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Orbe


1848 y 2026: Méxicos muy distintos

LOS ESCENARIOS POLÍTICOS Y COMERCIALES NIEGAN QUE ESTADOS UNIDOS VAYA A INVADIR A MÉXICO
En redes sociales y diversos medios de comunicación le han dado un gran espacio a la presunta decisión del gobierno de Estados Unidos para “invadir militarmente” a nuestro país en cualquier momento.

Incluso se ha llegado a afirmar que grandes contingentes del ejército y la marina del vecino país del norte ya están acantonados en diferentes áreas estratégicas de la frontera.
Y eso, evidentemente, favorece a Washington, particularmente a los republicanos ahora que andan en campaña, empezando por las expresiones de que México es el epicentro del mal.

No resulta extraño que en las redes sociales y en medios aliados de los partidos de la derecha (y ultraderecha) de esta nación se publiquen mentiras, informaciones falsas o imprecisas y una enorme cantidad de difamaciones.
Pero, ¿cuál es la realidad concerniente a una “invasión” de las fuerzas armadas estadunidenses a territorio nacional? Esta es verdaderamente elemental: NO HABRÁ INVASIÓN.

Pues esta nación ya no es la misma cuando en el siglo XIX, para ser precisa en 1848, México perdió más de la mitad de su territorio (aproximadamente el 55%) a manos de Estados Unidos.
Una pérdida grandísima que hasta el día de hoy el pueblo mexicano guarda en su conciencia y con mucho dolor que ese año referido, el 2 de febrero, se haya firmado el Tratado de Guadalupe Hidalgo.

Tratado que puso fin a la guerra entre México y Estados Unidos, donde nuestro país entregó más de 2.4 millones de kilómetros cuadrados, recibiendo el gobierno mexicano una compensación de 15 millones de dólares no por pago de los territorios, sino por daños causados por la guerra.
Esa suma (15 millones de dólares), que para la época era una fortuna astronómica de dinero, pero que en términos de justicia sólo fue una cantidad humillante por el vasto territorio arrebatado, y que hoy en día, en este 2026, según los expertos, equivaldría a cerca de 650 millones de dólares, nunca vino a compensar el agravio y robo no a un gobierno inepto y corrupto, pero sí a un pueblo que vio perder una de las grandes riquezas del mundo.
México tenía entonces una incipiente organización gubernamental, era una nación nueva, que enfrentaba a un gobierno muy agresivo e imperialista, además de reconocer que ese gobierno mexicano era mediocre y ya cargaba la maldición de la corrupción.

En ese sentido hasta la bandera de los Estados Unidos ondeó en Palacio Nacional en 1847, a partir del 14 de septiembre de 1847, tras la toma de la capital en la intervención estadounidense, y así permaneció casi nueve meses hasta mediados de 1848, cuando se firma el Tratado de Guadalupe Hidalgo.

AHÍ LES HABLAN A UN EX PRESIDENTE, A SUS HIJOS Y A SUS SOCIOS

No obstante, el México moderno, a pesar de sus tantas desgracias que nadie puede soslayar, es un país que, contra viento y marea, más la incertidumbre del T-MEC, se mantiene en el primer lugar del intercambio comercial con Estados Unidos, por encima de Canadá y China.
Estados Unidos, por ese motivo, no puede, porque sabe de la condena internacional, invadir con sus tropas a nuestro país.

México ya no es aquella nación desorganizada, que venía de sufrir tantas guerras civiles, y si bien no somos una superpotencia, las circunstancias son diametralmente diferentes, y Estados Unidos no podría invadir a México (si no lo hizo con Venezuela) por ser su principal socio comercial, ya que afectaría las grandes inversiones de sus empresarios.

Es decir, se desestabilizarían las inversiones que las empresas americanas tienen en este país, calculadas en más de 300 mil millones de dólares.
Cierto que habría otro tipo de presiones financieras y diplomáticas, pero una invasión abierta, con tropas, tanques de guerra y aviones de combate no ocurrirá.

Las condiciones de 1848, con las de 2026, son otro mundo. Mienten gravemente, por lo tanto, quienes afirman sucedería ese grave acontecimiento.
A lo mucho, lo que podría ocurrir serían algunas capturas militares y operaciones tácticas de extracción como las que sacaron del Palacio de Miraflores a Nicolás Maduro y a su esposa, Cilia Flores, el 3 de enero de este año.

Ahí les hablan a un ex presidente y a sus hijos, y a varios de sus colaboradores y socios, atrincherados en varios búnkeres de seguridad o escondidos en el lado oscuro de la Luna.

¡Deseándoles un día maravilloso!