Atar de manos a maestros es factor que propicia bullying

Con una lesión por arma blanca en agravio de un estudiante de la Secundaria Técnica No. 51 “Jaime Torres Bodet” y una agresión física a una estudiante del Cobat 20 al salir de clases, se complicó en Matamoros el tema de la violencia escolar, que previamente dio lugar a cuatro procedimientos administrativos, tres que ya están en manos de la fiscalía.

Es grave
El profesor César Dahir Ibarra, titular del Centro Regional de Desarrollo Educativo, informa que la situación hizo crisis, ya que ahora las diferencias que surgen entre el alumnado han llegado a situación grave, y no sólo entre varones, porque las jovencitas también han perdido límites al momento de lastimarse.
Si bien los pleitos entre estudiantes datan del inicio mismo del sistema enseñanza, por ser algo natural entre los niños, la realidad es que hoy dista mucho de ser sólo un encuentro de empujones o golpes simples, han pasado al nivel de una conducta antisocial que pone en peligro sus vidas.
Cita que en el CREDE se atendieron recientemente cuatro casos atendidos por los directores, tres de ellos ya están a disposición de la autoridad judicial, incluso hay intervención de Derechos Humanos. Consideró que se tienen que tomar acciones más contundentes para frenar esta condición de bullying en las escuelas, y una forma sería regresar a la escuela para padres, donde se les involucra más en la formación de los menores.

Compartido
Las autoridades escolares consideran que la primera enseñanza se da en el hogar, donde se le tienen que inculcar a los hijos valores como el respeto, la higiene, buena conducta y otros, mientras que en el sistema educativo se les instruye académicamente. La familia disfuncional y la necesidad de ambos padres de contribuir en el sustento de la casa, provoca que los menores crezcan sin los cuidados o la supervisión necesaria.
Para los profesores es muy complicado lidiar con “niños problema”, de hecho, ni siquiera los pueden tildar con ese concepto por no vulnerar sus derechos, menos los pueden reprender con voz alta porque ya los acusan con los papás y éstos en lugar de considerar que por algo se les apercibe, se van contra los docentes.
Y ni soñar siquiera con aplicarles un castigo como tradicionalmente se hacía en el pasado: un jalón de oreja, un coscorrón o el recordado reglazo en las palmas, ya que eso equivale a una queja en Derechos Humanos.