En México, el fenómeno de la desaparición de personas detonó durante el sexenio de Felipe Calderón, cuando se decretó la denominada guerra contra el narcotráfico, con la violencia que esto generó. Entre el sexenio de Vicente Fox y Calderón, el crecimiento fue exponencial, pues de diciembre de 2000 a diciembre de 2006, en México sólo se reportaron 950 personas desaparecidas, en tanto que entre diciembre de 2006 y noviembre de 2012, la desaparición de personas escaló hasta 17 mil 327 víctimas.
El ritmo de crecimiento de este fenómeno se incrementó paralelamente al recrudecimiento de la guerra contra el narcotráfico y la violencia asociada.
De acuerdo con los datos oficiales del Registro Nacional de Personas Desaparecidas, administrado por la Comisión Nacional de Búsqueda, el último año de gobierno de Fox sólo se registraron 236 casos en el país y, aunque estadísticamente la cifra está muy por debajo de los niveles actuales, para 2007 se cuadruplicó esa cantidad, pues en el primer año de la administración de Calderón se reportaron 837 víctimas.
Sería el comienzo de un galopante incremento de desapariciones en ese sexenio, pues para 2008 subió a mil 153 casos y para 2009 se alcanzaron mil 741.
Conforme la violencia comenzó a agudizarse, esto se reflejó tanto en los homicidios reportados como en las desapariciones, pues en 2010, al promediar el sexenio de Calderón, las víctimas sumaron ya 4 mil 200 en todo el país; esto es, el problema había crecido 20 veces en tan sólo cuatro años de gobierno.
En 2011, la cifra de desapariciones alcanzó el punto máximo en ese sexenio. El reporte oficial da cuenta de que en ese año se registraron 5 mil 165 ausencias. Fue el año en que la violencia en el país desató ya movilizaciones sociales, principalmente con las caravanas organizadas por el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, que llenó las plazas públicas para denunciar la crisis.
Una movilización que derivó en un encuentro en el Castillo de Chapultepec, en el que los integrantes del movimiento le recriminaron abiertamente considerar a muertos y desaparecidos como víctimas colaterales de su guerra contra el narcotráfico.
En respuesta, flanqueado por su secretario de Seguridad Pública, Genaro García Luna, Calderón afirmó: “si de algo, en todo caso, me arrepiento, es por no haber enviado a tiempo fuerzas federales a combatir criminales que nadie combatía, porque les tenían miedo o porque estaban comprados por ellos. De lo que en todo caso me arrepiento es no haberlos enviado antes”.
Con 4 mil 192 desapariciones en el último año de su gobierno, Calderón heredó al país un fenómeno estructural que se arrastra desde entonces y que ha generado los pronunciamientos del Comité de Desaparición Forzada de la Organización de Naciones Unidas.







