Locuras Cuerdas

Los espectros del poder y algunas ironías.

Un espectro es una imagen que nos podemos hacer de cualquier cosa. Puede ser algo imaginario. De ahí parten las novelas más exitosas de los novelistas más destacados en la literatura de cualquier país. Una perfecta combinación de realidad y ficción.
Los espectros del poder son todas aquellas ideas que los ciudadanos comunes nos hacemos de quienes dirigen un gobierno; la verdad es lo de menos, lo relevante es que lo que nos hayan contado de cualquier personaje que se acomode mejor a nuestros prejuicios lo vamos a dar por sentado y lo iremos dispersando por donde vayamos. Así se forman los mitos.
Por ejemplo, ser ex gobernador de Tamaulipas conlleva una serie de mitos que algunos de ellos rayan en la ficción, pero que sin el menor análisis, simplemente se da por cierto. Mucho se comentó de la homosexualidad de uno de ellos, que cuando analizamos su biografía, sin anticiparnos en el juicio, bien podemos asumir que esa afirmación es falsa, y que más bien, fue el invento de un astuto empresario que simplemente quería cobrarse algunas cuentas pendientes con dicho personaje.
Otro ex gobernador de nuestro estado fue tildado de drogadicto. Que lo vieron aquí, que lo vieron allá, pero nadie tiene los elementos contundentes para dar por cierto en su totalidad dicha acusación y frente a un análisis serio de la fascinante y cautivadora, por morbosa, afirmación, sólo nos queda no subirla de nivel de un simple y olímpico chisme. Sabroso, pero al final chisme.
Eso sí, todos han sido percibidos como que les gusta tener a su servicio a su gente y a la de otros partidos. ¿Al servicio del gobernador? Aprendiendo las reglas de una sociedad voluble y atendiendo la historia de nuestro estado, pareciera que de una u otra forma los partidos de oposición se plegan a las órdenes del gobernador en funciones. ¿Mito o realidad?
Vemos candidatos aún innominados que ya están hablando con una actitud discursivamente electoral, buscando la anuencia de la ciudadanía para llegar a la meta, es decir, un puesto de elección popular. Y en esos espectros del poder vemos quizá toda una serie de sobreentendidos y medias tintas que definen sin mayores matices, nos guste o no, el tenso clima político que se avecina con la etapa electoral.
Me pregunto cuál será la reacción de la militancia de cualquier partido al ver la posibilidad de que sus candidatos sean importados de otro partido; ¿se acepta con lealtad ciega? Esa que pide AMLO a sus seguidores y que tanto critican los demás partidos. Es mera suposición. Una zafia inversión de los valores.
Tantos años de elecciones en Tamaulipas con gobernadores priístas ávidos de poder y de querer manipularlo todo, a los ciudadanos nos agudizaron la intuición, a la militancia de cada partido agudizaron su ansiedad y como consecuencia de no ser nominados se les embrollaban las ideas y los ideales, y todos ellos se quedaban en el sueño compasivo de la inconsciencia, en la soledad última de la renuncia a cualquier labor partidista. Pero eso era antes.
Me imagino ese momento damasceno de iluminación que tuvo, o tiene, la militancia al ver la nominación incómoda de un “extraño enemigo”, diría el himno nacional, de un entenado o arribista político; la primera reacción es combatir sus sentimientos con determinación, primero descartándolos como un vicio y luego, cuando es imposible seguir ignorándolos, tratando de llegar al fondo de su propia alma para arrancárselos de raíz.
Las nominaciones en los partidos relevantes son hasta este momento una posición electoralmente sibilina, es decir misteriosa, porque parece que encierran un secreto importante o que puede tener varios significados ocultos.
Tamaulipas, donde a todos los que lo han gobernado les gusta acercarse a su partido político para alejarse de las presiones de su cargo, pero su acercamiento no duraba más de tres o cuatro días, por temor a que en su ausencia creciera la conspiración. Estaban seguros que su gobierno requería de su permanente vigilancia para que el poder no se le escurriera entre las manos. Pero eso era antes.
Se dice que algunos de ellos se habían dejado seducir por el gusto de la aventura, o por la codicia del poder, pues es entendible que el hábito de desconfianza de algunos ex gobernadores, es mucho más poderoso que la necesidad de abandonarse a la ternura, de tal forma que pasaban las horas en un mundo propio, cada día más desprendidos de la realidad. Pero eso era antes.
Querido y dilecto lector, por otro lado, para bien o para mal, todos los partidos tienen prietitos en el arroz. Morena y sus aliados, en su presente continuo, al estar gobernando sufren el desgaste propio de su situación; y a los demás partidos, PAN, PRI y PRD, sólo habría que traerles un trozo de su pasado para no entusiasmarse tanto y simplemente votar por el que nos parezca el menos “pior”.
Y entonces, poco a poco, se empiezan a derribar las firmes compuertas que retienen los nombres de los nominados por cada partido, guardados durante cierto tiempo; y el torrente de todos esos nombres, ocultos en las capas más profundas y secretas de las listas palomeadas en las cúpulas partidistas, salen por fin a la palestra, arrastrando a su paso los obstáculos que por algún tiempo habían bloqueado su conciencia con algunas alianzas políticas abigarradas.
Todos ellos con la cabeza llena de ilusiones.
El tiempo hablará.