Gran angular

Raúl Rodríguez

29/10/15

Tránsito irreal

¿No percibe usted que las calles de la ciudad de México están cada vez más saturadas de vehículos y que el tránsito se ha vuelto irreal, como dicen ahora los jóvenes cuando quieren calificar una situación chocante o insufrible?
¿No circula usted con la sensación de que en cualquier momento colapsará la circulación de vehículos, que todos nos quedaremos atorados en calles y avenidas convertidas en un gigantesco estacionamiento?
¿No le da entre risa y desazón hablar de vías rápidas que hoy podrían ser todo, menos eso?
Ya no hay día ni hora en que el tránsito vehicular no esté desquiciado y tal percepción es generalizada cuando se platica con automovilistas particulares, taxistas y choferes del transporte público. Y no puede haber otra explicación más que la obvia: hay más automóviles en circulación e insuficiente capacidad vial para que todos ellos circulen sin congestionar las calles. Son muchos los factores que, de acuerdo con los expertos en movilidad urbana, explican ese crecimiento en el número de autos en circulación, pero una de las razones inmediatas no podríamos desvincularla del cambio que desde el pasado 9 de julio aplicó en el programa Hoy No Circula.
Ese cambio abrió la posibilidad de que los autos con 9 a 15 años de antigüedad (holograma 1 y restricción de circular un día de la semana y dos sábados al mes) y los de más de 15 años (holograma 2 y restricción de circular una día a la semana y todos los sábados), puedan acceder a la calcomanía cero, para circular todos los días, si aprueban la verificación de emisiones.
Cuesta trabajo creer que se apliquen con todo rigor los controles de verificentros para evitar la corrupción y no tanto suponer que siempre habrá manera de que pasen la prueba los aspirantes al holograma cero desde ocho y más de 15 años de antigüedad.
De ahí que sea muy probable que el millón 600 mil de automóviles a hacer el cambio de holograma, de acuerdo con cifras de la propia Comisión Ambiental Metropolitana, ya estén circulando y, si no todos, sí la mayoría.
Ese es el referente aproximado del número de vehículos que se han incorporado a la circulación diaria, sumado a los casi siete millones registrados en la Zona Metropolitana del Valle de México, sin contar los nuevos cuya venta, pese a las actuales dificultades económicas, ha crecido poco más de 23% este año, según cifras de la Asociación Mexicana de la Industria Automotriz (AMIA).
El No Circula pretende reducir las emisiones contaminantes y habría que evaluar si, con los cambios de julio pasado al programa, ha mejorado en ese objetivo. No es, por cierto, un mecanismo que desincentive el uso del automóvil que es donde los expertos consideran que debe atacarse el problema de los congestionamientos viales.
El número de autos registrados en la zona metropolitana del Valle de México prácticamente se duplicó en ocho años al pasar de 3.5 millones en 2005 a 6.8 millones en 2013 (Salvador Medina Ramírez, Nexos, Abril 7 de 2015). Este ritmo de crecimiento tan alto podría volver a duplicar la cifra en los próximos seis años para llegar casi a 14 millones.
Ese escenario sí nos acercaría peligrosamente al punto del colapso, pues no existe ni inversión pública ni privada capaz de aumentar la oferta de vialidades a la velocidad del aumento del uso del automóvil. Y si existiera, paradójicamente aumentaría las posibilidades de colapso.
La solución parece estar en la disponibilidad de un sistema de transporte público moderno y eficaz que no implicaría, necesariamente, disminuir la adquisición de automóviles, sino en el uso que se les dé.
El gobierno de Miguel Ángel Mancera ha dado muestras de sensibilidad al escuchar y atender los reclamos ciudadanos. Este del tránsito desquiciante es uno que “ya tiene hasta el copete” a los capitalinos y que deberá atender antes de que sea demasiado tarde.

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