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Los Hechos
Mejora continua
Hay actos que, sin estridencias, dicen más que muchos posicionamientos, debates y proclamas.
La firma, ayer, en México capital, del convenio de colaboración entre el Congreso de Tamaulipas y el Senado de la República, entra en esa categoría, cuando aplica la política que no busca aplauso inmediato, sino resultados sostenidos, de largo aliento.
En el tiempo y el espacio, donde la desconfianza hacia las instituciones resulta histórica, y a ratos generalizada, dentro de una lucha transformadora en proceso, la apuesta por la profesionalización legislativa resulta de capital trascendencia.
Es, en el fondo, resulta en un reconocimiento tácito de que el poder público a fuerza de evolucionar para bien, no puede seguir operando con las inercias, ni con improvisaciones que fueron constante en el pasado ominoso.
Ahí está el mensaje del diputado presidente del Congreso local tamaulipeco HUMBERTO PRIETO HERRERA en seguida de la firma del convenio de marras: se trata de prepararse más para servir mejor.
Una frase que, de tan repetida en el discurso político al paso de los trienios, los sexenio, los partidos y los lugares, terminó por perder peso y ahora se reivindica, a fuerza de acompañase de decisiones concretas.
Porque ejercer la representación popular y legislar no se trata sólo de estar, votar y lanzar iniciativas a granel; “es entender, anticipar y medir consecuencias”, dicen los clásicos referenciados en las fuentes de consulta tradicionales y emergentes.
En ese terreno, la capacitación ha dejado de ser un accesorio, para convertirse en obligación ética y compromiso social, en lo que, otra vez, el Congreso tamaulipeco marca la pauta, se pone a la vanguardia nacional y orienta a sus pares sobre lo que más que debido, resulta ineludible.
Desde la otra esquina del mismo recinto, en la Cámara Alta, el Presidente de la Mesa Directiva del Congreso tamaulipeco, SERGIO OJEDA, puso el acento donde trasciende, en el servicio público que si no evoluciona, se rezaga y un Poder Legislativo rezagado termina legislando para un país que ya no existe.
El convenio firmado no resuelve por sí mismo los pendientes históricos, no corrige de golpe la distancia entre representantes y representados, pero sí abre una ruta distinta; la de la colaboración institucional como método, no como excepción.
Aquí, los símbolos importan y este lo es, porque rompen, en buena medida, con la lógica de la fragmentación que tanto marcó la vida pública nacional en el viejo sistema unipartidista que, en sus estertores convertido en PRIAN, terminó odiado y apestado para la sociedad.
La participación de la senadora OLGA SOSA RUIZ en la firma del convenio de marras, tampoco es un dato menor.
Habla de puentes que se tienden desde la representación federal hacia lo local y a la inversa, bajo el liderazgo del Diputado Presidente HUMBERTO PRIETO HERRERA, cuando la experiencia lejana, temporal y geográfica, nos ha mostrado cómo la coordinación suele quedarse en el discurso.
La pregunta de fondo no es si el convenio es positivo —lo es—, sino si será suficiente.
Y sí, también, la voluntad política que hoy se firma en papel será capaz de sostenerse cuando llegue el momento de traducirla en mejores leyes, en debates más informados, en decisiones menos reactivas.
Porque ahí es donde se miden los hechos.
Al final, la ciudadanía evalúa, por sobre los convenios, los resultados; mide impactos en su vida cotidiana, que en estos y otros acuerdos y políticas aplicadas, desde el legislativo, suman bienestar y desarrollo a Tamaulipas.
Negar el valor de estos pasos sería más que injusto.
En un entorno donde la política fácil suele apostar por la inmediatez, optar por la formación, la técnica y el aprendizaje conjunto es, en sí mismo, un acto de responsabilidad pública, compartida, en este caso, entre diputados, senadores y trabajadores sectoriales.
Eso, en los tiempos que corren, ya es decir bastante.