De política y cosas peores

Dos muchachillos adolescentes se reunieron en casa de uno de ellos a ver una película pornográfica llamada «Colegialas calientes», con actuación de la primera actriz Pussy Purr y el eminente actor Dick Hard. A media película uno de los púberes manifestó: «Mi mamá me dijo que si veo películas como ésta me voy a quedar ciego. Yo las voy a seguir viendo hasta que necesite lentes». El otro muchachillo declaró preocupado: «A mí me advirtió mi papá que si veía cosas como ésta me convertiría en estatua de piedra. Y ha de ser cierto, porque una parte ya se me está endureciendo». Conocemos muy bien al tal Capronio: es un sujeto ruin y desconsiderado. En el bar les contó a sus amigachos: «Yo siempre hago que mi mujer grite en el curso del acto del amor». Preguntó uno, interesado: «¿Cómo logras eso?». Explicó Capronio: «La llamo por el celular y le digo con quién lo estoy haciendo». Don Chinguetas le dijo a su esposa: «He decidido donar mis órganos». Le sugirió doña Macalota: «Dona tu cerebro y tu pija. Son los que están menos usados». El capitán del velero ordenó: «¡Tiren el ancla!». «No manche, capi -protestó el marinero Babalucas-. Está casi nueva»… La recién casada le anunció a su maridito: «Pronto seremos tres en la casa». «¡Mi amor!» -la abrazó él emocionado y conmovido. «Sí, cielo mío -confirmó ella-. Mamá vendrá a vivir con nosotros». Susiflor le comentó a su abuelita: «Descubrí que mi novio es sadomasoquista, fetichista, voyeurista y exhibicionista». Respondió la anciana: «Sus ideas políticas no importan, hijita, con tal de que sea un buen muchacho». Quizá me equivoco -el que mucho habla mucho yerra, y el que mucho escribe más-, pero veo a los organismos de la iniciativa privada demasiado obsecuentes ante el Gobierno y en silencio frente a acciones u omisiones oficiales que constituyen evidente daño a la Nación. No se trata de pedir que las cúpulas empresariales estén en constante pugna con el régimen, o que adopten una actitud sistemáticamente opositora. Pero los empresarios son, por esencia, una voz libre que debe salir en defensa de su interés cuando éste sea amenazado, y no cabe duda de que algunos actos de la administración actual han acarreado perjuicios no sólo a los particulares, sino a la comunidad nacional en su conjunto. Una cosa es la prudencia y otra muy distinta la sumisión. En la hora actual se necesitan voces que protesten por las violaciones a la ley, o a la vista de excesos de la administración. Puede llegar el tiempo en que el silencio sea lamentado por los mismos que ahora callan, y en que la condescendencia de hoy se convierta en arrepentimiento. El notario reunió a los sobrinos de don Crésido y les leyó su testamento: «En el momento de dictar mi última voluntad estoy en plena posesión de mis facultades físicas y mentales, como lo prueba el hecho de que todo lo que tenía me lo gasté en vino y mujeres». El sacerdote le dijo al feligrés: «Ama a tu prójimo como a ti mismo». Respondió el hombre, estupefacto: «¿Tanto, che pibe?». El joven Inepcio casó con Aspasia, mujer que en asuntos de la cama tenía eso que en terminología moderna se conoce con el nombre de expertise. A la mitad del primer acto del connubio -vale decir a los 5 segundos de haberlo comenzado- el ansioso mancebo le preguntó a su desposada: «¿Te está gustando, Aspasia? ¿Te está gustando?». «Mira -respondió ella-. Si esto fuera un programa de televisión yo ya habría cambiado de canal». En su primer día en el club nudista don Algón sintió pruritos de pudor, y cuando una linda chica se acercó a él se cubrió la entrepierna con un periódico abierto: «¡Caramba! -se admiró la muchacha-. ¿Cómo la enseñó a leer?». FIN.