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Los Hechos


De chayotes, nopales y otras dietas

Luego a los políticos en desgracia les da por acusar de “chayoteros” a los periodistas y a la inversa, comunicadores en su condición emprenden contra servidores públicos acusándolos de corruptos benefactores del desvío presupuestal, sin un sustento claro.
La definición del “chayote”, en ese argot, dicen en el centro del país, hablando de dádivas para periodistas, es que se trata de un comestible dulce, sabroso, pero espinoso.

Cuando supe de tal acepción no le encontré sentido; vinieron los recuerdos infantiles, cuando el chayote me causaba asco -en lo que creo siguen coincidiendo muchos infantes-, hasta que ya de adulto le agarré el gusto, en algunas sopas y caldos, sin alcanzar el grado de agasajo al paladar, menos de dulce sabor.

Además por acá los chayotes no tienen espinas.

Tiene poco que conocí los “chayotes dulces” que se venden en puestos callejeros de la Ciudad de México, y si parecen aquello, pero igual ninguna tentación a probarlos me provocaron.
El concepto peyorativo asociado a la profesión tampoco me ha causado gracia alguna en algún momento.
Su equivalente en la contraparte sería el nopal, igualmente espinoso, además de baboso, pero con un cúmulo de propiedades, incalculables e inexplicables.

Los políticos y servidores públicos no van por el mundo repartiendo su dinero a quien se les atraviesa, ni los comunicadores son un sector menesteroso que viva de la caridad pública.

Cada profesional de la comunicación se ha ganado o construido un espacio en los medios de comunicación, con la capacidad de preguntar, indagar, redactar, editar, proyectar, alimentando audiencias que se vuelven opinión pública, a partir de las coberturas y credibilidad del canal difusor y la fuente.

Los actores públicos compran y los medios venden, proyección, propaganda, conocimiento y posicionamientos públicos a través de los medios, facilitando la comunicación social.

Igual los vilipendiados “diezmos” tienen una explicación, un origen, una justificación, más allá de la acepción peyorativa, nefasta.
El ejemplo más ordinario podría ser el que vemos de manera cotidiana en los restaurantes, hoteles, lavados, en los centros de prestación de servicios en general:
Lo socialmente correcto es que, al menos, agregues un diez por ciento a la cuenta, como agradecimiento a la buena disposición del empleado que te sirve.

Así iniciaron las “buenas relaciones” entre los empresarios proveedores y los servidores públicos.
Todavía en estos días en un viaje de taxi, escuché al conductor recordar con alegría los tiempos en que EUGENIO HERNÁNDEZ FLORES fue gobernador.
“A todo mundo nos ayudó; el dinero corría por el estado y no había quien no se beneficiara de ello; las posadas nos las hacía en Casa de Gobierno; fue la única vez que conocimos por dentro y nos sentimos parte del gobierno”, me comentó en el trayecto.

Solo en los dos últimos años del sexenio, el gobierno geñista construyó obras en todo el Estado por más de 50 mil millones de pesos, de aquellos.
En Victoria Capital el Parque Bicentenario concentra, de ese periodo, el equivalente a las obras que en la capital se hicieron a lo largo de varios sexenios.

Un diezmo de aquel tamaño habría alcanzado para resolver varias vidas.

No digo que se haya dado, pero en el concepto del taxista, que es el de Juan Pueblo, “los de antes -en el servicio público- robaban, pero salpicaban y dejaban a la gente hacer su vida”.

Pasó, yo creo, sí, pero dejó de pasar y fue lo que provocó la caída del viejo sistema, aunque ese es otro tema.
En síntesis, el chayote, con y sin, dulce y espinas, es un valor entendido, que no puede usarse para cuestionar la verticalidad de un comunicador, que al final del día, no ejerce presupuestos como para tacharlo de corrupto.

La extorsión es otra cosa.

Tampoco el diezmo precisa un acto de corrupción, mientras como aquel, sea voluntario, espontáneo, sin condicionar el perfil de la contraprestación o el pago de los bienes y servicios prestados.
La extorsión es otra cosa, también aplica para el caso.
Temas profundos, para seguir abundando.