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De política y cosas peores


La bribonería no es patrimonio exclusivo de políticos bribones. También se ve en las filas del empresariado. Hay sujetos inmorales y ambiciosos que han atentado contra el patrimonio de un familiar cercano; afrontaron por eso litigios judiciales y anduvieron luego en concilio de malos, aunque tardíamente se hayan dado cuenta de su error.

Pues bien. Tortuosos manejos de individuos, al mismo tiempo ineptos e indecentes, llevaron a la quiebra a una empresa que en su época fue próspera y boyante: Altos Hornos de México. Durante muchos años la vida de Monclova, laboriosa ciudad del centro de Coahuila, giró en torno de esa gran industria siderúrgica y de las pequeñas y medianas empresas que surgieron a su alrededor.

Ahora AHMSA está siendo subastada, y en la subasta aparecen otra vez las sombras de la mendacidad, es decir del engaño y la mentira. Ya se ve que la corrupción no es monopolio de quienes participan en ése que don Artemio de Valle Arizpe llamaba "el sucio fregado de la política". En igual forma algunos particulares inciden en prácticas mañosas.

El afán del dinero es cabrón, si me es permitido el uso de ese vocablo plebeo. En una de las películas de Woody Allen le dice Diane Keaton: "Hay mujeres que se casan por dinero". "¡Por dinero!" -exclama él. Y tras una pausa acota en tono justificativo: "Bueno, por dinero". La teología católica habla de tres enemigos del alma: mundo, demonio y carne. También debió mencionar expresamente al dinero como gran tentación que puede conducir al mal.

Espero que los tejemanejes con lo que queda de Altos Hornos no causen algún perjuicio a Monclova, ejemplar comunidad por la que siento particular afecto. El señor que entró en la oficina del jefe le preguntó a la asistente: "¿Está don Algón?". "No -respondió la linda chica-.

El botón de la blusa se me desabrochó solo". La noche de invierno era oscura. (También lo son las de primavera, verano y otoño). Llovía torrencialmente y soplaba un viento gélido. Y dejen ustedes lo gélido; bastante frío. Al viajero se le descompuso su vehículo, y tuvo necesidad de pedirle alojamiento al dueño de una granja cercana. "Podrá dormir aquí -le dijo el hombre-.

Pero dormir ¿eh? Le hago la aclaración porque tengo una hija muy guapa, no es porque sea mi hija, y no quiero que vaya usté a intentar algo con ella". "Señor -dijo muy digno el viajante-. Soy un caballero". "Precisamente -replicó el de la casa-. Si fuera usté una dama no se lo pediría". Ya en la habitación que el granjero le asignó el visitante se metió en la cama y se dispuso a cumplir la orden de su anfitrión, o sea que se dispuso a dormir.

Apenas estaba conciliando el sueño cuando se abrió la puerta y entró con pasos tácitos la hija del granjero. Se necesitaría la pluma de Felipe Trigo o El Caballero Audaz, escritores españoles sicalípticos, para describir los encantos de la joven. Tenía rostro de ángel, cuello de gacela, hombros ebúrneos, senos de náyade, cintura cimbreante de palmera, grupa de potra arábiga, alabastrinas piernas... (Nota de la redacción. Nuestro estimado colaborador se extiende por 32 fojas útiles y vuelta en la detallada descripción de los encantos de la joven, descripción que, aunque interesante, nos vemos en la penosa precisión de suprimir por falta de espacio).

La hermosa joven le preguntó al excitado sujeto: "¿Le gustaría tener compañía?". "¡Claro que sí! -respondió el tipo al tiempo que se hacía a un lado para dejar espacio en la cama.

"Qué bueno -declaró la muchacha-. Porque acaba de llegar otro viajero al que también se le averió el vehículo".

FIN.