Cocodrilos crecen sin control en Tamaulipas; hay 30 colonias en riesgo


La población de cocodrilos en Tampico, Madero y Altamira se expande cada año sin un plan integral de control, llegando a calles, patios y zonas turísticas, mientras proyectos oficiales quedan inconclusos.

En las orillas fangosas de la laguna del Carpintero y otras zonas lacustres de la Zona Metropolitana de Tampico, Madero y Altamira, en el sur de Tamaulipas, las hembras de cocodrilo desovan cada año sin que exista en este momento un plan efectivo para controlar la natalidad.

En sus nidos decenas de huevos esperan el calor suficiente para romperse. Cuando lo hacen, las crías, apenas con fuerza para aletear, buscan el agua y de ahí los ejemplares recién nacidos se suman a una creciente población que ya ocupa calles, patios y riberas, mientras los intentos oficiales por contenerlos se han quedado entre recortes y proyectos inconclusos.

La última vez que se habló en serio de control de la población de cocodrilos en esta parte del país fue en 2016, cuando se inauguró la Unidad de Manejo Ambiental de Altamira (UMA). La idea era capturar a los ejemplares que salían de su hábitat y mantenerlos en cautiverio para frenar la sobrepoblación.

Era finales de ese año y el entonces delegado federal en Tamaulipas de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), Jesús González Macías, anunciaba que la UMA estaba lista.

Solo faltaba un pequeño “detalle”: 90 mil pesos mensuales para operarla. El dinero no llegó de Tampico, Madero ni Altamira, y la instalación quedó abandonada en Tres Marías, cerca del Penal de Altamira, en el norte de la zona conurbada.

Fue el primer esfuerzo de la autoridad federal y municipal por darle solución a una sobrepoblación de cocodrilos evidente, lo cual se notaba en los cuerpos de agua, sobre todo en lagunas como Chairel, Champayán, Las Flores y, por supuesto El Carpintero, en donde los saurios son un atractivo turístico y los ejemplares de gran tamaño se expanden como liga que casi revienta.

Agencias