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Presencia de migrantes rebasa capacidad del Refugio San Juan
A consecuencia de la continua llegada de más extranjeros a Matamoros con el fin de obtener su ingreso legal a los Estados Unidos, los refugios donde se les da asistencia se han llenado, ya no hay lugar para más personas, de tal forma que solo reciben a mujeres y niños, como en el caso del Refugio de San Juan, contiguo al antiguo Hospital General.
Afuera del establecimiento se encuentran decenas de personas de origen venezolano, hondureño, guatemalteco y otros, que llegan con la intención de solicitar asilo para residencia permanente en Estados Unidos, pues buscan mejores condiciones de vida. Su justificación ante las autoridades de EU sería que vienen huyendo de la violencia en sus países de origen, violaciones a sus derechos, persecución, así como la falta de oportunidades de desarrollo laboral.
Grupo
El caso de Javier Contreras, por ejemplo, que viene de Venezuela con ocho integrantes de su familia, tres de ellos son menores, tienen ocho días en la ciudad, y llegaron al Refugio de San Juan en la avenida Canales, pero no pudieron ingresar.
Les indicaron que, como ya estaba saturado, solo podían recibir a los niños y mujeres, a los varones les piden esperar afuera. Otros definitivamente ya no pudieron entrar porque no había espacio, se quedaron a pernoctar afuera, solo se les compartieron galletas con soda a la hora de la cena.
Pero alimentos no les dan, de hecho, los que están adentro tienen que salir a comprar su comida, pero muchos no traen dinero, se tienen que limitar con su consumo, algo que difícilmente se le puede explicar a los niños.
Su hija Sameibi Contreras Rojas explica que ellos han elaborado alimentos típicos de su país que venden en los alrededores de la central camionera, pues aunque han cientos de personas con hambre en el refugio, la mayoría no tiene para comprarles.
Permanecer afuera del refugio solo les brinda un poco de seguridad al permanecer junto a otros grupos y familias que como ellos sufren en las mismas condiciones, los une la adversidad.
Néstor Rivera, de Guatemala, que recién regresó de Tijuana, ya que se le ocurrió cruzar el río Bravo y lo detuvo Migración en Brownsville, para deportarlo a México por aquella frontera, dijo que tuvo que trabajar casi un mes en la construcción para generar recursos para el viaje de retorno, también acudió al Refugio San Juan, pero aunque ya se registró, no pudo ingresar porque viene sin familia, le dicen que debe permanecer afuera.
Su necesidad de llegar a Estados Unidos radica en que su mujer tiene un embarazo de alto riesgo y necesita diversos estudios de laboratorio, tratamientos varios, así como será necesaria la cesárea para el alumbramiento, y no tiene forma de mandarle dinero aún.