La jerarquía católica da la espalda al Papa Francisco

El investigador Rodolfo Soriano Núñez, uno de los más acuciosos analistas del episcopado mexicano, asegura: “No existe la mínima empatía entre la línea pastoral del Papa Francisco y lo que están haciendo los obispos mexicanos en sus diócesis. Y no creo que, a raíz de sus próximas elecciones, el episcopado se ponga en sintonía con Bergoglio. No. Seguirán por caminos distintos”.

21/03/2016 – CIUDAD DE MÉXICO.- En breve la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) renovará su dirigencia, en un proceso del cual no se espera ningún cambio sustantivo en la alianza entre la jerarquía católica y el gobierno mexicano; alianza severamente censurada por el Papa Francisco hace casi dos meses, cuando les dijo a los obispos mexicanos que viven como “príncipes”, ligados a los “carros y caballos de los faraones actuales” y sumergidos en luchas internas de poder.
Tampoco se esperan cambios en la línea conservadora de la CEM, más preocupada por temas de moral sexual, o por conseguir prebendas y privilegios para beneficio propio, que por ajustarse realmente a los lineamientos de apoyo a los pobres, dictados por el pontífice jesuita.
Ostentable rebeldía
Además, la elección se dará en medio de una ostensible rebeldía contra el Papa protagonizada por el cardenal Norberto Rivera Carrera, arzobispo primado de México, máximo representante de la llamada “opción preferencial por los ricos” y considerado el principal jerarca aliado a la clase político-empresarial del país.
El investigador Rodolfo Soriano Núñez, uno de los más acuciosos analistas del episcopado mexicano, asegura: “No existe la mínima empatía entre la línea pastoral del Papa Francisco y lo que están haciendo los obispos mexicanos en sus diócesis. Y no creo que, a raíz de sus próximas elecciones, el episcopado se ponga en sintonía con Bergoglio. No. Seguirán por caminos distintos”.
–¿A qué atribuye esa discordancia?
–Básicamente a que los obispos mexicanos se convirtieron en socios del Estado. Ese es su problema principal. Están más preocupados en quedar bien con el gobierno federal, o con los gobernadores y alcaldes de sus respectivas entidades, que en implementar programas pastorales acordes con la línea de Bergoglio a favor de los marginados.
“¡Claro! hay obispos que son casos de excepción, como el de Saltillo, Raúl Vera, o como algunos de Guerrero y Tamaulipas que están afrontando el horror de la violencia comprometiéndose con las víctimas. Pero son muy pocos y además están marginados por el resto del episcopado.”
Con un doctorado en la Universidad de Fordham, de Nueva York, y autor de las investigaciones ‘Edad, generación y acción pública del episcopado mexicano’; ‘En el nombre de Dios. Religión y democracia en México’; ‘Una mirada a la Iglesia en México’; y ‘Religión y democracia en América Latina’, Soriano ve muy difícil que el Papa pueda influir en las elecciones de la CEM para intentar cambiar las cosas.
“No tiene margen de maniobra simplemente porque no tiene interlocutores que se sientan identificados con su línea pastoral. Carece de apoyos internos. Quien más representa el modelo de Bergoglio es el obispo Raúl Vera. Pero es obvio que éste no tiene ninguna posibilidad de ser electo a un cargo directivo dentro del episcopado por el mismo rechazo de sus compañeros obispos. Así de sencillo”, dice.
En su próxima asamblea plenaria –programada del 4 al 8 de abril–, los más de 100 obispos elegirán nuevo presidente, vicepresidente y secretario general de la CEM, entre otros directivos de este máximo órgano de la Iglesia mexicana, que se renueva cada tres años.

Ninguna empatía

–¿No hay manera de que el episcopado mexicano decida ponerse en sintonía con el Papa Francisco?
–En noviembre pasado el episcopado de Estados Unidos realizó una asamblea plenaria. Y ahí el arzobispo de Chicago, monseñor Blase Cupich, pidió a sus compañeros obispos darle prioridad al modelo pastoral del Papa Francisco, expresado sobre todo en su exhortación apostólica Evangelii Gaudium y en su encíclica Laudato si. La propuesta de Cupich se sometió a votación… pero perdió.
“Allá por lo menos hubo un obispo que se atrevió a hacer tal propuesta, y también la disposición del episcopado estadunidense de someterla a votación. Yo me pregunto: ¿el episcopado mexicano podrá hacer algo semejante? ¿En su asamblea de abril surgirá una propuesta similar? No lo sabemos. Pero creo que los obispos mexicanos rechazarían tajantemente aplicar el modelo pastoral de Francisco”.
La mayoría de los actuales obispos mexicanos fueron nombrados durante el largo pontificado conservador de Juan Pablo II que duró 27 años (1978-2005). Éste tuvo como principal operador en México al nuncio apostólico Jerónimo Prigione, quien controló el nombramiento de obispos e impulsó las alianzas políticas entre el episcopado y el Estado mexicano.
Soriano sostiene que la resistencia al cambio de la CEM se debe principalmente a estos hechos.
Así se fue conformando un episcopado aliado a los gobiernos en turno, más preocupado por los temas de moral sexual –aborto, métodos anticonceptivos, matrimonios homosexuales– que por los temas sociales a los que el actual pontífice les da prioridad.
Además, la CEM ahora está pidiendo cambios constitucionales que permitan a los clérigos acceder a cargos de elección popular, poseer medios de comunicación, dar instrucción religiosa en las escuelas públicas, tener un obispado castrense y apoyo financiero gubernamental (Proceso, edición especial número 52).
Para Soriano, estas peticiones no son más que “una búsqueda de privilegios del episcopado mexicano para beneficio propio. Es la llamada postura ‘autorreferencial’ de la Iglesia que tanto crítica el Papa, por eso les está pidiendo a los obispos olvidarse de sí mismos y atender a los marginados en las periferias”.
Bergoglio conoce muy bien todas estas características y pretensiones de la CEM puesto que es latinoamericano.
“Durante años, Bergoglio ha tenido contacto directo con obispos mexicanos, los conoce muy bien y sabe de qué pie cojean. Y ya como Papa está muy al tanto de sus confrontaciones, quejas y berrinches. De ahí que, durante su pasada visita a México, los haya regañado públicamente”.
En efecto, durante el encuentro que sostuvo con los obispos mexicanos, el pasado 13 de febrero en la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México, Bergoglio les dijo sobre sus pugnas internas: “Si tienen que pelearse, peléense; si tienen que decir cosas, se las digan como hombres, en la cara, y como hombres de Dios, que van a rezar y discernir juntos, y si se pasaron de la raya después se van a pedir perdón, pero mantengan la unidad episcopal”.
Y agregó: “No tengan miedo a la transparencia. La Iglesia no necesita de la oscuridad para trabajar. Vigilen para que sus miradas no se cubran de las penumbras de la niebla de la mundanidad; no se dejen corromper por el materialismo trivial ni por las ilusiones seductoras de los acuerdos debajo de la mesa; no pongan su confianza en los ‘carros y caballos’ de los faraones actuales, porque nuestra fuerza es la ‘columna de fuego’ que rompe dividiendo en dos las marejadas del mar, sin hacer grande rumor”.
Los obispos mexicanos soportaron calladamente las duras reprimendas papales. El único que protestó fue el cardenal Norberto Rivera Carrera, al sostener que Bergoglio golpeó injustamente al episcopado mexicano porque alguien –una “mano de la discordia”– lo “mal aconsejó”.

Rodrigo Vera/Proceso

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