De política y cosas peores

14/03/2019 – “Sex is good, sex is fine, / doggy style or 69. / Just for fun or getting paid / everyone loves getting laid”. No quiero intentar la traducción de esa cuarteta pelandusca. “Traduttore, traditore”, dicen los italianos. El traductor siempre es traidor. El caso es que a Camilia le gustaba mucho el sexo. Le comentó a una amiga: “Mi médico dice que soy ninfomaníaca”. Inquirió la otra: “Y tu marido ¿qué dice?”. Replicó Camilia: “Él usa una palabra mucho más breve”. Doña Pasita le preguntó a su nieta mayor: “¿Cómo es tu nuevo novio?”. Respondió ella: “Es muy serio y muy formal, abuela. No fuma; no bebe; no sale por las noches; ha estado felizmente casado por 10 años y tiene tres hijos preciosos”. Pepito esperaba con su mami en la antesala del laboratorio de exámenes clínicos. Salió un niño llorando y le contó a Pepito: “Me hicieron un examen de sangre, y me picaron el dedo”. “¡En la madre! -se asustó Pepito-. ¡A mí me van a hacer un examen de orina!”. Ya conocemos a Chinguetas, marido casquivano. Una tarde estuvo con cierta amiguita suya en el cuarto 110 del popular Motel Kamaua. Al salir frotó fuertemente los zapatos en el pasto del jardín hasta manchárselos de verde. En la casa su esposa Macalota lo esperaba hecha una fiera. Le preguntó, agresiva: “¿Dónde estuviste toda la tarde?”. Respondió muy campante don Chinguetas: “Me la pasé con una amiguita en el cuarto 110 del popular Motel Kamaua”. “¡Mentiroso! -rebufó doña Macalota-. ¡Te fuiste a jugar golf! ¡Mira cómo traes esos zapatos!”. El doctor Ken Hosanna esperó a que su paciente saliera de la anestesia y en seguida le informó: “Cometimos con usted un grave error. Lo confundimos con otro paciente, y en vez de extirparle el apéndice le hicimos una operación de cambio de sexo. Ahora es usted mujer”. “¡Santo Cielo! -se consternó el sujeto-. ¿Significa eso que ya no tengo pija?”. “Así es -confirmó el facultativo-. Pero con lo que ahora tiene podrá conseguir todas las que quiera”. “Ésta es mi Patria”. Tales son las palabras que presiden el bello mapa escolar de la República Mexicana que compré hace días en un bazar de antigüedades. De 1940 es ese mapa, y en él aparecen los ríos, lagos y lagunas del territorio nacional pintados de color azul. Ya no se les puede representar así. Cuando, iluso, quise conocer el Salto de Juanacatlán -lo había visto de niño en las páginas de un álbum infantil-, me lo mostraron figurado en la pared de una fonda del pequeño pueblo. El verdadero no existía ya. ¿Azules los ríos de México? ¿Azules las lagunas y los lagos? Pocos habrá que conserven aún ese color. Casi todos se ven oscuros, verdinegros, contaminados por las sustancias tóxicas que arrojan las industrias. Por eso se requiere que en cada estado del país haya centros recolectores de desechos industriales; empresas avaladas y supervisadas por las autoridades correspondientes que recojan tales detritus, los depositen en sitios idóneos aprobados por las mismas autoridades donde se les procese para que no provoquen daño. De no haber tales centros esos peligrosos desechos, incontrolados, seguirán dañando a la naturaleza y a la población humana. Mi estado natal, Coahuila, es una entidad altamente industrializada, por eso necesita esos centros de recolección. Si no existieran los que hay ¿qué se haría con las nocivas sustancias que por razón misma de su actividad productiva se originan en las plantas industriales? Cuando en todo el territorio nacional haya centros como ésos nuestros lagos, ríos y lagunas volverán con el tiempo a ser azules, y otra vez nuestros hijos y nietos podrían decir con orgullo viendo el mapa de México: “¡Ésta es mi Patria!”. FIN.

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