De política y cosas peores

Armando Fuentes

31/12/17

“Las pompas femeninas son para el hombre lo mismo que los zapatos para la mujer: un solo par no es suficiente”. La anterior frase, inverecunda y necia, sirve de fanfarria para anunciar que hoy aparecen aquí “Los chistes más pelados del año”. Mis cuatro lectores hallarán esos tremendos cuentos al final. Antes procederé a narrar algunas innocuas historietas a fin de preparar el campo para el relato de tan grandes badomías. Doña Facilda tenía una hija en edad de merecer cuyo nombre era Galatea. Mucho se preocupó la señora cuando supo -las vecinas se encargaron de informárselo- que la muchacha estaba saliendo con don Nato, el lechero que desde tiempo atrás surtía a la colonia. Le dijo a Galatea: “No andes con ese hombre, hija. Podría ser tu padre”. “¡Oh, madre mía! -replicó la joven, que era dada a expresarse con términos altílocuos-. ¡El fuego del amor incendia toda diferencia y reduce a cenizas las edades!”. Replicó doña Facilda: “No me entendiste”. Un tipo le contó a otro: “Adopté un perro callejero. A consecuencia de un atropellamiento había perdido los testículos y las patas traseras. Yo hice que le pusieran unos de metal, pero las patas no se las pudieron poner, y el pobrecillo camina arrastrándose”. Preguntó el amigo: “¿Cómo se llama el perro?”. Contestó el otro: “Chispas”. Babalucas estudiaba en la ciudad vecina. Su padre le envió un mensaje: “Necesito hablar contigo. ¿Vienes o voy?”. Respondió el badulaque: “Sí”. Inquirió el genitor: “Sí ¿qué?”. “Perdón -contestó Babalucas-. Sí señor”.Vienen ahora “Los chistes más pelados del año”. Las personas que sufren escrúpulos de moralina deben suspender aquí mismo la lectura y saltarse hasta donde dice FIN. El atrevido galán le preguntó a la linda joven: “¿Traes un celular en aquellito?”. Ella se desconcertó: “¿Por qué me dices eso?”. Explicó el tipo: “Es que siento que me está llamando”. Era larga la fila que se había formado ante la puerta del Sans Souci, antro de lujo. Dijo una chica al pasar frente al hombre que vendía los boletos de entrada: “El de atrás paga”. En efecto, su novio cubrió el importe del ingreso. Otras dos chicas dijeron lo mismo: “Los de atrás pagan”. Y sus acompañantes liquidaron el monto de los boletos. Llegó una curvilínea mujer y dijo: “Las de atrás pagan”. Le indicó el boletero: “Eres la última de la fila”. Y replicó la fémina, burlona: “¿Necesito precisarte más?”. El novio de Dulciflor era estudiante de Medicina. Una noche estaba en la sala de la casa de ella mientras los papás de la chica disfrutaban de la cálida noche en el jardín. La señora oía música en su iPad y el marido bebía un tequilita y jugaba con los cacahuates de la botana. Uno por uno los arrojaba al aire y trataba de recibirlos en la boca. En una de ésas uno de los cacahuates le cayó en el poro de la nariz, y ahí se le atoró. El señor intentó sacárselo pero no pudo. Inútil fue también que la señora tratara de extraerlo. El hombre empezó a toser; a sentir dificultades para respirar. Su esposa se alarmó bastante, pero recordó que el novio de su hija estudiaba Medicina, y apresuradamente fue por él. Vino el muchacho. Hábilmente, con serenidad profesional, dilató con los dedos índice y pulgar de la mano derecha el poro nasal del apurado señor, y usando la izquierda le dio un golpecito en la nuca. Con eso salió el cacahuate y el señor pudo ya respirar tranquilamente. El estudiante regresó a la sala con su novia. “¡No cabe duda! -comentó con orgullo la señora-. ¡El muchacho va que vuela para doctor!”. “No -replicó su esposo-. Por lo que pude percibir más bien va que vuela para yerno”. (No le entendí). ¡Un feliz año nuevo!. FIN.

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