De política y cosas peores

Armando Fuentes

3/10/15

El pirata Barbanegra -parche en un ojo, pata de palo, agudo gancho en lugar de mano izquierda- iba por una playa con su esposa. Andaba ahí una hermosa chica con las bubis y las pompas llenas de tafetanes y curitas. Nervioso le dijo el pirata a su mujer: “¡Te juro que no la conozco!”… Un predicador y un chofer de autobús de pasajeros pasaron a mejor vida al mismo tiempo. Grande fue la sorpresa del reverendo cuando San Pedro admitió al chofer en el Cielo antes que a él. Le preguntó, enojado: “¿Qué clase de broma es ésta? Yo me pasé la vida hablando del Señor, y no me das la entrada al paraíso. En cambio dejas entrar sin más a ese individuo que bebía, era violento y maldecía como poseso al conducir su autobús en el camino”. Explicó el portero celestial: “Es que cuando tú decías tus sermones todos se dormían, pero cuando él manejaba todos se ponían en oración”. A esta chica le dicen “El crucigrama”. En las citas con sus galanes empieza vertical y acaba horizontal… Babalucas veía jugar a un golfista. Primero el tipo lanzó la pelotita entre los árboles, y tardó una eternidad en salir de ahí. Luego cayó en una trampa de arena, y sólo después de varios golpes logró sacar la pelota. Por fin el tipo hizo su tiro y la pelotita fue a caer directamente al hoyo. Comentó Babalucas: “Ahora sí el pendejo está en problemas”. Himenia Camafría, madura señorita soltera, fue a una fiesta. Ahí un trovador solitario entonó con sentimiento aquello de: “Tengo un pájaro azul…”. “¡Pobrecito! -exclamó compadecida la señorita Himenia-. Ha de ser falta de circulación”… El periódico Vanguardia es mi casa de trabajo en Saltillo, mi ciudad. Nació por la visión de un hombre visionario, Armando Castilla Sánchez, y tuve el privilegio de ver su nacimiento, pues fui su primer director editorial. El diario líder pertenecía a la Cadena García Valseca, y nosotros le pusimos a Vanguardia como lema “El periódico libre”. Le dimos una orientación crítica, independiente. Eso, aunado al talento empresarial de Armando, hizo que Vanguardia fuera desde el principio un resonante éxito, tanto que a las pocas semanas de su aparición el diario de García Valseca se vio en la precisión de pagar anuncios en la radio en los cuales se decía que ese periódico seguía publicándose, y que se podía conseguir en los puestos de costumbre. Yo le enviaba cada semana los ejemplares de Vanguardia a don Julio Scherer García, entonces director de Excelsior. Cierto día que lo fui a visitar me dijo: “Están ustedes haciendo un Excelsiorito”. Mi tocayo se adelantó en el camino, pero su obra ha crecido gracias al talento y los esfuerzos de su esposa Diana y de Armando hijo. Vanguardia cumple 40 años de fructífera presencia en Saltillo. Es ya una institución en la ciudad. Desde aquí le digo gracias y le canto las mañanitas que cantaba el rey David. Don Martiriano le contó a su mujer: “Estoy muy enojado. En la oficina el jefe dijo que soy medio pendejo”. “No hagas caso -le aconsejó doña Jodoncia-. Dice eso porque sólo te conoce a medias”… Un cierto notario público era proclive a todas las concupiscencias, especialmente la de la carne. Cierto día fue hospitalizado. Lo visitó un amigo, y lo encontró vendado de la cabeza a los pies, igual que momia egipcia. “¿Qué te pasó?” -le preguntó afligido. Respondió con voz feble el fedatario: “Uno de mis vecinos me golpeó”. Inquirió el amigo: “¿Por qué?”. Contestó el notario: “Porque di fe”. “¡No es posible! -exclamó el otro. ¿Te golpeó porque cumpliste una de las funciones que desde luengos años corresponden al escribano público, la de dar fe?”. “Sí -confirmó el notario con voz feble-. En una reunión comentó que su esposa era muy buena en la cama, y yo dije: Me consta personalmente. Doy fe “. Don Languidio Pitocáido, señor de edad madura, iba a desposar a Pomponona, mujer en flor de edad. A fin de fortalecerse para el trance nupcial fue con un médico, y éste le aplicó una serie de inyecciones de glándulas de mono. La noche de las bodas, preocupado, el facultativo le envió un correo a la novia pidiéndole que le dijera si el tratamiento había funcionado. Respondió ella: “Lo sabré cuando mi marido deje de echar maromas en la cama y de columpiarse en el candil del cuarto”… FIN.

MIRADOR.
Ahora ando de viaje.
Yo siempre ando de viaje.
De súbito me llega la noticia de la muerte en Saltillo de Jesús Valdés.
Fue actor de teatro. Quiero decir que estaba tocado. Tocado por el dedo de Dios, que es quien hace a los actores, esos extraños hombre y mujeres que en cada obra nos ponen frente a los ojos un espejo para que nos veamos.
Fue Chuy Valdés, junto con otro gran artista, René Gil, quien me pidió que adaptara una pastorela tradicional para representarla. Me di cuenta de que adaptar esa pastorela era desvirtuarla, de modo que en tres febriles días escribí una original, en verso. Chuy y René hicieron de ella una creación, y ahora la obra se representa cada año como parte de las tradiciones navideñas de Saltillo.
Le doy un adiós entristecido a Chuy Valdés, extraordinario actor y director, maestro generoso, amigo bueno. Nació a una nueva vida. Seguramente está escuchando ahora las palabras sacramentales: “Tercera llamada, tercera. Comenzamos”.
¡Hasta mañana!…

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