Durante los últimos 15 días se ha generado un intenso arribo de extranjeros a la frontera que vienen con la esperanza de alcanzar el “sueño americano”, donde la población civil asume la mayor responsabilidad en su atención, orientación y asistencia para proteger su integridad, es necesario que el gobierno tome acciones más decididas para salvaguardarlos.
El padre Antonio Sierra, responsable de la pastoral de movilidad humana de la Diócesis de Matamoros, expresa su preocupación porque han llegado nuevos grupos de hermanos de otros países del sur, alentados por la experiencia de otros paisanos que ya están en territorio estadounidense.
Confirmado
Apenas unos días antes, el Instituto Tamaulipeco del Migrante había informado que son alrededor de cuatro mil extranjeros los que han llegado recientemente a Matamoros, que se han “acomodado” en albergues tradicionales de la ciudad.
Dichos refugios son por ejemplo la Casa del Migrante, de la Iglesia Católica, como otros que ponen a su disposición otras organizaciones religiosas con amplia presencia en la localidad, así como organizaciones civiles.
Algunos visitantes que tienen la posibilidad de pagar hospedaje en vecindad, moteles y algunos hoteles, también se han establecido allí, temporalmente.
¿Y la autoridad?
En cambio, no se ha puesto en operación en albergue oficial que se había acondicionado en el nuevo complejo de seguridad pública, toda la responsabilidad de atender a estas personas se ha dejado en manos de las organizaciones ciudadanas, que ya enfrentan dificultades porque dan servicio con aportaciones voluntarias de sus integrantes, de grupos voluntarios.
Gracias a que la plataforma virtual diseñada por las autoridades estadounidenses para que los migrantes puedan solicitar su asilo, ya está funcionando bien, ha sido posible que el proceso para cada interesado sea rápido, conforme van llegando se van inscribiendo en la plataforma, y en pocos días les dan respuesta.
Lo que preocupa es que conforme se satura la capacidad que tienen cada uno de los refugios comunitarios, la gente que no puede pagar un hospedaje, se va a vivir al campamento sobre el río, otros a las casas abandonadas, en predios no habitados del centro, porque tienen esa necesidad.
La mayor concentración es de ciudadanos de Venezuela, algunos de Haití, de Honduras, así como algunos orientales.
Para las personas creyentes del cristianismo por ejemplo, es un mandato divino dar asistencia al extranjero, mientras que las organizaciones sociales y activistas por los derechos de los migrantes, los ayudan ante el serio peligro que viven desde que salen de su país, hasta la frontera norte de México, por lo cual toman esa responsabilidad de buena voluntad, pero no cuentan con un presupuesto, todos colaboran en esta labor.