De política y cosas peores

Armando Fuentes

10/07/17

La sombra de la anulación se cierne sobre la elección de gobernador en Coahuila. Supongamos que un tahúr apostara hoy, dos a uno, a que esa elección será dejada sin efecto. Su apuesta no sería riesgosa. Las decisiones que en los últimos días ha tomado el INE apuntan todas en esa dirección, la de anular el resultado de dicho proceso electoral. Nada importará si se rebasaron o no los topes de gastos de campaña. La cuestión no es de números, sino de letras. Y esas letras son EPN, PRI e INE. En efecto, ni a Enrique Peña Nieto, ni al partido tricolor ni al Instituto Nacional Electoral les conviene llegar al 2018 con la cara tan sucia. Para eso deben dar oídos al clamor popular, que protesta por el desaseo habido en los procesos electorales que culminaron el pasado mes de junio. No puede el prigobierno, claro, entregar la elección en el estado de México. Eso equivaldría a ceder desde ahora la Presidencia. Tendrá que hacer, sin embargo, un sacrificio a fin de calmar, siquiera sea en parte, la irritación causada por las irregularidades que hubo tanto en Coahuila como en aquella entidad. Por su parte el INE, de cara al próximo año, intentará recuperar algo del prestigio que ha perdido. Actuará entonces como árbitro severo de las recientes elecciones. En ese caso el hilo se romperá por lo más delgado. Y el más delgado hilo es Coahuila, donde el desprestigio derivado del moreirato pone al PRI en situación comprometida y hace que sea difícil una defensa plausible de la victoria priista. Desde luego será necesario dar una apariencia de imparcialidad a esa eventual decisión del INE, que tendría todos los visos de un acuerdo de cúpulas. Por eso es muy probable que la sanción impuesta al PRI se aplique también al PAN. No extrañará entonces ver cómo ninguno de los dos partidos pondrá una especial vehemencia en defender sus respectivos casos. Así las cosas, muy posiblemente habrá en Coahuila borrón y cuenta nueva. De ser así los coahuilenses volveríamos a elegir gobernador en otras circunstancias, con otros nombres y otros aires por completo distintos a los muy viciados que en el ámbito político se respiran ahora en mi estado natal. Dos parejas de casados pasaban juntas sus vacaciones en Los Cabos. Una mañana, mientras los maridos bebían sendos whiskies en la alberca del hotel, las señoras fueron a deleitarse en la contemplación de los musculosos jóvenes que paseaban por la playa. Los veían con delectación morosa y los calificaban de acuerdo con su guapeza y apostura. Todos, curiosamente, sacaban 10 de calificación, o al menos 9. Tras un buen rato de entretenerse así le dijo una de las señoras a la otra: “Se hace tarde. Regresemos con nuestros respectivos doses”. Babalucas, ya lo sabemos, es el tonto más grande del pueblo. Conoció a una linda chica y le dijo: “Me gustaría pasar un rato agradable contigo”. Ella, muy bien dispuesta, respondió: “Usted me dirá”. Contestó el badulaque: “Más o menos 1.75”. En el bar un tipo le dijo a otro: “Te invito a una fiesta en mi casa. Ya va a empezar; debemos irnos ahora mismo”. “Gracias -replicó el otro-. Con mucho gusto iré”. “Debo advertirte -manifestó el primero- que en la reunión habrá mucho alcohol”. Declaró el invitado: “No soy abstemio”. “También -continuó el que hacía la invitación- habrá mucho sexo”. “Eso me gusta aún más” -replicó el otro. Prosiguió el tipo: “Y puede haber algo de violencia”. “No le temo -contestó el invitado-. Pero dime: ¿estoy bien vestido para la ocasión?”. “Claro que sí -respondió el que invitaba-. La reunión es de confianza. Nada más seremos tú y yo”. FIN.

MIRADOR

Jean Cusset, ateo con excepción del día que escuchó a Gieseking tocar música de Debussy, dio un nuevo sorbo a su martini -con dos aceitunas, como siempre- y continuó:
-Siempre me ha intrigado la expresión “temor de Dios”, y más me intriga que ese temor sea llamado “santo”. Veo a Dios como a un padre amoroso, y a un padre así no se le teme. ¿Qué es, entonces el temor de Dios? ¿Qué es “el santo temor de Dios”?
Dio un nuevo sorbo a su martini y continuó:
-Para mí el temor de Dios consiste en ser humildes ante él; en no incurrir en la soberbia de pensar que tenemos amistad personal con él; en no creernos su vocero o su concesionario. Quienes se dicen representantes de Cristo en la tierra, ésos no tienen temor de Dios. Es a ellos a quienes debemos temer.
Así dijo Jean Cusset. Y dio el último sorbo a su martini, con dos aceitunas, como siempre.
¡Hasta mañana!…

Share Button