De política y cosas peores

«Me gustaría ver el Gran Cañón del Colorado» -declaró la señorita Himenia Camafría, madura soltera, mientras hojeaba su ejemplar del National Geographic Magazine. Preguntó con interés su amiguita Celiberia: «¿Le dicen así por pelirrojo?». Don Otelio acudió a la consulta del doctor Duerf, célebre analista. Le contó: «Soy un hombre extremadamente celoso. Hace una semana mi esposa se acercó a una ventana. Pensé que iba a ver a un hombre y le di un golpe en la cabeza con un bate de beisbol. Hace tres días sonó el teléfono y ella fue a contestar. Pensé que era un hombre el que la llamaba y le asesté a mi mujer un martillazo en la frente. Ayer ella se dirigió a la puerta. Pensé que se iba a ir con otro hombre y la tundí con un mazo de hierro. ¡Ayúdeme, doctor! ¡Estos malditos celos me van a matar!». Pepito le dijo a su mamá: «En mi cuarto anda un ratón gay». Le preguntó, extrañada, la señora: «¿Cómo sabes que es gay?». Respondió Pepito: «Porque salió del clóset». Un experto banquero y sabio hombre de finanzas a quien tengo el honor de conocer plantea una serie de preguntas acerca de las 2 mil 700 sucursales del Banco del Bienestar anunciadas por López Obrador. En esos locales los beneficiarios de las tarjetas del mismo nombre podrán cobrar los recursos que recibirán del Gobierno en calidad de dádiva gratuita. He aquí algunas de las preguntas que el sapiente financiero se hace. ¿Está consciente AMLO de que la construcción de esas sucursales tendrá un costo aproximado de 10 mil millones de pesos, cantidad que pagaremos todos los mexicanos? ¿Ha calculado lo que costará la operación diaria de dichas sucursales en personal y servicios? ¿Por qué en vez de gastar esas ingentes sumas no hace el Gobierno convenios con los bancos ya existentes o con las cadenas de tiendas de conveniencia que ya manejan tarjetas, o establece una red de cajeros automáticos en las cuales se podrían hacer los cobros a un costo considerablemente menor? ¿Desconocen los consejeros financieros de López Obrador la desastrada experiencia de Banobras cuando operó como banco comercial? ¿Ignoran que actualmente esa institución apenas puede funcionar, pues aproximadamente el 85 por ciento de su presupuesto lo debe aplicar al pago de prestaciones laborales, sueldos, pensiones, etcétera? He aquí, digo yo, otro ejemplo de la falta de adecuada planeación en cuestiones económicas. A las preguntas que plantea aquel sapiente financiero añado otra: ¿cuál es la capital de Dakota del Sur?… Lord Feebledick llegó al Notso Gentlemen Club. A la entrada le preguntó el guardia: «¿Miembro activo?». Suspiró lord Feebledick: «Ya no». Libidiano, hombre salaz, lúbrico y dado a placeres de erotismo, le pedía una y otra vez a la linda Susiflor que le ofrendara su más íntimo encanto. Ella se resistía. Cuando el terco galán renovó una vez más su petición la linda chica, harta ya, le dijo con enojo: «Por última vez te digo que no». Replicó Libidiano, esperanzado: «¿Significa eso que la próxima vez me dirás que sí?». El señor Cornulio, viajante de comercio, regresó de un largo viaje. Como es natural ardía en deseos de estar a solas con su esposa, de modo que le ordenó a su pequeño hijo: «Ya vete a dormir, porque no tarda en llegar el coco». Lo corrigió el chiquillo: «El que llega no es el coco. Es tu compadre Pitolongo». Don Chinguetas le dijo a su mujer: «Estoy arruinado. Tendremos que vender la casa». «No -respondió la señora-. Has de saber que cada vez que me hacías el amor ponía yo mil pesos en el banco. Tengo cerca de un millón ahorrado». «¡Joder! -se irritó don Chinguetas-. ¡Debiste habérmelo dicho! ¡No hubiera hecho yo tantos depósitos en otros bancos!». FIN.

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