuestra propia lógica organizativa”, recordaba Moguel.
Después de que en 1987 conoció a Cárdenas, el ingeniero les descubre que el nacionalismo tenía una vena de lucha democrática y entonces la pareja Moguel-Robles comienza a colaborar con el cardenismo hasta llegar a la fundación del PRD en 1989.
“La relación es más familiar, directa, estrecha, por la vinculación de Rosario con Adolfo Gilly, principal asesor de Cárdenas y del CEU, que le dio a Rosario un aire mayor en cuanto a su presencia política”, señalaba Moguel.
Pero no fue hasta 1997, cuando Cárdenas Solórzano se convirtió en el primer jefe de Gobierno, que comenzó el ascenso político de Robles, al ocupar la Secretaría de Gobierno.
Dos años después, luego de la renuncia de Cárdenas para lanzarse como candidato presidencial del PRD, Robles ocupo la Jefatura de Gobierno capitalino de septiembre hasta el 5 de diciembre de 2000, cuando le entregó la administración a Andrés Manuel López Obrador, con quien entonces se identificaba.
“Tenemos la misma visión de país y de partido. Me siento muy tranquila porque sé que en esa plataforma, que es estratégica, hay un hombre con ideas muy claras, con convicciones y una claridad de cómo debemos perfilar una propuesta de izquierda moderna en este periodo”, dijo entonces de López Obrador (Proceso 1268).
La seducción del poder
Durante el tiempo que ejerció como jefa del gobierno capitalino, Robles comenzó a mostrar su fascinación por el poder. En la Cuenta Pública del Gobierno del Distrito Federal correspondiente al ejercicio fiscal de 2000 se reveló cómo dispuso discrecionalmente de recursos y privilegió el gasto en particular en dos áreas neurálgicas bajo su mando: comunicación social y asesorías.
La información fue publicada por el diario Reforma al cual Robles demandó sin éxito, pero diciendo que había sido traicionada por alguien que filtró los documentos.
Líder del PRD en 2002, Robles empezó entonces un proceso de empoderamiento. Ya no era la militante de izquierda maoísta que pensaba en darle el poder a la comunidad, sino que inició una ruta personal que la alzaría aún más, poniéndola a la par de la esposa del presidente Vicente Fox, Marta Sahagún; de la dirigente nacional del magisterio, Elba Esther Gordillo; y de la presidenta del PRI, Beatriz Paredes, entre otras, al celebrar los 50 años del voto femenino.
Pero fue a partir de entonces que también emergieron los escándalos de abuso a las finanzas públicas y del partido, sus gustos por los lujos y sus relaciones personales con el empresario Carlos Ahumada, que la llevarían a un exilio a España.
En 2001 los diputados panistas Federico Döring y Walter Widmer acusaron a Robles de adjudicar contratos de publicidad por 82 millones de pesos a la empresa Publicorp cuando ella era jefa del gobierno capitalino. Después, cuando estuvo al frente del PRD (2002-2003) pidió un préstamo de 200 millones de pesos a Carlos Ahumada. Hasta ahora sigue abierta una demanda del argentino que alega que no se le pagó ese préstamo.
En 2004 Ahumada videograbó a René Bejarano, Carlos Ímaz y Ramón Sosamontes recibiendo fajos de dólares para las campañas políticas del PRD. Por este caso Robles tuvo que declarar ante la PGR en calidad de testigo y surgió el escándalo de su rompimiento con Ahumada, ya en la cárcel.
En su exilio voluntario y temporal en Madrid, y en un intento por superar los efectos de los videoescándalos, escribió el libro Con todo el corazón, en el que ofrece su verdad sobre el caso Bejarano, sus enfrentamientos con López Obrador, su trayectoria política y su relación con Ahumada.
“Sigo pensando que el amor y la vida privada son cosas de dos, como dice la canción. Por eso, frente a todo lo que ha pasado, sólo puedo decir que aquí está mi verdad. Sé que tan sólo es una parte de esta dolorosa historia. La que yo viví. La que tiene que ver con mi actuación como política. Lo hago con todo el corazón”, dice uno de los últimos párrafos de su texto autobiográfico, publicado por Plaza & Janes (Proceso 1474).
En 2004 abandona el PRD y su péndulo político queda en suspenso. En casi ocho años de pausa se dedica a escribir artículos semanales en el periódico Milenio. En enero de 2007 participa en la fundación de la alianza empresarial SOSTÉN Centro de Inteligencia, orientada a campañas políticas de mujeres, y su primer trabajo como consultora política privada fue apoyar a Ivonne Ortega Pacheco en el gobierno de Yucatán. En mayo de ese mismo año llegó a incursionar en el teatro, participando en el elenco de Monólogos de la vagina.
No es sino hasta 2011 cuando su péndulo político comenzó a oscilar nuevamente y se dirigió hacia Enrique Peña Nieto, gobernador del Estado de México al que ayuda a detener la alerta de género ante el crecimiento de los feminicidios en la entidad.
“Yo soy política (….) estoy donde quiero estar, haciendo política, aquí se me abrió espacio y creo que debo aprovecharlo”, justificó en una entrevista radiofónica con Denise Maerker en 2012.
Gracias a esa labor Peña Nieto, ya presidente, incluyó a Robles en su gabinete como titular de la Secretaría de Desarrollo Social; y la defendió ante las acusaciones de que había desviado recursos con fines electorales a favor del PRI en Veracruz. “Rosario, no te preocupes, hay que aguantar porque están empezando las críticas, las descalificaciones de aquellos a quienes le ocupa y preocupa la política y las elecciones. Pero nosotros, este gobierno, tiene un objetivo claro, que es acabar con el hambre”, la defendió en 2013.
Pero ante el embate político y mediático Peña Nieto decidió cambiarla a la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano en 2015, y ahí una vez más Robles estuvo implicada en el presunto desvío de 5 mil millones de pesos que estaban destinados a programas sociales pero se fueron a otros fines político-electorales para el Estado de México.
Después de poco más de cuatro décadas de una trayectoria política que inició en 1978 con la OIR-LM, parece que el final de Robles está cerca, con la amenaza de llevarla a la cárcel acusada de “ejercicio indebido en el servicio público”.
El péndulo que se inició con el maoísmo en su juventud, dio el bandazo al lado opuesto, hacia el priismo más corrupto.
Y al final nos convertimos en la guardia fronteriza de Estados Unidos
En Chiapas, Veracruz y Tabasco, elementos de la GN instalaron retenes e intensificaron los patrullajes; efectivos de la Secretaría de Marina (Semar) se apostaron en las orillas del río Suchiate para repeler a los migrantes que cruzan en balsas; se multiplicaron los operativos y las redadas en hoteles y casas particulares, mientras que los hoteleros y transportistas fueron amenazados con penas de cárcel si prestan sus servicios a personas indocumentadas.
CIUDAD DE MÉXICO.– En los últimos 45 días, ante la mirada satisfecha del presidente estadunidense Donald Trump, el gobierno de Andrés Manuel López Obrador echó a andar todo su aparato civil y militar para impedir que decenas de miles de centroamericanos lleguen a pedir asilo a Estados Unidos.
Bajo las órdenes del secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard Casaubon –quien selló el compromiso de reducir “significativamente” el paso de refugiados por el país–, se endureció la presencia militar en las fronteras sur y norte. En junio, la Guardia Nacional (GN) y el Instituto Nacional de Migración (INM) detuvieron a cerca de 30 mil centroamericanos y deportaron a 21 mil 912. Muchos viajaban en familia, a menudo con bebés.
El ritmo de deportación –un promedio de 730 personas por día– rebasa en 31% el registrado en mayo de 2015, cuando alcanzó su mayor intensidad la estrategia de contención migratoria conocida como Plan Frontera Sur, que lanzó la presidencia de Enrique Peña Nieto. Esa estrategia incrementó los abusos y la violencia contra los migrantes y, a decir de defensores de derechos humanos, obligó a muchos de ellos a seguir rutas más peligrosas.
En Chiapas, Veracruz y Tabasco, elementos de la GN instalaron retenes e intensificaron los patrullajes; efectivos de la Secretaría de Marina (Semar) se apostaron en las orillas del río Suchiate para repeler a los migrantes que cruzan en balsas; se multiplicaron los operativos y las redadas en hoteles y casas particulares, mientras que los hoteleros y transportistas fueron amenazados con penas de cárcel si prestan sus servicios a personas indocumentadas.
A la par, Washington intensificó su programa conocido como “Quédate en México”: en junio las autoridades estadunidenses devolvieron a 9 mil 91 solicitantes de asilo centroamericanos (303 por día) a los “puntos de retorno” del lado mexicano de la frontera, donde aguardarán a que un juez de migración del vecino país determine si les otorga el estatus de refugiado.
López Obrador se negó a enviar una nota diplomática a Washington para reclamar una serie de medidas que adoptó la administración de Trump contra los migrantes en semanas recientes.
Éstas incluyen redadas para deportar a 1 millón y medio de indocumentados y la entrada en vigor de una nueva orden que impide a los extranjeros pedir asilo en la frontera sur de Estados Unidos si no lo hicieron antes, al menos, en México. Esta última medida fue abiertamente criticada por el parlamento de la Unión Europea, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) y organizaciones defensoras de los derechos humanos.
Este lunes 22 vence el plazo de 45 días que Trump otorgó a México el pasado 7 de junio, y durante el cual el gobierno de López Obrador se comprometió a reducir “significativamente” la llegada de migrantes centroamericanos a su frontera, a cambio de que el presidente estadunidense no cumpla su amenaza de imponer un arancel general sobre los productos mexicanos.
Un día antes, el domingo 21, el secretario de Estado Mike Pompeo pasará por México, en una etapa relámpago de la gira que está realizando por la región. Se reunirá a puerta cerrada con Ebrard y le informará si Trump determinó “a su discreción” que el gobierno mexicano hizo un trabajo suficiente para frenar la migración centroamericana, que desde enero pasado creció de manera vertiginosa: más de 400 mil personas de ese origen llegaron a la frontera de Estados Unidos, la mayor parte de ellos en familia.
Abrir negociaciones
En el caso de que Trump considere que México no hizo lo suficiente, Washington obligará al gobierno federal a abrir negociaciones para llegar a un acuerdo de Tercer País Seguro.
Hasta el momento Trump parece satisfecho con el desempeño del gobierno mexicano: en su cuenta de Twitter ha escrito que México “lo está haciendo muy bien en la frontera” y que “está haciendo un muy buen trabajo en detener personas mucho antes de que lleguen a nuestra frontera”.
La de Porfirio Muñoz Ledo, el presidente de la Cámara de Diputados por Morena, fue la única voz disonante en la llamada Cuarta Transformación sobre la gestión de la crisis migratoria, pues deploró que Trump “se jacta de que ganó”.
El pasado lunes 15 el legislador arremetió contra las concesiones del gobierno mexicano ante Trump: declaró que México se convirtió “no de hecho, sino de derecho”, en Tercer País Seguro, equiparó los centros de detención migratoria de México con “campos de concentración nazis” y criticó: “No se vale pagar aranceles con migrantes; es decir, carne humana por una medida económica”.
Revés a la FGR: Un dudoso caso de tráfico de migrantes
El caso contra Irineo Mujica Arzate quedó integrado en el expediente FED/CHIS/TAP/0000921/2019, basado en las denuncias de una pareja originaria de Tegucigalpa, Honduras, que fue deportada en abril y regresó a México un par de semanas después. En sus declaraciones, que rindieron ante la FGR el pasado 11 de mayo, Ángel y Bessy afirmaron que viajaron a Chiapas con uno de los hijos de ella el 21 de febrero de este año para incorporarse a una caravana.
CIUDAD DE MÉXICO.- El miércoles 12 por la noche, Héctor Manuel Cervantes Martínez, el juez de Distrito Especializado en el Sistema Penal Acusatorio que opera en la cárcel de Tapachula, en Chiapas, asestó un revés a la Fiscalía General de la República (FGR): determinó la presunción de inocencia de los activistas Cristóbal Sánchez e Irineo Mujica Arzate y negó que se les vinculara a proceso por el delito de tráfico de personas.
En el caso de Sánchez, su defensa mostró que su cliente se encontraba en la Ciudad de México la noche del 29 de marzo último, con lo cual derrumbó la versión de la FGR según la cual ese día estaba en Tapachula –a mil 200 kilómetros de distancia de la capital–, donde supuestamente traficaba a costa de cinco personas de origen hondureño por 8 mil dólares.
En el caso de Mujica, el juez aceptó las evidencias de acuerdo con las cuales el activista se encontraba en el municipio de Chahuites, Oaxaca, la mañana del 27 de febrero. Ese dato desmintió también la versión de la FGR de que el director de la organización Pueblo Sin Fronteras estaba en ese mismo momento en Mapastepec, pueblo chiapaneco ubicado a dos horas y media de distancia, donde presuntamente cobraba 7 mil pesos a una familia hondureña.
Las carpetas de investigación abiertas contra Sánchez y Mujica se basan en supuestas denuncias que los integrantes de dos familias provenientes de Honduras interpusieron en la delegación de la FGR en Tapachula en abril y mayo pasado por hechos ocurridos meses antes.
Y aun cuando las denuncias incluidas en esas carpetas, cuyas copias obtuvo Proceso, contienen contradicciones en cuanto a fechas, hechos y lugares, la delegación de la FGR en Tapachula las consideró válidas y no aportó elementos adicionales para demostrar la culpabilidad de los imputados. En las audiencias realizadas la noche del miércoles 12, ninguno de los denunciantes acudió a declarar.
“Una fabricación muy pobre”
En su primera aparición en público, los activistas denunciaron la “fabricación de delitos” por parte de la FGR; estratagema que resultó “muy pobre”, dijo Sánchez, quien empezó su activismo en 1999 durante la huelga de la Universidad Nacional Autónoma de México de ese año y posteriormente se dedicó a la atención de los migrantes.
Egresado del Instituto Nacional de Antropología e Historia, Sánchez condenó las “viejas prácticas de parte de unos fiscales” y celebró que “esta fabricación de delitos” se haya derrumbado.
“Si hicimos algo malo, que se nos juzgue para alguna cuestión de este tipo, pero no por un invento”, declaró Mujica, quien al frente de Pueblo Sin Fronteras acompañó varias caravanas, entre ellas el Viacrucis del Migrante y el “éxodo centroamericano” en octubre pasado.
El activista asegura que continuará su labor de acompañamiento. “Si paramos –dice– esto se convierte aún más en un infierno”.
Las órdenes de aprehensión contra los activistas fueron emitidas el sábado 1, pero las detenciones ocurrieron el miércoles 5. La de Sánchez se efectuó en la Ciudad de México, mientras a Mujica lo arrestaron en Sonoyta, Sonora, donde opera un albergue para migrantes.
En ese momento en Washington arrancaron las arduas negociaciones de tres días, al cabo de los cuales el gobierno mexicano se comprometió a incrementar sus esfuerzos para impedir el paso a la migración irregular y para luchar contra el “tráfico de personas”. La finalidad era convencer al presidente Donald Trump de que no impusiera aranceles a las exportaciones de productos mexicanos.
Ambas detenciones levantaron una ola de indignación entre las organizaciones de la sociedad civil dedicadas a la defensa de los migrantes, las cuales denunciaron el lunes 10 que existe una campaña de “criminalización contra las personas defensoras de derechos humanos”.
La decisión de la justicia permitió que los dos activistas recobraran su libertad después de una semana tras las rejas. Sin embargo, los casos en su contra siguen abiertos y la FGR tiene la facultad de investigar más para imputarles los delitos. El jueves 13 la institución incluso anunció que apelará la decisión del juez con respecto a Mujica.
En los dos casos, los supuestos denunciantes acudieron a la FGR con fotografías que, según los relatos, encontraron en internet, y con las cuales identificaron formalmente a los dos activistas, con nombres y apellidos.
“Cuál fue mi sorpresa que al abrir la página (…) reconozco como la persona a la que el día 29 de marzo de este año le entregué la cantidad de 8 mil dólares”, planteó uno de los presuntos extorsionados por Sánchez; el otro señaló que en un cibercafé encontró “varias fotografías de Irineo Mujica, así como información de que es el líder de la asociación Pueblo Sin Fronteras, por lo que imprimimos tres fotografías de Irineo Mujica, las cuales presentamos ante esta autoridad”.
Incoherencias
La denuncia contra Sánchez se basa en los testimonios de cuatro integrantes de una familia hondureña, quienes comparecieron ante la autoridad el pasado 16 de abril, de acuerdo con la carpeta de investigación FED/CHIS/TAP/0000729/2019.
Los testigos –una pareja y dos primos originarios de San Pedro Sula– sostuvieron que tomaron la decisión de salir rumbo a Estados Unidos días después que pandilleros de la Mara trataran de reclutar a los tres varones.
La mujer, de 28 años, llamada Nancy, aseguró que se comunicó con la organización Pueblo Sin Fronteras el pasado 22 marzo y que habló con Mujica, quien ofreció moverlos desde Guatemala hasta Tijuana por 2 mil dólares por persona. Según las mismas declaraciones, no hubo cobro por la niña de 8 años, quien viajó con ellos.
Los cuatro relatos coincidieron en que la familia viajó al municipio guatemalteco de Tecún Umán el 29 de marzo, y que en la noche los estaba esperando un tal “Cristóbal” en la terminal de autobuses Maya de Oro, en la ciudad fronteriza, quien les indicó que venía “de parte de Ireneo (sic) Mujica”. Afirmaron que Sánchez presuntamente cobró el dinero en ese momento.
Según las declaraciones, “Cristóbal” ayudó a los familiares a cruzar el río Suchiate en balsa, y del lado mexicano tomaron una combi rumbo a Tapachula. En la carretera, abundaron, se toparon con un retén del Instituto Nacional de Migración (INM) y tres agentes los obligaron a bajar; aseguran que éstos les robaron sus pertenencias –celulares y dinero en efectivo–, hablaron con el tal “Cristóbal” y los dejaron seguir caminando, tras decirles que “ahí no había pasado nada”.
Los hondureños narraron que “Cristóbal” se subió a la combi y desapareció. En ninguna parte de las declaraciones se identifica a Sánchez por su apellido; los relatos lo describieron como “una persona de baja estatura, aproximadamente 1.60 metros, medio fornido, con barba de candado, trigueño”, vestido con un pantalón de mezclilla y una camisa.
El mismo 29 de marzo, Cristóbal Sánchez comió con su novia en un restaurante de Coyoacán, en la Ciudad de México, y posteriormente acudió a una fiesta cerca de la colonia Condesa. Resultó imposible, según el juez, que el mismo hombre esté cometiendo un delito en Chiapas y que en el mismo momento se divierta en una fiesta, mil 200 kilómetros más al norte.
El caso contra Mujica quedó integrado en el expediente FED/CHIS/TAP/0000921/2019, basado en las denuncias de una pareja originaria de Tegucigalpa, Honduras, que fue deportada en abril y regresó a México un par de semanas después.
En sus declaraciones, que rindieron ante la FGR el pasado 11 de mayo, Ángel y Bessy afirmaron que viajaron a Chiapas con uno de los hijos de ella el 21 de febrero de este año para incorporarse a una caravana. Ahí, un cubano les indicó que viajar a Monterrey costaría 10 mil pesos por familia y que “Irineo Mujica y él tenían arreglado todo para llevarnos hasta allá”.
Según el relato, la pareja conoció a Mujica en el mismo parque; lo identificó como el líder de la caravana que partió de Tapachula en la madrugada del 23 de febrero. No existen registros de una caravana que haya salido ese día del municipio chiapaneco, por una simple razón: nunca existió esa caravana, declaró Mujica.
Los mismos relatos refieren que la caravana caminó durante cuatro días, con pausas de 20 minutos, pasó retenes del INM y del Ejército y, en la mañana del 27 de febrero, se acercó a Mapastepec. Alrededor de las nueve de la mañana, Mujica presuntamente dijo a la pareja “que era el momento de que le diéramos el dinero que hacía falta; es decir, 7 mil pesos. Acto seguido, guardó el dinero en una bolsa tipo mariconera que siempre llevaba colgada”.
De acuerdo con la pareja, una vez en Mapastepec Mujica se esfumó. Ellos se quedaron en el campo de refugiados improvisado en el auditorio hasta el mes de abril, cuando se desesperaron y decidieron seguir el viaje solos. Fueron detenidos kilómetros más adelante y deportados dos días después a su país.
La defensa sostiene que la mañana del 27 de febrero Mujica no pudo estar en el puente de Mapastepec, puesto que se hallaba en Chahuites, a 185 kilómetros de distancia. De hecho, el 26 de febrero estuvo con un grupo de más de mil personas en el municipio chiapaneco de Pijijiapan, que se encuentra en un punto más avanzado de la carretera costera.






