Desafío

Rafael Loret de Mola

6/09/17

*Rebatiñas por peña
*Todas las Intrigas

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Fortunas mal habidas, espionajes peores a los del célebre Watergate que derrumbó a Nixon en 1974, división de pareceres irreconciliables dentro de los partidos políticos, acusaciones extremas contra algunos funcionarios provenientes de la administración pública y también, al otro lado, de supuestos opositores vencidos por el atractivo de formar parte de las filas del narco, donde radica el verdadero poder hoy en día, todo ello, y mucho más, es el entorno diario de la clase política más putrefacta de todos los tiempos; ni en los tiempos de Victoriano Huerta se llegó a tanto.
Cuando se carece de autoridad moral no es posible pretender ver paja en el ojo ajeno. ¿Con cuál argumentación, por ejemplo, el priista Enrique Ochoa Reza –el iraní que nunca ora a contrario sensu de su segundo apellido-, puede señalar al dirigente panista, Ricardo Anaya Cortés, por enriquecimiento –el suyo y el de sus familiares cercanos que eran ricos pero no multimillonarios antes de las faenas políticas-, cuando él cuenta con ocho mil taxis, en diversas ciudades del país, y ha reunido un capital mucho mayor al de su adversario? Y no digamos el señor peña, experto en inmuebles blancos de lujo.
De la misma manera, ¿cómo se atreve el secretario de Gobernación a advertir al ex gobernador de los antros poblanos, Rafael Moreno Valle, que será objeto de la justicia si se corrobora que montó una red de espionaje cuando el acusador fue el primero en aplicar esta práctica para cercar a los periodistas y líderes de opinión, además de empresarios y opositores, interpretando informaciones a su gusto y sin medir cuando se trata de sarcasmos o de hechos incontrovertibles? Habla la gallina clueca de lo que hacen los pollitos alebrestados.
De la misma manera, ¿cómo es posible que el Instituto Nacional Electoral cierre los ojos ante evidencias tan claras del adelanto de campañas con rumbo al 2018? Ya hasta la ladrona voladora de Yucatán, la tal Ivonne Ortega, se promueve aduciendo que ella le cae bien a todos pero arrastra el estigma de ser priista y debe convencer a sus oyentes de por qué milita en este partido. Sinvergüenza, cínica y deplorable oportunista que agarra parejo cuando se trata de romper la piñata.
Y no se diga de los panistas, perredistas y morenistas. Los últimos, por cierto, disimularon la encuesta para determinar a su candidata al gobierno capitalino designándola “coordinadora” pero con la nominación en la bolsa, sin marcha atrás posible. Y, claro, Ricardo Monreal Ávila, ex gobernador de Zacatecas cuando era miembro del PRD, asume que puede, con o sin MORENA, ser candidato a la jefatura de gobierno de la Ciudad de México. Todos velan para su santo aunque Andrés parece estar apagando sus propias veladoras a costa de caer en los mismos vicios que tanto abomina del PRI.
Y respecto al PAN, la guerra sucia contra este partido, más allá de simpatías y perjuicios, tiene su núcleo central en la negativa a apoyar la asunción como Fiscal General, por diez años, de Ricardo Cervantes Andrade, el actual procurador llamado a cubrirle las espaldas no sólo a peña sino a todos sus rufianes como, por ejemplo, Luis Videgaray, Gerardo Ruiz Esparza, Aurelio Nuño Mayer, los herederos de las familias De la Madrid y Salinas, y un largo etcétera.
La burla es manifiesta; y los mexicanos no pueden darse el lujo de acostumbrarse al masoquismo a costa de reacomodos en la esfera infectada de la política.
La Anécdota
Todas las intrigas caben en la perspectiva actual; y cada una nace en el seno del gobierno federal con puntajes evidentes de la secretaría de Gobernación, cuyo titulas es mentiroso, engreído y totalmente ineficaz. Ni un caso resuelve ni conoce la geopolítica nacional desde su soberbia cerrazón.
Preocupa, eso sí, la postura que inició el gobernador de Chihuahua, el panista Javier Corral Jurado, al defender al líder de su partido y lanzar denuestos al gobierno federal, es decir al presidente peña, como arma de presión. Creo que el último precedente semejante se dio cuando Don Venustiano desconoció, en 1913, al usurpador Victoriano Huerta, y se convirtió en el “primer jefe” de la Revolución y así llegó a Tlaxcalantongo, Puebla, donde se volvieron contra él las traiciones que ya se habían hecho habituales y prosiguen.
Cuidado. Porque, de seguir así, el pacto federal estaría en riesgo y con éste la estabilidad de la República. Sólo esto le falta dejar como herencia, aunque se ignorara en su informe, el señor peña.

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