Locuras Cuerdas

Los tres amigos. Lectura en época de pandemia.
El hombre que tiene amigos ha de mostrarse amigo; Y amigo hay más unido que un hermano. Proverbios 18:24.
Alguna vez leí que mientras más simple es nuestra vida más fácil es acceder a lo extraordinario, más sencillo tocar la felicidad. En medio de una pandemia y de una tercera ola cargada de contagios y de muerte; en el profundo y subjetivo mundo de las percepciones, aprende uno a valorar lo que tiene. La familia que sigue vigente y las amistades que la vida te ha regalado, de tiempo atrás y del presente.
A riesgo de parecerte meloso, estimado lector, y con ello exponerte a un coma diabético, hoy quiero escribir de dos grandes amigos que Dios me premió con ellos en el quinto piso de mi vida, ósea en los fascinantes y maduros cincuentas. Una etapa del tiempo en que asumes ya no andar buscando nuevas amistades pero que quizá en el Karma de la vida, algo bueno habré hecho yo para que la vida misma, que es tan impredecible, me premiara inexplicablemente con este hallazgo existencial, dos buenas amistades: llamémoslos el Intelectual y el Empresario.
Algo malo habrán hecho ellos para que en esa rueda de la fortuna que es la existencia, les tocara que lidiar con mi cercanía, y a falta de ponerme un nombre, y porque su corazón es generoso me llaman también amigo. Y no es que no tenga “otros amigos”, si AMLO tiene “otros datos”, ¿Por qué no habré yo de tener otros amigos? Y a riesgo de causar ciertos celos de mis amigos que no se sientan aludidos, dentro de mi independencia y libertad para escribir hoy decidí que quiero platicarte de éstos mis dos grandes amigos que la vida me premió cuando ya no andaba buscándolos.
No menciono sus nombres porque luego se me chiflan los dos. El valor de nuestra amistad es que somos tan diferentes los tres, pero que tuvimos la ventaja de conocernos después de los 50s, una edad cuando ya no te peleas con la vida porque las cosas no son como uno quiere que sean. Llámalo como quieres sesudo lector, conformismo o cinismo, pero el hecho es que los tres nos dimos la oportunidad de ser amigos y creo que lo hemos logrado.
Una de las coincidencias es que ninguno de los tres tenemos madre. Literal. Las mujeres que nos parieron han fallecido y las tres nos hicieron sentir especiales, y las tres eran generalas. Eso nos empata y nos empatiza. Quizá fueron ellas las que gestaron esta amistad sin saberlo. Con su disciplina aplicada, cada una en su momento a cada uno de nosotros. Los tres somos los menores de cada familia. Hasta ahí las románticas coincidencias, punto final. Todo lo demás es aguerridas y sustanciales diferencias proyectadas en nuestras constantes dialécticas.
En el azaroso camino de la vida y de los diversos tópicos que nos invaden en estos tiempos de crisis, el tema de Simone Biles ha ventilado una de las tantas diferencias entre nosotros. El intelectual y humanista defiende a capa y espada la decisión de la gimnasta argumentando que no se puede ver como un robot a la tal Biles, que más que una fábrica de medallas olímpicas es un ser humano.
El empresario por su parte alude a las competidoras que se quedaron en el camino por cederle el espacio a la Simone Biles, afirma con pasión acentuada que no se le debe aplaudir la trágica decisión de retirarse de las olimpiadas en Japón. Con hiperbólica narrativa afirma que, más que una acción plausible, es un acto de debilidad e incluso de cobardía.
Querido y dilecto lector, te cuento que yo disfruto como loco estas diferencias que son el santo pretexto para cultivar nuestra amistad y hacernos mutuamente necesarios. Me doy cuenta que los tres platicamos a nuestras familias de quienes somos; y en una época de pandemia en que son tan convenientes las relaciones que te brindan las necesarias endorfinas y la dopamina para el bienestar psicológico. Si tú tienes ese tipo de amistad en estos tiempos, felicidades.
Yo bendigo a todos mis amigos. A los que llegaron y, porque así es la vida, hoy ya no están. Pero agradezco a Dios por éste par de locos cuerdos que adornan mi vida presente. Ellos saben quiénes son. Si tú los tienes, cuídalos.
Por otro lado, la semana pasada tuve el privilegio de tener una amena y casual plática con dos buenos matamorenses con quienes coincidí en la prepa y en la universidad y que me brindan conocimiento con su sabiduría y su cercanía. Ismael Colmenero Lucio, con amplia experiencia en el servicio público, ex director del Conalep por muchos años y de algunos colegios particulares y Juan Manuel González Salazar director general de financiamiento en el estado en sexenios pasados y hoy un destacado notario público. Matamorenses como ellos debería haber muchos.
El tiempo hablará.