En un ambiente cargado de tensión política y con la mirada puesta en las elecciones legislativas de noviembre, el presidente Donald Trump transformó el tradicional discurso sobre el estado de la Unión en una plataforma de campaña abierta.
Ante un Congreso dividido y encuestas que muestran un panorama adverso para su administración, el mandatario optó por una retórica agresiva, llegando al recinto con la "vaina desenfundada" para responsabilizar a la oposición demócrata de las problemáticas nacionales y presentarse como el único garante de la seguridad estadounidense.
El punto álgido para la relación bilateral con México surgió cuando Trump abordó el combate al narcotráfico. Rompiendo con la diplomacia habitual, el republicano se atribuyó el éxito de la reciente operación en Jalisco donde falleció Nemesio Oseguera Cervantes.
"Acabamos con uno de los peores líderes del narcotráfico", sentenció Trump, capitalizando políticamente una acción que, si bien contó con intercambio de inteligencia estadounidense, fue ejecutada operativamente por fuerzas federales mexicanas, según confirmaron las autoridades de ambos países.
Además de celebrar la neutralización del líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), el discurso sirvió para justificar su estrategia de seguridad fronteriza y marítima. Trump aseguró que, tras su declaratoria de los cárteles como organizaciones terroristas transnacionales, el flujo de estupefacientes por vía marítima se ha reducido a "cero". Asimismo, presumió una disminución del 56% en el tráfico de fentanilo durante el último año, cifras que utilizó para reforzar su narrativa de control frente a lo que denominó zonas controladas por "sanguinarios cárteles".
Logros económicos y ataques partidistas
La alocución, que se extendió por una hora y 48 minutos convirtiéndose en la más larga de la historia, dedicó un amplio segmento a la autocomplacencia económica.
Bajo la premisa de que Estados Unidos "está ganando tanto", el presidente enumeró indicadores positivos en empleo, inversión y acceso a la salud. Sin embargo, estos datos sirvieron de preámbulo para ataques viscerales hacia los demócratas, a quienes llamó "corruptos" y acusó de priorizar a los "criminales ilegales" sobre los ciudadanos norteamericanos, estableciendo que la primera responsabilidad del gobierno es proteger a sus nacionales.
La narrativa antiinmigrante fue el hilo conductor emocional del evento, esforzándose por etiquetar a los migrantes como una "plaga de criminales". Trump detalló diversos casos de ciudadanos estadounidenses que murieron a manos de indocumentados para validar el despliegue de la Guardia Nacional en las ciudades. Esta retórica buscó cimentar el miedo como herramienta electoral, ignorando las críticas de organizaciones civiles sobre el endurecimiento de las políticas de asilo y el trato humano en la frontera.
Silencios estratégicos ante la crisis social
Sin embargo, el discurso brilló por sus omisiones estratégicas frente a la realidad social del país. El mandatario evitó mencionar la muerte de dos ciudadanos estadounidenses a manos de agentes federales en Minnesota, un hecho que ha desatado indignación nacional y protestas contra las redadas masivas.
Este silencio contrasta con la realidad de las encuestas locales, que muestran una desaprobación creciente no solo hacia su gestión general, sino específicamente hacia una política migratoria que la mayoría del electorado considera que ha ido "demasiado lejos".
Agencias