EL FILÓSOFO DE GÜÉMEZ

Ramón Durón

30/10/15

¿Hay hombres fieles?

“La muerte extingue la parte material… para que emerge la parte inmortal del alma”
En el calendario cívico del mexicano hay fechas trascendentes, el 1 y 2 de noviembre es sagrado. Es la fecha en la que nuestra alma, se fusiona plena de amor, al recuerdo de nuestros seres queridos que rinden cuentas en el hogar del Padre.
En general el hombre omite hablar de la muerte, muchas veces pareciese de mal gusto hacer que el tema sea el centro de la charla. En la sociedad moderna el sexo dejo de ser tabú, ahora el sexo se socializa en los medios, se da educación sexual en las escuelas, pareciese que la muerte es el último tabú.
“La muerte llega acompañada de tres prodigios:
1.- El de la pérdida de la carne.
2.- El de la liberación del alma.
3.- Un reconstructo mental con la herencia moral-espiritual del fallecido”.
La universalidad de “la muerte, en todas las culturas genera sentimientos y emociones de dolor”. La polaridad de la muerte, hace que por una parte sea democrática, “Porque al final del juego, el rey y el peón, duermen en la misma caja” y por otra, es antidemocrática, porque hasta en el panteón hay diferencias sociales, que se expresan en el lugar que ocupa la tumba y en los modestos o suntuosos mausoleos.
En torno a la vida y también a la muerte, se entrelaza un rico simbolismo. Los grandes mausoleos en las tumbas, suelen expresar la obsesión del hombre por la eternidad. Antonio Machado afirmó que: “A menudo el sepulcro encierra, sin saberlo, dos corazones en un mismo ataúd”.
En nuestros pueblos se respeta el arribo de la muerte, alabándola a través de la tradición oral, expresada a través de los constructos imaginarios expresados en los ritos, mitos, símbolos y el sincretismo religioso, que de la mano del amor y la solidaridad, tienen la fuerza de ‘vencer’ a la muerte.
La antropotanatología, lleva al ser humano a entender que la vida es una fiesta para gozar, para disfrutar, para vivir, para dejar huella, para trascender, de tal manera que una vida bien vivida, genere la satisfacción del deber cumplido con su propio sino, en el momento de hacer el balance final… el hombre puede morir reconciliado con la vida.
La fuerza de la antropotanatología, refleja que la muerte se concibe de acuerdo a cada grupo social, cada uno procesa su excepcional visión cosmogónica y duelo de manera diferente.
Procesar el duelo que genera la partida, ayuda a redimensionar el dolor, a asimilar la muerte, aliviando la sensación de pérdida, reparando emociones, equilibrando la vida, cuando un ser querido por el doliente muere, algo de él se lleva, que inevitablemente provoca duelo; en nuestros pueblos los ritos, mitos, el sincretismo religioso, ayudan a asimilar de la manera más adecuada la pérdida.
Las manifestaciones normales del duelo, según W. Worden, en lo relativo a sentimientos son: Tristeza, enfado, culpa y auto-reproche, bloqueo, ansiedad, soledad, fatiga, impotencia, anhelo, emancipación, alivio, insensibilidad, confusión.
Las sensaciones físicas: Opresión en el pecho, en la garganta, hipersensibilidad al ruido, falta de aire, debilidad muscular, falta de energía, sequedad de boca, vacío en el estómago, sensación de despersonalización.
Con respecto a la conducta: Soñar con el fallecido, evitar recordar al fallecido, suspirar, llorar, atesorar objetos que pertenecían a la persona fallecida, llamarlo en voz alta.
Con respecto a pensamientos: Incredulidad, confusión, preocupación, alucinaciones breves y fugaces, sentido de presencia.
El duelo es un proceso, que le da un nuevo sentido a la existencia, porque la cimbra de pies a cabeza, trae consigo una desestructuración; es un proceso desadaptativo, en el que cada persona tiene su ritmo y su tiempo, una vez que se ha superado satisfactoriamente, ayuda al restablecimiento del equilibrio emocional, personal y familiar, quebrantado con la partida del ser querido.”
Cuando llega el duelo, pudiese aplicarse la frase de Gemguay: “Ahora no es momento de pensar en lo que no tienes, piensa en lo que puedes hacer con lo que hay”.
El mexicano ríe con la muerte, es una manera de atenuar el miedo que se le tiene, su humor afirma:
“La gente pregunta si hay entre los mexicanos hombres fieles, claro que sí… ¡LOS FIELES DIFUNTOS!”.

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