Boxeadora Alma Ibarra narra su secuestro: Pedían 300 mil por cada uno

La boxeadora Alma Ibarra narra el secuestro que sufrió junto a su entrenador en Boca del Río, Veracruz, adonde acudieron para participar en el torneo cuadrangular de boxeo.

“Dentro de lo que cabe estoy bien; el miércoles por la tarde noche entrenamos normal; yo tenía muy temprano mi pesaje y terminamos de entrenar y ya no quise abajar a cenar, solo quería dormir y descansar. Me quedé dormida y como a las 11:40 (de la noche) mi entrenador llegó a mi cuarto, tocando muy fuerte la puerta, muy desesperado con una cara de espanto y yo no sabía qué estaba pasando”.

Entonces, “me dijo que le marcaron a su celular y que tenía que ir por mí a mi cuarto, porque nos tenían que sacar del hotel, porque había gente armada, y que pues era por nuestra seguridad; al principio fue así, que era por nuestra seguridad, que no iba a pasa nada, que ellos querían hablar conmigo, tranquilos, o que si prefería que llegaran a mi habitación gente con cuernos de chivo, abriendo la puerta a la fuerza para sacarme…”.

Aún miércoles por la noche, Alma cuenta que los mantuvieron encerrados en su habitación:

“Todo fue por llamadas y videollamadas al celular; lo más extraño es que esa gente tenía específicamente nuestro número de habitación, nuestros números de celulares y nombres completos, cuando yo ni sabía la habitación en que estaba mi entrenador, porque tenía un día de haber llegado. No sabemos quién dio todos esos datos. Afuera en el pasillo se oía mucho movimiento, gente entrando y saliendo y yo pensaba que sí realmente está pasando algo allá afuera; ya después nos dieron indicaciones; había alguien afuera diciendo que teníamos que bajar en el elevador y nos dieron hasta un número de carro que no es esperaba afuera; nos hicieron bajar y todo el tiempo nos mantenían en vigilancia y ya nos hicieron salir y nos llevaron a otro hotel”.

El jueves 6 debía presentarse a pesaje: “Salimos del hotel a la media anoche (del miércoles) y ahí nos tuvieron hasta el jueves como a las 2 de la tarde (en un segundo hotel)”, por lo que no se presentó al pesaje ni a la pelea pactada: “En mi celular, a la hora del pesaje, el jueves en la mañana, me empezaron a marcar para preguntarme qué me pasaba, porque no estaba, pero me lo bloquearon para que no pudiera comunicarme. Ellos tomaron control de mi número y se adueñaron de mi whatsapp; ellos contestaban como si fuera yo. Según no me presenté al pesaje porque tenía problemas emocionales y sentimentales con Juan, que imagino se referían a mi entrenador; así a varias personas, porque nada más copiaban y pegaban. Que por eso había decidido no presentarme”.

El traslado

“Cuando nos hicieron salir del hotel (media noche del miércoles) nos dijeron ‘con calma, normal’, que dijéramos que íbamos a cenar, que nos tomáramos de la mano y yo les dije ‘no, no te voy a tomar de la mano’… Él sale asustado… nos tuvieron toda la madrugada sin dormir, sin comer, yo sin descansar. Nos dijeron que era por nuestra seguridad, por su bien, que estábamos bien, por la situación que pasaba en otro hotel; ya después de que pasa la hora del pesaje, no sé si ellos sabían mis horarios; una compañera me dijo que sí entraron a la habitación, revisaron si encontraban algo, también a la de mi entrenador, y a una compañera de la hizo extraño que dejó sus cosas tiradas en el piso, desordenado”.

Las amenazas

“Después del pesaje ya se puso más difícil, porque se comunicaron con mis papás, les dijeron que nos tenían, que empezaran a buscar dinero; ellos nos avisaron que pedían 300 mil pesos por cada uno. Mi entrenador estaba preocupado, porque no tenía manera de conseguirlo. Y empezaron a amenazarnos; yo me quebré y lloré. Me decían que porqué lloraba, que no se había muerto nadie, que si realmente quería llorar, nada más que les avisara para que muriera alguien. Te pones a pensar y si no es verdad, y si sí es verdad que nos van a hacer algo… Todo lo sentí que fue directamente hacía mí y a mi entrenador lo usaron para sacarme del cuarto”.

La liberación

“Nos dijeron que mis papás habían conseguido una parte de lo que pedían por mí; en ese momento no sabíamos que estaba pasando hasta que varias veces tocaron las señoras de la limpieza y antes nos habían hecho decirles que no necesitábamos, todo el tiempo con la puerta cerrada… hasta que una señora abrió y entró y nos vio asustados y dijo que lo sentía y no sabía había gente… ni pasaron ni dos minutos y ya llegó la policía. Me acerqué a la puerta, la policía me dijo que me habían reportado como desaparecida. Literal tumbaron la puerta y nos sacaron… Desafortunadamente me entero que mi familia ya había hecho depósitos por cantidades muy grandes”.

Agencias

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