De políticas y cosas peores

Armando Fuentes

3/12/15

La linda Susiflor le dijo a Libidiano: “Lo siento: no puedo darte sexo sin amor”. “Tú dame sexo -replicó el salaz sujeto-. El amor yo veré dónde lo consigo”. La pequeña Rosilita le contó a la niña de al lado: “Voy a empezar a tomarme las píldoras anticonceptivas de mi mami. Ya no quiero que Santa me traiga otra muñeca”. Don Cornulio iba por la calle con semblante afligido. Un amigo le preguntó: “¿Qué hay de nuevo?”. Respondió tristemente don Cornulio: “Descubrí que mi mujer mi engaña”. Insistió el otro: “Te pregunté qué hay de nuevo”. Después del accidente el médico revisó la radiografía de Ovonio Grandbolier y le informó: “Le tengo una mala noticia, y una buena. Sufrió usted una lesión muy grave en la columna vertebral. Ya no podría trabajar el resto de su vida”. Preguntó Ovonio: “¿Y cuál es la mala noticia, doctor?”. El tipo le dijo a la chica: “Por ti iré al fin del mundo”. “Muy bien -respondió ella-. Pero prométeme que allá te quedarás”. En el aeropuerto los encargados de la revisión le encontraron unos gramos de mariguana a un pasajero. “Es mi droga recreativa” -adujo él. Igualmente le hallaron varias pastillas de Viagra. Explicó el hombre: “También son mi droga recreativa”. Un empleado de don Algón lo invitó a cenar en su casa. La hijita pequeña del anfitrión le pidió al ejecutivo: “¿Sería usted tan amable de darse un vuelta, señor?”. Don Algón pensó que a la niña le había gustado el traje que llevaba, de modo que se dio la vuelta, halagado y divertido. La chiquilla le gritó a su mamá: “¡Cómo eres mentirosa, mami! ¡No tiene ningún rabo verde!”. Si el Bronco fuera pelotero de beisbol estaría bateando puros foules. No se le están dando bien las cosas a Jaime Heliodoro Rodríguez, el nuevo gobernador de Nuevo León, y su “raza” empieza a mostrar señales de impaciencia. Él mismo se echó el pial, para decirlo en lenguaje campirano, cuando hizo promesas excesivas que ahora descubre que son imposibles de cumplir. Pide a sus gobernados tiempo, pero al tiempo nadie lo puede gobernar, y va pasando sin que la gente advierta en la administración mano firme y acciones efectivas. A eso se añaden los continuos dislates verbales del gobernador, que en su afán por ser ocurrente dice cosas de las que luego se debe desdecir. Cuando Vicente Fox llegó a la presidencia dilapidó en un año el enorme capital político que la ciudadanía le entregó. Si el Bronco sigue como va, en menos de la mitad de ese tiempo se quedará como el monarca en el cuento del traje del emperador: sin nada encima, como dice la Magnífica. Desde luego es necesario apuntar que el Congreso le es hostil, y que el gobernador no dispone de un aparato partidista que lo apoye en sus gestiones. El historiador y periodista Leopoldo Espinosa Benavides, observador acucioso de la política de Nuevo León, dice -y dice bien- que el gobierno de Rodríguez Calderón es “un gobierno solitario”, y que el Bronco sufre de “soledad institucional”. Sigue teniendo popularidad, pero carece de aliados políticos. Si no recurre al diálogo -esto lo digo yo-; si no procura concertar y buscar apoyos, los graves problemas que sufre Nuevo León, sobre todo de orden financiero, terminarán por arrollarlo, y el Bronco abroncará a sus gobernados. Eso sería una pena, pues la partidocracia que sufrimos se fortalecería, y los ciudadanos perderían la confianza que han depositado en los llamados candidatos independientes. Ni una cosa ni la otra serían de beneficio para México. Doña Panoplia de Altopedo, dama de buena sociedad, llevó a su finísima perrita poodle a pasear por el parque. En eso llegó un perro corriente cruzado con de la calle y empezó a hacer con la perrita lo que les perros y las perritas hacen en la calle. Doña Panoplia se azaró. En eso iba pasando por ahí Pepito. La copetuda señora lo llamó y le dijo: “Buen niño: hazme el favor de detener por su cadena a mi perrita mientras termina este acto por demás impropio que ofende mi sensibilidad. Me alejaré un trecho para no ver eso que al mismo tiempo me apena y mortifica. Por ese pequeño servicio te daré 10 pesos”. “Tendrá que darme 20 -respondió Pepito-. Es el perro del carnicero, y siempre dobletea”. FIN.

MIRADOR

Iba el fabulista por la calle.
Había escrito una fábula. Pensaba que con las regalías que le produciría su obra podría comprarse unas gallinas que le darían huevos. Con su venta se compraría una ternera que luego sería vaca y le daría más terneras, con cuya venta podría comprarse una casa. Dueño ya de una casa no tendría problema para encontrar esposa.
Llegó a su editorial, y ahí le dijeron que ya había una fábula con el mismo tema. No podían publicar la suya. Adiós regalías, adiós huevos, adiós gallinas, adiós vaca, adiós terneras, adiós casa, adiós esposa.
Esa misma mañana una lechera vendió su leche en el mercado -no se le rompió el cántaro- y empezó a cumplir sus sueños.
¡Hasta mañana!…

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