EL FILÓSOFO DE GÜÉMEZ

Ramón Durón Ruiz

27/12/2015

¡Feliz Día de los Inocentes!…

Hay una frase esplendida: “Cuando no consigues lo que quieres, obtienes algo mejor… experiencia, enseñanzas, sabiduría”.
Si en el año que está por concluir hubo en tu vida pesares, dolores, adversidades, llegaron para fortalecer tu alma, alejarte de los placeres terrenales y encontrarte contigo mismo; si hubo alegrías y éxitos, son un ejemplo de que cuando te conectas con amor y gratitud con tu fuente de vida, la armonía, prosperidad y abundancia llegan a ti.
Cuando las hojas del almanaque del año 2015 se acaban, alégrate de estar pleno en la fiesta de la vida, date espacio y tiempo para orar, meditar, amar, ser amado, perdonar, creer en ti mismo, crear, trabajar, soñar, dar, servir, bendecir, disfrutar el universo, ser agradecido y profundamente feliz.
Al concluir el 2015 disfruta las pequeñas alegrías, vive en la sanidad, libera y procesa las emociones negativas que estén atrapadas, generan estrés y químicos que debilitan tu sistema inmunológico (miedos, odios, rencores, resentimientos, soledad, abandono, etc.) experimenta el milagro del amor, te conducirán a los grandes momentos.
Si en este año hubo momentos de pena, de dolor, de enojo, no vayas con ellos, si tú lo permites pueden permanecer en tu cuerpo tomándote de rehén, dañándote con cortisol, con el estrés físico y emocional, alejándote de tu camino hacia la felicidad y el amor, recuerda: no son tuyos, son de la vida, suéltalos, libéralos… y sigue tu viaje.
Agradece que concluye un año más y tú estás con vida, te invito a que fascines tu alma, a que te enamores de la vida, deja de quejarte, elimina las actitudes y pensamientos negativos, inunda tu ser de sana alegría, disfruta lo positivo que ha llegado a ti, para quedarse, generarás los químicos de la felicidad, que traen salud y bienestar, harán que brote la paz en tu alma y una sonrisa que embellezca tu rostro.
Recuerda que sonreír entierra los miedos, cambia positivamente tu vida, fortalece tu autoestima, te llena de bienestar, superando los problemas con tranquilidad, tomas conciencia de tu grandeza, entonces vas en búsqueda de tus sueños, destapas el cielo… retomas tu vuelo.
A propósito, “el Ministerio Público consigna ante el juez a una indefensa viejita:
– ¿Cuántos años tiene señora? -inquiere el juzgador.
– 86 años.
– ¿Podría explicarme que fue lo que sucedió?
– Resulta que en días pasados, en una noche primorosamente bella, estaba plácidamente sentada en la mecedora en el porche de mi casa, cuando llegó un joven guapo y amable, se acercó y se sentó a mi lado.
– ¡Ummm! y ¿Usted lo conocía?
– ¡Claro que no!, pero él se mostró tan atento, como amigable.
– ¿Y qué fue lo que sucedió después de que él se sentó?
– Me colmó de bellas palabras, que hace años no escuchaba, luego comenzó a acariciar suavemente mis piernas.
– ¿Y usted que hizo… lo detuvo?
– ¡Claro que no!, yo no lo detuve.
– ¿Se puede saber por qué?
– Pues sentía muy bien, nadie me había hecho eso desde que mi esposo murió hace 30 años.
– ¿Y qué fue lo que sucedió después?
– Pues al verme agitada, comenzó a acariciarme mis senos.
– Supongo -volvió a decir el juez- que usted se dio su lugar y le marcó el alto.
– ¡Claro que no!, yo no lo detuve.
– Y se puede saber ¿Por qué no lo detuvo?
– Bueno, señor Juez, sus caricias movieron mis hormonas de la sexualidad, haciéndome sentir viva y excitada. Tenía años y felices días que mi cuerpo no temblaba y me sentía así.
– Bueno ¿Y qué pasó después?
– Pues que yo me estaba sintiendo tan ardiente y excitada que simplemente tome su mano, la puse en mis piernas y le dije: hazme tuya, tómame… ¡hazme el amor!
– ¿Y fue entonces que él la tomó?
– ¡¡No!! Él sólo gritó ¡Feliz Día de los Inocentes!… ¡Y FUE ALLÍ CUANDO LE DISPARÉ AL HIJO DE SU P… MADRE!”.

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