Locuras Cuerdas

Cabeza de Vaca y el juicio de Núremberg

Tuve la oportunidad de ver a detalle la diligencia de la sección instructora de la Cámara de Diputados que se llevó a cabo por el caso del gobernador tamaulipeco Cabeza de Vaca, hoy muy mencionado. A bote pronto me recuerda que los romanos se sentían seguros de su poder militar y dueños del futuro, pero no podían competir con la seducción de un pasado dorado y del lujo decadente. Son los romanos una clara muestra de la Hubris, la desmesura que viene por el ejercicio del poder. Conocida precisamente como la enfermedad de los poderosos, invariablemente pareciera que cuando estás en la cima del mundo, no hay favores excesivos.
Debo mencionar que la lengua griega tiene una palabra para describir la obsesión: Póthos. Es el deseo de lo ausente o lo inalcanzable, un deseo que hace sufrir porque es imposible de calmar. Entre otras cosas nombra el desasosiego de los políticos en desgracia y también la angustia del duelo, cuando añoramos de manera insoportable lo que fue y ya no es. Como cuando el poderoso se da cuenta que el poder se le fuga a cuenta gotas.
Mi bagaje ahora mismo son las dudas políticas para nuestro Estado. Me viene a la mente otros dramas de la historia que eran impensables por sus protagonistas.
Atendiendo la Historia Universal, traigo a colación el proceso que obtuvo mucha repercusión en la opinión pública mundial, conocido como Juicio de Núremberg, dirigido en noviembre de 1945 por el Tribunal Militar Internacional establecido por la Carta de Londres, en contra de 24 de los principales dirigentes supervivientes del gobierno nazi, que mientras ejercieron el poder jamás vislumbraron estar en un juicio contra ellos. La historia es obstinadamente cíclica. Siempre regresa con otros personajes.
El primer y más destacado juicio de Núremberg escuchó a 240 testigos en un proceso en el que se leyeron aproximadamente 300.000 declaraciones. Entre los 24 acusados, el tribunal dictó 12 condenas a muerte, siete de prisión y tres absoluciones. Al menos cuatro procesados se suicidaron antes o después de haber sido condenados en los juicios.
Mientras veía con fruición dicha diligencia pensaba que los tamaulipecos estábamos siendo testigos de una novedad sin nombre ni precedente. Pareciera que el esplendor del poder comenzó a agrietarse ligeramente por decirlo con eufemismo, frente a las diputadas Ana Ruth García Grande del PT, Claudia Pastor Badilla del PRI, Martha Patricia Ramírez Lucero y Pablo Gómez, ambos de Morena.
Esta diligencia me pareció lenta, profunda, individual, histórica y sobre todo que exige mucha reflexión.
Ahí estaba el Gobernador callado, frente a diputados de oposición que lo proyectaban como si su comportamiento fuese tan sospechoso y sus pretensiones tan turbias. Sometido al escrutinio minucioso de todos sus movimientos pretéritos, tanto de él como de su familia. No sé si quedó algún resquicio de su vida en la privacidad. Lo observaba con detenimiento y pensé que sus planes chocan con una realidad cochambrosa. Me pareció humillante y ofensivo para el Gobernador más que para la persona.
Entendiendo que la verdad de este drama jurídico se nos puede escapar entre la maraña de posturas leguleyas, quiero agregar que por momentos pensaba que el Gobernador era una aleación, o continuación o quizá una extensión de Tomás Yarrington y Eugenio Hernández. Aparentemente personifica el destino inexorable de quien se convierte en Gobernador de nuestro Estado. Se mencionaron tantos movimientos de obscenas cantidades de dinero que de ser ciertas pareciera la marca de casa: acumular tanto poder para creerse intocables o peor aún beneficiarios de la impunidad.
Querido y dilecto lector, al menos por estos días, la narrativa de los vientos de cambio o la figura de la alternancia después de tantos años del PRI, elementos electorales que en su momento aportaron el triunfo del aún gobernador Cabeza de Vaca, quedan atrapados en un territorio de penumbra.
En el atlas de las percepciones penales y prejuicios jurídicos hoy el Gobernador ocupa la periferia del mundo político. Un lugar donde las fantasías se tiñen de pesadillas, transformadas en oráculo de los miedos contemporáneos de la oposición.
Por su parte el abogado Alonzo Aguilar Zinser que se presentó con unos lentes caros, aterrizó su parrafada legal con astutos preámbulos para tratar de enredar a Santiago Nieto y hacerlo caer en algún error jurídico que le pudiera servir para invalidar todo este drama de leyes y de dineros aparentemente injustificados.
Carlos Romero Aranda, Procurador Fiscal de la Federación, avaló lo dicho por Santiago Nieto Castillo, quien dijo que él no califica conductas de naturaleza delictiva. Simplemente está para mostrarnos los elementos que tuvo a su alcance atendiendo los requerimientos de la FGR.
Estamos en un momento inusual, con un Gobernador que no supo entenderse con quienes arribaron a Palacio Nacional en el 2018. Cosas veredes.
El tiempo hablará.