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Desafío

• Juego de Leyes
• Paso a Paso…

Por encima de la ley sólo la justicia; así corrijo el slogan lopezobradorista que impone el nada sobre los ordenamientos. Cuanto una norma es injusta o sirve para agredir, reprimir o solapar a los cómplices del establishment no puede argüirse que su respeto es esencial para el Estado ni, mucho menos, que debe respetarse aunque con ello nos precipitemos a un suicidio colectivo. En todo y tiempo y lugar se dan las equivocaciones humanas, de los constituyentes también, pero la justicia debe prevalecer sobre ellas.
En el caso del huichacoleo, que debe terminar para que el presidente se ocupe de otros asuntos como es su deseo –el tema parece haberse actualizado tras trece meses-, la ley sostenía el absurdo de considerarlo un delito menor, no grave, por el que ni siquiera los responsables pisarían la prisión tan rebosante de ladrones por hambre y de asesinos que defendían a los suyos lo mismo que de reos políticos a quienes el actual régimen todavía no excarcela como aseguró lo haría. Tendría que hacerse un trueque para poner a cada quien en su lugar comenzando con el trío de multimillonarios de la inhumana minería: Slim, Larrea Mota-Velasco y Baillères. Los mismos “exquisitos” del neoliberalismo que fustiga el mandatario y, al mismo tiempo, los elogia por haber trabajado para obten3r su estatus y brindar empleos. La incongruencia es mayúscula.
El combate a los ladrones en serie –debemos calificarlos de alguna manera-, capaces de robar un bien tan preciado de la nación en las narices de varios ex presidentes, sobre todo el miserable enrique peña nieto, acaparando combustible ara un “negocio” que producía, nada menos, 65 mil millones de pesos, debe inscribirse como una de las acciones más serias contra la corrupción jamás iniciadas; y aplaudo por ello.

¡Más de cincuenta años de ignominia! Casi toda mi vida

Pero, por desgracia, la estrategia se dio al revés; esto es, los asesores presidenciales
–entre quienes se encuentra Alfonso Romo Garza, un especulador multimillonario de altos vuelos-,
animaron a López Obrador a lanzarse a la cruzada contra los huachi- coleros sin armas legales, otra
vez, para reducirlos y enviarlos a prisión; la ley vigente aún exonera, de hecho, a los mal nacidos
saqueadores de combusti- ble sin que se explique por qué salvo si considera- mos las tremendas
sociedades soterradas de los ex presidentes, desde salinas hasta peña pasando por zedillo,
fox y calderón, con los perversos saboteado- res. Ahora, en el colmo de la historieta del poder, el
huachicol ¡lo importamos desde Guatemala!
En fin, si el huachicoleo no es delito grave sí lo es el daño contra la nación por la vía del
terrorismo, sí, al atacarse directamente los bienes nacionales y tomando como cautivos a
los mexicanos. Un golpe más severo, incluso en vidas humanas no registradas, que los
golpes contra las torres gemelas de Nueva York o los bombazos en Madrid, París y Londres.
Terrorismo es y ha sido por sus condiciones de clandestinidad y el daño superlativo causado
para beneficio de una apretada mafia de farsantes sin raza, descastados y profundamente
antimexicanos.
¡Y éstos son quienes nos han gobernado desde los lejanos años de los sesenta del
siglo pasado! ¡Más de cincuenta años de ignominia! Casi toda mi vida.

La Anécdota
Lo comentamos meses atrás: el presidente debe tomarse sus respiros considerando que ya sufrió
un infarto en 2013 y dos cardiopatías más después. Parece haberse olvidado de ello cada
amanecer cuando enfrenta a la prensa y responde, por lo general, preguntas que no se salen
del libreto.
Por fortuna ya entendió que la tranquilidad debe privar para hacer más sólidas las
posturas oficiales. Y lo dijo el presidente: vamos a ir paso a paso; sólo que ya se no fue un año y
un mes y medio más. Espero que sin olvidar su deber primigenio de perseguir y, en su caso,
enjuiciar y encarcelar a los grandes corruptos de México, de arriba hacia abajo. Señalan los
delitos, pero los delincuentes de cuello alto y los de pantalón de mezclilla siguen bajo
el mismo techo de la impunidad.
Le queda crédito al presidente, pero no tanto como el primero de julio de 2018. No se lo
gaste bajo el sello del populismo inútil, repartidor de limosnas. Pasan los meses.