Los Hechos

¿Quién engañó a Roger Rabbit?

La gigantesca corporación Industria Hojatrébol está conspirando para comprar la compañía del riel interurbano Pacific Electric Railway y sustituir los tranvías por autopistas. Con Marvin Acme muerto y su testamento desaparecido, la ciudad de Toontown corre el peligro de ser demolida para construir sobre ella una autopista…

“E-e-e-e-e-eso es todo amigos”, concluiría el genial Porky, pero no es así.

Eso de la infraestructura pública y sus ramificaciones es más complicado que la primera película y su trama, en la que se entremezclaban los dibujos animados y las personas, para sorpresa de la generación.
Este lunes, el Secretario de Obras Públicas de Tamaulipas, PEDRO CEPEDA ANAYA, reveló que unos mil vehículos cruzan diariamente la flamante autopista Mante-Ocampo-Tula.

Si todos pagan su cuota, que se entenderá sí lo hacen, en razón de 285 pesos por vehículos personales y el doble para camiones de carga, hablaríamos de ingresos diarios de entre 285 mil y 570 mil pesos, lo que suena como una cantidad respetable.

Esa suma se eleva a 8 millones 550 mil pesos cuando se multiplica por los días del mes y 102 millones 600 mil pesos, al año, hablando de la base, o el doble si puro vehículo pesado cruzara por ahí, que en honor a la lógica se ubicaría en el justo medio.

102.6 millones de pesos pueden tener cualquier calificativo cuantitativo, dependiendo de por qué o para qué sean.
Aun suponiendo que fueran íntegros al pago de los compromisos derivados de la construcción de la mencionada rúa -sin gastos de operación, mantenimiento, equipo, administración- se quedan muy por debajo de las expectativas creadas por la empresa para fijar el rédito que debe cubrirse con recursos fiscales.

La obra, que al licitarse en el 2009 se tasó en 3 mil 274 millones de pesos, ya anda en costo de los 9 mil 340 millones de pesos, lo que significa un incremento del 185.3 por ciento, en un lapso cuando la inflación acumulada sumó el 103.5 por ciento.
Eso significa que si solo se actualizara el costo por la depreciación del dinero, estaríamos hablando de un sobrecosto del 40.2 por ciento o 2 mil 676 millones de pesos adicionales.

Si se reduce la comparación al 2020, cuando se dio la anterior actualización de precios, la inflación acumulada del 33.68 por ciento representan 2 mil 121 millones de pesos, marcando una diferencia de 918.2 millones de pesos de pretendido sobrecosto.
No es tan fácil como parece la conclusión; por ejemplo, los 6 mil 300 millones de 2020 corresponden a un valor presente de obligaciones y no necesariamente al costo de construcción; la comparación solo sirve para dimensionar los incrementos, pero falta conocer, entre otros elementos, las modificaciones contractuales y los modelos financieros.

Con la información disponible hasta ahora, se sabe que el último contrato con la concesionaria, que aunque se llama igual no está constituida por los socios con los que se firmó originalmente, fijó su recuperación de inversión y ganancias en cerca del 10 por ciento anual.
Ahí es donde impacta el costo final de la obra.
Si ya ronda los 10 mil millones, quiere decir que anualmente el Estado deberá estar compensando la diferencia entre sus ingresos y los mil millones de pesos.
Si mantiene el ritmo anunciado ayer por PEDRO CEPEDA, en números cerrados, si le entran cien millones, son 900 millones los que va a tener que pagarle el gobierno con recursos fiscales, cada año.

Eso, más lo que resulte de la construcción del libramiento Mante y el viaducto de Altamira, que de partida se tasó en algo más de 7 mil millones, pero en la dinámica aquella, ya hay quien lo multiplica para superar los 22 mil millones antes de entrar en operación.
En algunos documentos internos de HYCSA, el consorcio cuyas subsidiarias aparecen como concesionarias de las obras tamaulipecas, sin haber participado de licitación alguna, hace referencia a tales montos.

La afectación del 7 por ciento de las participaciones federales tienen manga ancha para eso y más; hasta casi 2 mil millones de pesos anuales.
Per sécula seculorum.
O no sé cómo llamarle al 2 mil 71, año que no verán mis ojos, pero sí disfrutarán la tercera y cuarta generación de los CALZADA actuales y de alguien más.

¿Quién engañó a Roger Rabbit?
He ahí la cuestión.