Muere “Megateo”, uno de los narcos más buscados de Colombia

BOGOTÁ, Colombia,2/10/15  .- El presidente Juan Manuel Santos anunció el viernes la muerte en una acción de las fuerzas armadas de Víctor Ramón Navarro, alias “Megateo”, uno de los narcotraficantes más buscados de Colombia.

“Megateo abatido. Gran golpe. Felicitaciones! Criminales o sometidos a justicia o terminan bajo tierra”, escribió el mandatario en su cuenta de Twitter al citar “información reciente de inteligencia”.

El operativo militar se desarrolló la noche del jueves en la región del Catatumbo, en el noreste colombiano y en la frontera con Venezuela, explicó a periodistas Luis Carlos Villegas, ministro de Defensa.

El funcionario indicó desde el puerto caribeño de Santa Marta que junto a Navarro fueron muertas otras cuatro personas.

La que acabó con la vida del importante narco fue calificada por Villegas como “una de las operaciones encubiertas más exitosas e ingeniosas en Colombia de los últimos años”.

El director de la Policía, general Rodolfo Palomino, escribió en su cuenta de Twitter que “Fuerzas Militares y Policía terminan una época de miedo con el abatimiento de alias Megateo”. Agregó que “ya no podrá burlarse más de sus víctimas”.

El Departamento de Estado ofrecía una recompensa de hasta cinco millones de dólares por “Megateo” por cultivar coca que procesaba en sus propios laboratorios y enviaba a Estados Unidos, Canadá, República Dominicana y Europa.

“Megateo”, de 39 años, era el segundo narco del país más buscado después de Dairo Antonio Úsuga, alias “Otoniel”, jefe del llamado “Clan Úsuga”.

“Megateo” se presentaba como un rebelde alzado en armas contra el Estado, controlaba un territorio de unos 3.460 kilómetros cuadrados, miles de hectáreas de cultivos de coca y siete poblados ubicados en el Catatumbo.
Pero las autoridades colombianas siempre lo consideraron un peligroso narcotraficante que tenía azotada esa región que padece la influencia de guerrillas, narcos y bandas criminales.

Una corte de Florida lo requería en extradición desde hace cuatro años y tribunales colombianos, en tanto, lo solicitaban por homicidio, rebelión, narcotráfico, secuestro y terrorismo.

“Megateo” era experto en infiltrar a las autoridades. Esa capacidad quedó manifiesta cuando las autoridades colombianas enviaron desde Bogotá a un grupo de detectives para arrestarlo. Era abril de 2006 y los 17 enviados fueron masacrados por hombres de “Megateo” luego de que uno de sus compañeros los delató, según quedó registrado en un vídeo en poder del ejército.

El traidor, Carlos Alberto Suárez Reyes, un ex detective de la desaparecida policía secreta actualmente preso y condenado a 40 años por homicidio, saltó de la caravana de vehículos que transitaba por el poblado de Hacarí –unos 430 kilómetros al noreste de Bogotá– en busca del narco.

La red de corrupción incluía militares, policías, detectives y autoridades locales de la región del Catatumbo como alcaldes y concejales, según investigadores de la Fiscalía.

Dos años atrás una funcionaria de la Fiscalía dijo a The Associated Pres que había informado a las autoridades sobre las identidades de al menos ocho coroneles del ejército que trabajaban en el Catatumbo y que estaban o habían estado en la nómina de “Megateo”.

La propia Fiscalía indicó en su momento tener información de que en al menos dos oportunidades el narcotraficante pudo haber sido detenido pero que funcionarios corruptos de la policía, el ejército y la desaparecida policía secreta lo dejaron en libertad.

Pese a que su prontuario criminal era extenso, nunca estuvo en prisión.

Los inicios de “Megateo” en la delincuencia se remontan a una guerrilla desmovilizada, según la Fiscalía. Cuando era joven se enroló en el Ejército Popular de Liberación, el tercer grupo guerrillero del país después de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia y el Ejército de Liberación Nacional.

Después de más de 20 años en armas, el Ejército Popular de Liberación inició en 1991 una desmovilización que no se concretó definitivamente pues una quinta parte de sus integrantes continuaron en armas. Uno de ellos fue Navarro.

A finales de los 90 su vida dio un giro radical cuando grupos paramilitares ingresaron al Catatumbo y dieron muerte a su madre y a una de sus hermanas. Tras los asesinatos, decidió meterse de lleno en el negocio del narcotráfico.

A punta de dinero y regalos se ganó la confianza de los habitantes del Catatumbo, pero también sembró el terror porque, según la Fiscalía, quien no accedía a sus peticiones sólo tenía dos opciones: irse de la región o estar dispuesto a perder la vida.

AP/El Bravo

 

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