De regreso al “infierno libio”

El 13 de diciembre de 2016 la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH) y la Misión de la ONU en Libia (UNSMIL) publicaron de manera conjunta un informe de 30 páginas en el que documentan una situación generalizada de desnutrición, trabajo forzado, graves enfermedades, torturas, abusos sexuales, sobornos y desapariciones en todos los centros de detención de migrantes en Libia.

15/02/2017 – PARÍS.- El embajador de Alemania en Níger es categórico: en Libia los centros de detención de migrantes controlados por traficantes de personas son comparables con los campos nazis de concentración.
El diplomático, quien asegura disponer de fotos y videos tomados con celulares y debidamente autentificados para corroborar sus afirmaciones, recalca que los detenidos son sometidos a todo tipo de torturas y tratos inhumanos, y que los grupos criminales suelen ejecutarlos cuando necesitan “espacio” para “recibir” a más migrantes.
El embajador pinta esta situación atroz en un cable diplomático enviado al Ministerio de Relaciones Exteriores de Alemania, que el periódico Die Welt publicó en su edición del pasado 29 de enero.
El 13 de diciembre de 2016 la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH) y la Misión de la ONU en Libia (UNSMIL) publicaron de manera conjunta un informe de 30 páginas en el que documentan una situación generalizada de desnutrición, trabajo forzado, graves enfermedades, torturas, abusos sexuales, sobornos y desapariciones en todos los centros de detención de migrantes en Libia. Sostienen que ello ocurre tanto en los que se encuentran bajo responsabilidad de las autoridades, como en los controlados por milicias, mafias y el mismo Estado Islámico (EI).

Predicar en el desierto
Los autores del informe describen en forma cruda lo que viven los migrantes: se ven obligados a orinar y defecar en el piso de las celdas y bodegas sobrepobladas en las que están encerrados y en las que, en medio de esa hediondez, viven durante meses; muertes por desnutrición; ejecuciones de presos demasiado débiles para cumplir con los trabajos forzados que les imponen; violaciones sistemáticas de mujeres y niñas y su frecuente venta a redes de prostitución; multiplicación de fosas comunes…
Puntualizan que en numerosos casos los autores de estos crímenes son los mismos policías, militares y funcionarios de lo que queda del Estado libio, y subrayan con particular énfasis la actitud delictiva de los guardacostas de Libia que extorsionan, golpean y matan a los migrantes.
Inquietos, los expertos del ACNUDH y de la UNSMIL denuncian: “Recientemente políticos europeos empezaron a sugerir que se debería agrupar a los solicitantes de asilo en campos de migrantes en Libia y en otros países de África del Norte”.

Identifican a esos políticos:
“El 16 de septiembre de 2016, Viktor Orbán, primer ministro de Hungría, dijo que la Unión Europea debería crear en Libia ‘una gigantesca ciudad para refugiados’ que funcionara como un gran centro de selección. El 6 de noviembre el ministro británico de Relaciones Exteriores, Boris Johnson, pidió regresar a Libia todos los barcos de migrantes interceptados o rescatados en el Mediterráneo, mientras que Thomas de Maiziere, ministro del Interior alemán, propuso devolver esas embarcaciones a los países del norte de África”.
Y los autores del informe advierten con firmeza: “La ONU considera que los migrantes no deben ser devueltos a Libia porque ese país no les ofrece garantías de seguridad. Es la razón por la que la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) interrumpió en agosto de 2014 su programa de devolución a Libia de inmigrantes que no habían obtenido asilo en Europa.
El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) y el ACNUDH también insisten en que Libia no puede ser considerada un país seguro”.
En los últimos años Amnistía Internacional, Human Rights Watch, Save the Children, entre otras numerosas organizaciones internacionales de defensa de los derechos humanos, multiplicaron también informes demoledores sobre el “infierno libio”. En vano.
Tanto la ONU como las ONG predicaron en el desierto.

Desafío a la ley y la ética
Reunidos en la Valeta, capital de Malta, el pasado viernes 3, los jefes de Estado y de gobierno europeos sentaron las bases de una futura colaboración con Libia para “cortar la ruta migratoria del Mediterráneo central” entre ese país e Italia.
Joseph Muscat, primer ministro de Malta, pequeña isla ubicada precisamente entre Libia e Italia, asumió el 1 de enero la presidencia rotativa de la Unión Europea (UE), encargo que dura seis meses.
Consolidar las fronteras marítimas de la UE es su prioridad y uno de los principales objetivos de su mandato es tener con Libia un acuerdo del mismo tipo que el firmado con Turquía el 19 de marzo de 2016.
La declaración final de Malta demuestra que Muscat no tuvo mayores problemas para convencer a sus pares europeos de la urgencia de delegar a Libia la responsabilidad de bloquear los flujos migratorios hacia Italia y de hacerse cargo de los refugiados expulsados por la UE.
El documento consta de 10 puntos. Los más importantes son el quinto y el sexto.
En el quinto, los líderes europeos se comprometen a seguir participando activamente en la “estabilización de Libia” para que las autoridades del país “tengan la capacidad de controlar sus fronteras marítimas y terrestres”. Y en el sexto, sin tomar en cuenta las advertencias de la ONU y de las ONG acerca de la conducta delictiva de los guardacostas libios, los dirigentes de la UE prevén apoyarse en ellos dotándolos de todos los medios materiales necesarios para cumplir su misión al tiempo que anuncian un amplio programa de reclutamiento y capacitación de más guardacostas.
La ambición de los líderes de la UE es clara: impedir a cualquier precio que las embarcaciones de los migrantes salgan de las aguas territoriales libias, ya que el derecho internacional y europeo impide la devolución a su punto de partida de las embarcaciones interceptadas en aguas internacionales.

Agencias

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