Desafío

Rafael Loret de Mola

13/11/17

*Ciclo de Matanzas
*Paraíso o Infierno

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Hace una semana, en Sutherland Springs –un pueblecillo de apenas ochocientos habitantes, en Texas-, un solo hombre, armado, entró al templo del lugar antes de iniciar los servicios religiosos a los que suelen acudir unas cincuenta personas, y comenzó a disparar, preso de una ira irracional, hasta asesinar a veintiséis personas que iniciaban sus acostumbrados rituales, entre ellos varios niños y una mujer embarazada –con ello los muertos suben a veintisiete-; además, el reguero de sangre se extendió a 16 heridos más lo que significa que alcanzó a cuarenta y dos fieles. El dato estremece porque el sujeto, después abatido por la policía, tuvo tiempo bastante para acribillar a sus víctimas, casi todos los feligreses, durante varios minutos de horror; después, claro, llegó la policía. Siquiera.
El horror, una condición que anida en los mexicanos desde hace más de una década al grado de aprender a vivir con ella, nos hizo recordar, entre las tinieblas de la memoria, a un suceso igualmente bárbaro: la brutal masacre que cobró la vida de cuarenta y cinco tzotziles, entre ellos niños y mujeres embarazadas –bastante normal entre los más humildes que convierten a sus mujeres en incubadoras permanentes por ignorancia-, quienes oraban en el modesto templo de Chenalhó, en Chiapas, el 22 de diciembre de 1997, hace casi veinte años en las vísperas de la Navidad. La diferencia es que este hecho no tuvo conclusión alguna y se adujo las vendettas interraciales para justificarlo, en principio. No fue así: los cartuchos encontrados en la zona no pudieron ser substraídos por el ejército en su totalidad y algunos miembros de la sociedad civil encontraron algunos… propios de calibres exclusivos del ejército mexicano.
Entonces, sólo entonces, comenzó a mencionarse que todo se debió a una incursión de grupos paramilitares, al servicio de los caciques de la región, bien parapetados por las autoridades, desde el secretario de la Defensa, entonces Enrique Cervantes Aguirre, cuyos nexos con los cárteles más poderosos se evidenció con el tiempo al posibilitar reuniones entre los grandes “capos”, como el “muerto viviente” Amado Carrillo Flores, sinaloense en Ciudad Juárez, y los Hermanos Arellano Félix, enseñoreados de la plaza de Tijuana en donde manda, por cierto, Jorge Hank Rhon, heredero del célebre maestro de Santiago Tianquistenco, Carlos Hank González, fallecido en su rancho el 11 de agosto de 2001, cerca de donde nació, y uno de los grandes gurús de nuestra política. ¿Van atando cabos?
El hilo conductor obliga a realizar un repaso sobre la impunidad reinante. Nunca compareció el entonces gobernador de Guerrero, Julio César Ruíz Chávez, ni el mando del ejército mencionado, ni mucho menos el presidente en funciones, ernesto zedillo. Venció, como siempre, la impunidad y, peor aún, se persiguió a quienes dieron notoriedad a la noticia hasta relegarlos y marginarlos a partir de entonces. Una dictadura perfecta, no “casi” como refirió Vargas Llosa cuando todavía se atrevía a llamar a las cosas por su nombre, digamos hasta antes de obtener la ciudadanía española.
El terror siempre se queda y la justicia pasa cuando los polos de la perversidad se atraen sin remedio.
La Anécdota
Siguen saliendo a la luz los refugios fiscales de las estrellas y los multimillonarios. Hasta el popular Bono, jefe de la banda –de música- U2, tan falsamente altruista y hasta, en ocasiones, provocador de palabra ante públicos dóciles y manejables, junto con otra celebridad, nada menos que Madonna, fueron señalados como propicios a esconder grandes sumas para eludir los impuestos en sus países. Y lo mismo la Reina Isabel II, acaso ahorrativa para que no le falle su funeral llegada la hora –tiene ya 91 años-, a sabiendas de que no quiere abdicar para no repetir con ello los tristes sucesos alrededor de Eduardo VIII y Lady Simpson, quien optó por el amor cuando su país estaba por ir a la guerra contra Alemania. Una aberración para la intocable monarquía del “Reino Unido”.
Los intocables del mundo caminan en la misma pasarela. Y saltan los nombres de mexicanos conocidos, como el Padre Marcial Maciel, ya fallecido y casi beatificado de no ser por sus gustos amorales y sus perversidades personales. Cuando nos enteramos de estas cosas nuestras conciencias tiemblan por el mismo horror.

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