Locuras Cuerdas

IETAM. Escenas de la vida electoral

En días pasados un miembro de la audiencia de Locuras Cuerdas Radio tuvo la gentileza de regalarme una lectura de escritor francés Honorato de Balzac de más de mil cuatrocientas páginas, Fernando es su nombre, a quien le agradezco muy acentuadamente el detalle pues implica muchos días de fascinante lectura de la naturaleza humana.
Una de las formas narrativas de este escritor es aludiendo al entorno que describe, puede ser “Escenas de la vida familiar” o “Escenas de la vida en el campo” y así sucesivamente. En función de ese estilo el novelista aludido decidí escribir para ti, apreciado lector el título de la presente, la cual tiene que ver con algunas de las vivencias que pude experimentar en mi paso por el IETAM en el Consejo Distrital Electoral 11.
Debo aclarar que soy el protagonista de mi relato, pero que quienes se llevan definitivamente los aplausos son las personas que participaron activamente y con ánimo de resolver las adversidades que se nos presentaron. Me convertí en su Adlátere, es decir, la persona que no se separa de otra de la que depende, porque mientras duró el proceso electoral yo como presidente dependí de ellos y de ella.
Todo esto viene a colación porque el día de ayer fue el último de actividades del Consejo 11 aludido. Se entregó papelería, mobiliario y edificio en forma satisfactoria. No digo más porque corro el riesgo de caer en la autoadulación y siempre he sabido que el halago en boca propia sabe a vituperio.
Nuestro paso por el IETAM fue como abrir con un escalpelo la sociedad para analizar las causas profundas de sus movimientos que tienen que ver con los procesos electorales. Todos aprendimos mucho. Conocí gente de diversas formas de ser, muy diferentes a mí pero también muy iguales. Esto incluye los perfiles de toda suerte de personajes.
Puedo decir que me Incardiné al IETAM. Es decir que me incorporaré a esta institución y quedé vinculado a ella.
Querido y dilecto lector, permíteme intentar platicar contigo, redondeando el rosa moralizante de la anécdota de mis vivencias en este último proceso electoral. Que no llegue a desvanecerse con el tiempo, la memoria de los hechos públicos de las personas, ni menos oscurecer las grandes y maravillosas hazañas, así de quienes participaron en los consejos como del personal administrativo que también tuvo mucho que ver.
Una persona que se desempeñe en cualquier consejo, por saber más, no necesariamente es más apta que otra que sólo cuenta con conocimientos básicos pero con talento para saber relacionarse e interactuar positivamente con sus congéneres.
El IETAM me llevó a conocer personas alejadas de nuestro entorno y diferentes, porque en ellas contemplé [J1] reflejada la certeza de quien soy. Porque sólo entenderemos nuestra identidad si la contrastamos con otras identidades aun dentro de nuestra propia comunidad. Ya una vez experimentando las consecuencias propias de nuestras interrelaciones, podremos entender, no sin cierta molestia, que es el otro quien me cuenta mi historia, el que me dice quién soy yo.
Otra de las lecciones aprendidas la podría titular “El saber esperar”. Para un personaje de mis características, con un temperamento sanguíneo colérico como el apóstol Pedro que primero actuaba y después pensaba, fue de suma relevancia domar la pantera que me habita. No es poca cosa. Pero esto no lo hurto, más bien lo heredo. Recuerdo muy nítidamente que a mi padre el ansia de la espera lo pinchaba tan agudamente que tenía necesidad de moverse, de hacer algo, de distraer su pena interna con algún acto material.
Esa ansia de espera lo llevaba a buscar defectos en el piso para corregirlos con la punta de su zapato. Ahora era un chicle pegado, ahora era un cucaracho muerto, podría ser una minúscula piedra, pero nada de esas acciones corregía la causa de su ansiedad. Así que recordando eso entendí que hay cosas que simplemente hay que saber esperarlas con una sonrisa, no en la boca sino en el alma, para entretener el tiempo y divertir la impaciencia.
No sé si en torno a la gente que deje estar cerca de mí en el IETAM vagan espíritus engañosos o si es la fantasía que hay en mi corazón, cálida, celestial, lo que hace que toda esa gente que me rodeaba eran para mí un paraíso. Construimos juntos un dique de buena actitud y de trabajo en equipo. Nos defendíamos, no gracias a ser perfectos, sino a pesar de ser imperfectos. Entendimos que somos perfectibles y que el trabajo en equipo implica lealtad a sus miembros y ubicar nuestras áreas de oportunidades sin enseñorearnos del que sabe menos o del que se equivoca. Pudimos tolerarnos porque todos entendimos que es una utopía que alguno de nosotros tuviéramos exceso de virtud.
Contento yo con lo que llevo referido, lo dejo aquí.
El tiempo hablará.