De política y cosas peores

Armando Fuentes

14/06/17

Ya conocemos a Afrodisio Pitongo. Es hombre salaz, libidinoso y lúbrico. Cierta noche llevó a Dulciflor, ingenua chica, al solitario paraje conocido con el nombre de El Ensalivadero, acogimiento nocturno de parejitas amorosas. Ahí el concupiscente galán se excedió en su erotismo. Dulciflor lo detuvo. “No hagas eso, Afrodisio -le pidió-. Fumas mucho, y me puede dar cáncer de mama”. Dos vacas iban por el prado y vieron tirado un envase de leche. Una de ellas leyó en él: “Leche ultrapasteurizada, homogenizada, desodorizada, deslactosada, enriquecida con vitamina A y D, tiamina, riboflavina y niacina”. Le dijo la vaquita a la otra vaca: “Te hace sentir una pend.. ¿verdad?”. Doña Gorgolota se dispuso a subir a un autobús. Llevaba con ella una enorme caja, y el chofer le dijo: “No puede usted subir a mi autobús con esa caja”. La mujerona se irritó. Le dijo al conductor: “¿Sabe usted lo que puede hacer con su autobús?”. Replicó el chofer, calmoso: “Me imagino lo que quiere usted que haga con él. Y si usted hace lo mismo con su caja entonces sí puede subir”. El PAN y sus aliados tienen motivos para impugnar la elección de gobernador en Coahuila. Errores y omisiones del órgano electoral local dieron origen a inconformidades. Están en su derecho, pues, al buscar por las vías legales la anulación del proceso. Desde luego tendrán que presentar las pruebas necesarias para fundar su alegato de fraude del que acusan al propio órgano y al PRI. Tengo mis dudas, sin embargo, acerca del llamamiento que Guillermo Anaya, el ex candidato panista, ha hecho a sus seguidores para tomar las instalaciones del Instituto Electoral como protesta por las irregularidades habidas en la contienda. Recordemos, salvando todas las diferencias, el desgaste que sufrió López Obrador cuando ordenó la toma del Paseo de la Reforma, y la absoluta inutilidad de su fallida acción. Tomar la sede de una institución pública es cosa relativamente fácil. Lo difícil es mantenerla tomada al paso de los días, empresa que se torna más dificultosa conforme el tiempo va pasando. Por otra parte a mucha gente no le gusta esa clase de medidas, que aunque sean pacíficas dan idea de uso de fuerza y apartamiento de la ley. Quizá la causa del PAN y de quienes simpatizan con su movimiento estaría mejor servida si se siguieran los cauces institucionales y de legalidad correspondientes. Eso no significa en modo alguno abandonar la lucha. Significa librarla en el campo debido. Independientemente de cualquier consideración ha de ponerse por encima de todo el interés de Coahuila y de los coahuilenses. Ni el PAN ni el PRI deben atentar contra ese supremo bien. Pepito le dijo a Rosilita: “Sospecho que mi mamá está embarazada”. Preguntó la niña: “¿Por qué supones eso?”. Respondió Pepito: “Porque cuando habla con sus amigas emplea el lenguaje de ágada, éguede, íguidi”. Don Castalio acudió a la consulta del doctor Ken Hosanna. Sufría, le informó, un continuo dolor de cabeza. “¿Fuma usted?” -interrogó el facultativo. Respondió muy digno don Castalio: “Señor mío: no fumo, no bebo, no me desvelo con amigos ni ando con mujeres. Veo en mi cuerpo un templo del Espíritu, y en ninguna forma lo profano nunca”. Dijo el médico: “Creo saber entonces cuál es la causa de su jaqueca, cefalalgia o hemicránea: le aprieta la aureola”… La nuera de doña Jodoncia dio a luz un bebé. La suegra vio por primera vez al recién nacido y un gesto de acrimonia se dibujó en su rostro. Le dijo con aspereza a la muchacha: “Esta criatura no se parece a mi hijo”. Sin vacilar repuso la flamante madre: “Señora: tengo vagina, no copiadora”. FIN.

MIRADOR

La noche del 10 de julio de cada año, aniversario de su martirio, aparece en la muralla del castillo de Or el espectro de Santa Ina.
Esa doncella se convirtió en secreto al cristianismo. Su padre era pagano, y cuando supo de la fe de su hija ordenó que la pusieran en prisión y ahí la abandonaran para que feneciera de hambre. Sin embargo las palomas le llevaban en sus picos pan, y los cuervos agua, de modo que la joven no murió.
El padre entonces mandó que se le decapitara. La espada del verdugo se rompió al golpear contra el grácil cuello de Ina. El sayón cayó de rodillas y le pidió perdón. El cruel pagano, entonces, con su puñal le atravesó el pecho a su hija, que cayó a sus pies bendiciéndolo por haberle dado la vida y la muerte.
Millares de peregrinos llegan cada año a Or a fin de ver el espectro de la santa. No todos lo ven: se muestra sólo a los que tienen buen corazón. Ha pasado que una prostituta ve a Santa Ina y un hombre de religión no la puede mirar.
Tengo sobre mi mesa de trabajo una pequeña imagen de Ina. Y me sucede que a veces la veo, y otras se me desaparece.
¡Hasta mañana!..


De política y cosas peores

Armando Fuentes

13/06/17

“Hay dos misterios imposibles de descifrar, sobrino. Uno de ellos, el menos importante, es el origen del universo. Su origen original, quiero decir; el primero, primerísimo; el anterior a la materia, a la energía; el anterior a todo, menos a ese principio primigenio. El otro enigma indescifrable, el que verdaderamente importa, es la mujer. Las mujeres, digo, porque cada una de ellas es un arcano al que no puede llegar la tosca comprensión del hombre. Muchas veces hemos hablado de esto, Armando, pero como lo hemos hecho sobrios no hemos llegado nunca a la raíz del tema. Alguna vez tendremos suerte y nos regalará la vida un par de botellas de vino, o tres o cuatro, y el tiempo necesario para vaciarlas sin prisas y sin culpas. Entonces nos llenará el espíritu de la verdad y podremos dilucidar esa cuestión con más acierto que cuando nuestros cinco sentidos están en posesión de nosotros. Por ahora -ahora es el tiempo de que disponemos- permíteme decirte que no estás en edad de conocer, y esa es fortuna grande. Tampoco estás en edad de ser conocido, y esa es ventura aún mayor. No sabes nada por lo tanto. Te oigo hablar con admiración de la riqueza, del poder, de eso que llaman éxito. Para que te lo sepas nada de eso vale. Lo mejor que hay en el mundo es la mujer. Si Dios hizo algo más bueno se lo guardó para él, y a nadie le ha comunicado el secreto, ni siquiera a los otros cuatro Señores. ¿Sabes quiénes son esos otros cuatro señores? Son la Virgen, San José, Santa Ana y San Joaquín. O sea sus papás y sus abuelos. Volviendo a nuestro asunto entérate, sobrino: todo el mundo, todos los mundos, caben en la axila de una mujer, de cualquier mujer, o bajo su entrepierna. Una chiquilla de 17 años sabe más cosas importantes que Aristóteles y Platón juntos, y desde luego muchas más que Kant, Descartes y Pascal. Hazle caso a tu tío Felipe, que te dice la vieja frase, mil y una veces repetida, de que la mujer no es para entenderla, sino para amarla. Dime, por ejemplo, si entiendes esto que te voy a contar. Cuando yo era más o menos de tú edad -lo fui alguna vez, y si tienes suerte tú también serás algún día más o menos de mi edad-, cuando contaba tus años, digo, tuve tratos con una mujer casada. ¿Por qué engañaba ella a su marido? No lo sé. Sólo te puedo decir que lo engañaba con desenfado, y hasta con alegría, sin mostrar ningún remordimiento. Lo hacía con mucha ciencia -¡ah, con qué ciencia!- pero sin ninguna conciencia. Se acostaba conmigo como si jugara un juego de tenis. Además lo hacía sabrosamente: cada cita con ella era para mí el paraíso recobrado. Gozarla, y gozarme en ella, me reconciliaba con el mundo; me reconciliaba incluso conmigo mismo. Una vez cometí la impertinencia de preguntarle por qué le era infiel a su esposo. Me respondió: Se lo merece . Y no me dijo más. Sucedió que él tuvo un accidente de automóvil, y a consecuencia de los golpes que recibió en la cabeza quedó convertido en vegetal. Ese mismo día mi amante, o sea su mujer, terminó su relación conmigo. Ya no acudió a nuestra acostumbrada cita semanal. Una tarde la encontré casualmente y le pregunté por qué. Me respondió: “No se lo merece”. Jamás la volví a ver. ¿Entiendes esto, Armando? Tú, que por tu ignorancia total crees saberlo todo ¿entiendes esto? Yo no lo entiendo, y eso que he poseído a más mujeres que las que tú saludarás de mano en toda tu vida. Bueno, quizás estoy exagerando un poco: tú eres muy saludador”. Anoche, no sé por qué, se me vinieron al recuerdo esas palabras de mi tío Felipe. Quise escribirlas para no olvidarlas, pues sé que a lo mejor llegará el día -triste día- en que querré olvidarlas para no escribirlas. FIN.

MIRADOR
Si vieras en estos días mis manzanos dirías que soy afortunado.
En estos días las ramas de mis manzanos se doblan por el peso de los frutos. Este año las heladas tuvieron piedad y misericordia de nosotros, lo mismo que el granizo y la sequía. Si no nos llega un inesperado mal tendremos esta vez manzanas para muchos paraísos.
Ya no es negocio la manzana, dicen. Pero sucede que para mí nunca ha sido negocio. Lo que en el huerto gasto vuelve a mí convertido en belleza y en memorias: la flor que casi ya no es blanca y apenas se atreve a ser color de rosa; el oro o púrpura del fruto. Y luego morder una manzana y poseer en ella la tierra, el sol, el agua, y todos los días de Dios que transcurrieron desde el pequeño brote hasta el logrado fruto.
¿Negocio? Que lo hagan quienes saben. Yo lo único que sé es mirar el prodigio y agradecerlo. Poco saber es ese, pero con él me basta. Con ese saber y ese sabor me basta.
¡Hasta mañana!…


De política y cosas peores

Armando Fuentes

12/06/17

Don Languidio Pitocáido, señor de edad madura, fue a una marisquería con su esposa. Les recomendó el mesero: “Nuestro coctel Vuelve a la Vida es capaz de resucitar a un muerto”. La señora lo llevó aparte, le deslizó en la mano un billete y le dijo por lo bajo: “Llévele uno de esos cocteles a mi marido y déjeselo caer en la entrepierna”. El equipo de atletismo de una universidad fue a competir en una ciudad vecina. El entrenador se enteró de que por falta de habitaciones dos de sus muchachos, chico y chica, tendrían que compartir no sólo el mismo cuarto, sino también la misma cama. Les dijo: “Pondré entre ustedes una almohada”. Así lo hizo, y la noche transcurrió sin novedad. Al día siguiente ella le preguntó a su compañero: “¿Cuál es tu especialidad en atletismo?”. Respondió él: “Salto de altura”. “No has de ser muy bueno -acotó la muchacha-. Anoche no fuiste capaz de saltar una miserable almohada”. Hubo un choque de varios automóviles. Le dijo uno de los conductores al oficial de tránsito: “La señora tuvo la culpa. Indicó que iba a voltear a la izquierda, y volteó”. Wang Lu, cocinero en un barco, era objeto de pesadas bromas por parte de los marineros. Terminó la travesía y el sufrido oriental se despidió de sus compañeros de navegación. Uno de ellos tomó la palabra y a nombre de todos le ofreció disculpas por la forma en que se habían portado con él, siempre mal.”Oh no -manifestó Wang Lu-. A veces se poltaban legulal. Cuando se poltaban legulal les meneaba el té con el dedo”. Un padre de familia que tenía hijos adolescentes le comentó a otro: “Me preocupa la educación sexual que les imparten a nuestros hijos en la escuela. Si les enseñan la cuestión del sexo en la misma forma en que les enseñan matemáticas y español, jamás van a aprender a follar bien”. La educación sexual ha de consistir en enseñar a los educandos a ejercer su sexualidad en forma responsable, de modo de no causarse a sí mismos problemas y sufrimientos y no causarlos a los demás. Sorprende que todavía haya quienes se oponen a que los jóvenes reciban esa educación. Las estadísticas sobre el número de embarazos entre adolescentes deberían convencer a todos de la necesidad de que en el hogar y la escuela los padres y maestros orienten a sus hijos y alumnos sobre materia tan indispensable. Les enseñamos raíz cuadrada y logaritmos y no les enseñamos a protegerse contra las penosas consecuencias que tiene el sexo cuando se ejerce sin conocimiento y sin responsabilidad. Cada día son mayores las tentaciones que afrontan los muchachos, de modo que pedirles que sean ángeles es predicar en el desierto. Es necesario enseñarlos a protegerse. No andaba errada la mamá que le decía a su hija en edad de merecer: “Ten hijita. Con esto tú estarás más tranquila, y yo también”. Y así diciendo le entregaba un condón. En efecto, más vale prevenir que lamentar. Eso no es permisividad; es prudencia. Eduquemos a nuestros jóvenes en esa materia tan importante y descuidada. Ojos que no ven, corazón ¿qué hacemos?… En la noche de bodas el novio le dijo, extático, a su flamante mujercita: “¡Flordelisia! ¡Tu cuerpo merecería ser esculpido en mármol de Carrara!”. Un tipo que pasaba por ahí escuchó tal arrebato y llamó la puerta. Preguntó el novio desde adentro: “¿Quién es?”. Respondió el sujeto: “Rodino Berni, premio de escultura en la Bienal de Florencia”. Llegó un sujeto a la oficina de cierto partido político y le dijo al que estaba ahí: “Vengo a registrarme como candidato a diputado”. Preguntó el encargado: “¿Tiene usted antecedentes penales?”. Inquirió a su vez el individuo: “¿Es requisito indispensable?”. FIN.

MIRADOR

Aquel lobo gritaba:
-¡Que viene el pastor, que viene el pastor!
Todos los lobos corrían a defenderse, pero el pastor no venía. El lobo los había engañado.
En adelante ya nadie le creyó al lobo. Era un mentiroso.
Cierto día el lobo engañador volvió a gritar:
-¡Que viene el pastor, que viene el pastor!
Los lobos no se movieron: ya estaban acostumbrados a las mentiras de aquel lobo. Pero ese día sí llegó el pastor, y los molió a todos a palos.
El autor de esta pequeña fábula no gusta de las moralejas. Pero una cosa ha aprendido: las moralejas son inevitables. La de este cuentecillo es la siguiente: hay veces que los mentirosos dicen la verdad.
¡Hasta mañana!…


DE POLÍTICA Y COSAS PEORES

Armando Fuentes

11/06/2017

CIUDAD DE MÉXICO 10-Jun .- Aquella joven esposa era primípara; estaba en trance de dar a luz por la primera vez. Le preguntó su ginecólogo, el doctor Wetnose: “¿Qué tan separados tienes los dolores?”. “Nada de separados -respondió penosamente la muchacha-. Todos los tengo en el mismo lugar”. Una mujer pidió en el mostrador de la farmacia: “Deme 2 pesos de ácido acetilsalicílico, y hágame una factura a nombre de la señora Ylizaliturrigurribarrenechecoechea”. “Lléveselo gratis -repuso el farmacéutico-. Por 2 pesos no voy a escribir ácido acetilsalicílico y señora Ylizali etcétera “. En el campo nudista Vehemencio le dijo a la curvilínea chica: “¡Te amo, Pompiteta! ¡Te amo con todo mi corazón y toda mi alma!”. “No lo creo -respondió ella-. A simple vista puedo ver que lo tuyo es puro deseo”. Lord Feebledick llegó a su finca rural después de haber asistido a la cacería de la zorra. Venía de pésimo humor: su perro favorito, Dumdum, en vez de correr tras de la zorra persiguió a la perra de un campesino en celo. La perra, digo, no el campesino. La mortificación de lord Feebledick no se amenguó por el hecho de que junto con Dumdum corrieron tras la perra otros 84 perros, entre ellos el del príncipe Fumper. Se propuso castigar al can: la próxima vez que su esposa invitara a Miss Galumph a dar un recital de canto obligaría al animal a escucharlo desde la primera pieza hasta la última. Bien merecido se lo tenía. Fue lord Feebledick a su recámara y ahí sufrió otra mortificación casi equiparable a la que le causó Dumdum: su esposa, lady Loosebloomers, se hallaba practicando the old in and out con Wellh Ung, el pelirrojo mozallón encargado de la cría de faisanes. “Glory be!” -exclamó milord, que en su juventud había pertenecido a la Iglesia Reformista Reformada, que no tiene mandamientos, sino sólo recomendaciones. Luego, dirigiéndose a la pecatriz, le dijo: “¿Así honras, desdichada, los solemnes votos que pronunciaste al pie del ara el día de nuestros desposorios?”. Habló de esa manera porque por esas fechas estaba leyendo “The pilgrim s progress”, de John Bunyan. “Fuck you! -respondió lady Loosebloomers (ella leía a la sazón “Ordeal”, la autobiografía de Linda Lovelace)-. ¿No te he dicho mil veces, Feebledick, que asuntos como éste no se tratan en presencia de la servidumbre?”. El subastador dio un golpe con su martillo y anunció: “El maravilloso alfiler que nos hizo favor de mostrar a la concurrencia la señorita Nalgarina, alfiler que tiene grabadas en la cabeza la Declaración de Independencia y la Constitución de los Estados Unidos, se lo lleva el joven caballero que está en la última fila y que ofreció por él 5 mil dólares”. “¿Cuál alfiler? -se asombró el joven caballero que estaba en la última fila-. ¡Yo pensé que estaban subastando a la señorita Nalgarina!”. Doña Genesia solicitó la ayuda de la beneficencia pública, y una trabajadora social fue a entrevistarla. Le dijo la solicitante: “Tengo nueve hijos. Dos de mi primer esposo, dos del segundo y cinco por mi cuenta”. El alcaide de la prisión le informó al condenado a muerte: “Tu ejecución iba a ser a media noche, Hamponio. Sin embargo te conseguí 15 minutos de gracia”. “No es mucho -suspiró el reo-. Pero en fin; que pase Gracia”. Un oriental casó con una oriental. A los seis meses de la boda la recién casada trajo al mundo un niño rubio de tez clara y ojos redondos y azules. El oriental, inquieto, le preguntó al doctor: “¿Cómo se puede explicar esto?”. “Bueno -respondió el facultativo, cauteloso-. Usted sabe: a veces ocurren occidentes”. FIN.
OJO, editores: dice “ocurren occidentes”, no “ocurren accidentes”. Gracias.
MIRADOR.
Por Armando FUENTES AGUIRRE.
Historias de la creación del mundo.
La verdad es que el Señor no iba a crear a la serpiente: iba a hacer al gusanito, pero se le pasó la mano.
Tuvo que resignarse. Ni modo de deshacerla.
Aun así la serpiente no le gustaba mucho. ¡Esa piel nidria, esas escamas resbalosas, esa mirada penetrante, esa lengua viperina!
Nadie sabe, sin embargo, para quién trabaja. El mismo Señor no supo que había trabajado para sus propios designios.
Al paso de los días sucedieron cosas que hicieron que el Creador necesitara a la serpiente. La llamó y le preguntó en voz baja:
-¿Cuánto me cobras por hacerme un trabajito?
La serpiente le hizo el trabajito.
Y aquí estamos.
¡Hasta mañana!…

MANGANITAS.
Por AFA.
“. Una madura señorita hizo castrar a su gato porque se le salía en las noches.”.
Dijo el gato sin rencor
tras operación tan fea:
“Sigo yendo a la azotea,
pero ahora voy de asesor”.


De política y cosas peores

Armando Fuentes

07/06/17

Por encima de todo, por encima de todos, debe respetarse la voluntad de los ciudadanos según se manifestó en las urnas. Las elecciones de gobernador habidas el pasado domingo en el Estado de México y en Coahuila han dado lugar a muestras de inconformidad. En el primer caso, el del proceso mexiquense, parece claro que el triunfo lo obtuvo Alfredo del Mazo, el candidato priista. De poco o nada servirá el acostumbrado pataleo de López Obrador, quien suele aceptar incontinenti los resultados electorales que le favorecen y rechaza siempre en forma sistemática aquéllos que le son adversos. Cualquier denuncia de ilegalidad deberá llevarse a los órganos correspondientes, no a la calle. Así lo ha dicho la propia candidata de Morena. La victoria del PRI, empero, tuvo en el Estado de México un amargo regusto de derrota. Jamás había estado el prigobierno tan cerca de perder una elección ahí donde tiene su bastión más poderoso y emblemático. Lo ajustado de las cifras finales no es buen augurio para los priistas de cara a la elección presidencial del próximo año. Por lo que hace a Coahuila, los errores y omisiones del órgano electoral local dieron pábulo a sospechas razonables que se han traducido -quizá prematuramente- en manifestaciones en las cuales se juntaron de modo sorpresivo personajes políticos opuestos y contrarios. El resultado definitivo del conteo deberá poner en su lugar las cosas y clarificar cualquier aspecto que ahora se vea oscuro. Cuando eso suceda el voto mayoritario de la ciudadanía, tome la dirección que tome, tendrá que ser objeto de reconocimiento general. Si ha habido violaciones a la ley denúnciense, pero nadie pretenda beneficiarse con negociaciones bajo cuerda tramadas en el centro del país con Coahuila como moneda de cambio. La elección aquí fue pacífica, ordenada, y con un alto porcentaje de participación. Resulta inexplicable, eso sí, que el árbitro electoral coahuilense haya tardado más que el del Estado de México en entregar sus resultados finales, siendo que en esta última entidad el número de casillas y electores es considerablemente mayor que el del estado norteño. De ahí que hayan surgido tantas suspicacias en la oposición. El organismo coahuilense debe remediar de inmediato las irregularidades, reales o ficticias, que le han sido imputadas, y presentar ya cuentas finales firmes y bien documentadas. En cuanto a los dos principales contendientes en Coahuila, tanto el ex candidato priista como el del PAN han incurrido en falta; el primero por haber proclamado su triunfo antes de que se conocieran las cifras oficiales de la votación; el segundo por convocar a manifestaciones de protesta en forma igualmente anticipada. Tampoco en Coahuila tiene el PRI razones para el triunfalismo. Perdió la elección de alcalde en municipios tan importantes como Torreón, Monclova y Acuña, y la oposición le arrebató también nueve de los 16 distritos electorales en que el Estado se divide, con lo cual los priistas dejan de tener mayoría en el Congreso local. Lo dicho: el Instituto Electoral de Coahuila debe presentar ya sus cifras finales. Retrasar más esa entrega equivaldría a seguir alimentando la inconformidad de los partidos opositores y de los candidatos que participaron como independientes. Sea cual fuere el resultado definitivo de la elección los coahuilenses deberemos defenderlo ante todo injerencia exterior o acuerdo de cúpulas por abajo de la mesa. El voto de los ciudadanos, sea quien sea la persona a quien finalmente favorezca, ha de estar al margen de manipuleos. En eso consiste la democracia: en respetar la voluntad de la mayoría aun cuando no coincida con nuestra voluntad, y en hacerla respetar frente a cualquier poder. FIN.

MIRADOR

Historias del señor equis y de su
trágica lucha contra La Burocracia.
El Funcionario del Estado y el Funcionario del Partido pasaron junto al señor equis sin mirarlo.
Al señor equis eso le extrañó bastante: en los días anteriores ambos Funcionarios lo habían cortejado asiduamente; lo habían adulado; le habían hecho mil promesas; lo habían buscado en su casa y por teléfono; le habían ofrecido el sol, la luna y las estrellas; lo habían invitado a juntas, asambleas, reuniones, mítines y manifestaciones; lo habían, en fin, enaltecido y encumbrado.
Así pues cuando el Funcionario del Estado y el Funcionario del Partido pasaron a su lado sin mirarlo el señor equis se desconcertó bastante.
Los buscó y les preguntó, nervioso:
-¿Por qué ayer me llenaron de atenciones y hoy me desprecian?
Respondieron:
-Porque ya pasaron las elecciones.
Y lo dijeron a una voz, porque el Funcionario del Estado y el Funcionario del Partido son uno solo.
¡Hasta mañana!…


De política y cosas peores

Armando Fuentes

05/06/17

Don Cornulio llegó a su casa antes de tiempo y sorprendió a doña Sabanila, su liviana cónyuge, en trance de refocilo con un pelafustán. Hecho una furia le dijo al individuo: “¡Esto me lo va usted a pagar!”. Contestó el tipo, imperturbable: “Ya le pagué a ella”. Himenia Camafría le anunció al guardia de la cárcel: “Vengo a la visita conyugal”. Preguntó el custodio: “¿Con quién?”. Respondió la añosa señorita: “Con el que sea”. Don Sinople, señor de buena sociedad, narró en el club algo muy interesante: “Mi hijo tiene un perro que lo sigue a todas partes. Incluso hubo un tiempo en que iba con él diariamente a las clases de la universidad”. “¡Qué animal tan fiel! -se conmovió uno-. Pero ¿por qué dejó de ir con él a las clases?”. Replicó, mohíno, don Sinople: “El perro se graduó”. Rosibel, la curvilínea secretaria de don Algón, se presentó con retraso en la oficina. El ejecutivo la reprendió: “¿Se le pegaron las sábanas, señorita Rosibel?”. “No -contestó ella-. Se me pegó mi marido”. Doña Gordoloba recorría con la mirada los estantes de la panadería. Le preguntó el tahonero: “¿Qué le gustaría llevar?”. Dijo la robusta señora: “Quisiera llevar ese pastel tres leches; aquella tarta de manzana, dátil y nuez; una docena de donas de chocolate y ese pay de coco. Pero llevaré dos galletas de avena”. Don Poseidón, granjero acomodado, iba a comprar una vaca. Lo acompañó su hijo Bucolino. El viejo le palpó las tetas a la res y le explicó al muchacho: “Hay que ver si la vaca está sana antes de comprarla”. Comentó Bucolino: “Entonces prepárese, apá, porque seguramente el hijo de su compadre Pitorrango va a querer comprarle a mi hermana”.Temprano, muy temprano, suelo escribir esta columna, cuando aún no despiertan el teléfono, el timbre de la puerta y los nimios asuntos cotidianos. A esa hora las cosas callan todavía según se van las sombras de la noche y llega la claridad del día. Es cierto: el pensamiento sigue un poco adormilado, pero eso servirá para explicar cualquier yerro o dislate en la escritura. Escribo esto que escribo, por lo tanto, sin conocer los resultados de las elecciones habidas ayer en el Estado de México, Coahuila, Nayarit y Veracruz. Ni siquiera han abierto a esta hora las casillas donde se recogerá la votación. Sin dejar de reconocer la importancia de las jornadas electorales en los dos últimos estados que cité, mis grandes preguntas se centran en los dos primeros. Coahuila, mi estado natal, ¿conocerá al fin la alternancia o se mantendrá ahí el predominio priista? En el estado de México ¿habrá triunfado López Obrador (que no Morena ni Delfina Gómez) o el prigobierno se habrá salvado del desastre y puede seguir respirando todavía de cara a la madre de todas las elecciones, la del 2018? Ante la incertidumbre que me posee en esta alborada del domingo me alegra -y me inquieta a la vez- el pensamiento de que cuando estas líneas sean leídas el lunes mis cuatro lectores y yo ya sabremos la respuesta a esas preguntas. Seguirá, claro, la obligada secuela de impugnaciones, acusaciones y descalificaciones, pero conoceremos muchas cosas que a la hora en que estoy escribiendo esto no se conocen todavía. Aquí se ve cuan pronto el futuro se vuelve presente, y cómo con mayor presteza aún el presente se convierte en pasado. Lo dijo Manrique en las doloridas coplas que con ritmo de campana funeral escribió a la muerte de su padre. Cuando escribí esto no sabía si Coahuila optó por la alternancia o por la continuidad, y si el Estado de México votó por el populismo o por la perpetuación del mismo grupo en el poder. Lo sé ahora. Al final todo se sabe. Todo. No lo digo por intranquilizar a nadie. Lo digo porque así es. FIN.

MIRADOR

¿Cuánto hace que no vienen los hijos? Tres meses, cuatro, cinco.
Dos de ellos viven en la misma ciudad; el otro a menos de una hora de viaje, y si embargo es como si vivieran al otro lado del mundo.
El padre se enoja, y dice mal de ellos, y maldice. Los llama desagradecidos. La madre trata de justificarlos: que el trabajo; que sus familias; que los compromisos.
-Parece que ni tuvimos hijos -rezonga él.
-Los tenemos -contesta ella-. Verás que ya vendrán.
Pero no vienen. A todas partes van, menos a la casa de sus padres.
Los dos viejos hablan de sus hijos:
-¿Te acuerdas?
Y sonríen.
Llegará el día en que sus hijos hablarán de ellos:
-¿Te acuerdas?
Y sentirán un remordimiento.
¡Hasta mañana!…


DE POLÍTICA Y COSAS PEORES

Armando Fuentes

04/06/2017

CIUDAD DE MÉXICO 3-Jun .- Nayaritas, mexiquenses, veracruzanos, coahuilenses: ¡a votar!… Nalgarina Grandchichier, vedette de moda, se topó con una amiga que le dijo: “Supe que don Crésido, aquel ricacho que te cortejaba, perdió su dinero, su yate, su hotel en Nueva York, su edificio de departamentos en Miami, su villa en la Toscana y su casa en Saltillo. ¿Por qué perdió todos esos bienes?”. Explicó Nalgarina: “Celos”. “¿Celos?” -repitió la amiga sin entender. “Sí -confirmó la vedette-. Se los quité”. Susiflor es una chica guapa, inteligente y culta. Alguna vez don Petronio, vecino suyo, le dijo un piropo muy galano. Iba ella caminando por el parque y sintió que alguien la seguía. Volvió la vista: era don Petronio. Le preguntó Susiflor al mismo tiempo extrañada y divertida: “¿Por qué me sigue usted, don Petro?”. Respondió el señor: “Es que no sabía si ir atrás de usted y gozar de la vista o alcanzarla y gozar de la conversación”. Pues bien: un majadero tipo asediaba en una fiesta a Susiflor. Creyendo impresionarla le dijo: “Has de saber, chulita, que pertenezco a la Sociedad Protectora de Animales”. Inquirió Susiflor: “¿Protector o protegido?”. Don Valetu di Nario, señor de muchos almanaques, solicitó ser admitido en la Sociedad Mutualista Antonio Ocaso, de la cual formaban parte caballeros pertenecientes a la tercera edad (y a la cuarta, y a la quinta, y a la sexta). El secretario de la agrupación le advirtió: “Debe usted saber que nuestros estatutos prohíben que aquí se hable de política y de religión. Esos temas provocan discusiones ásperas que deseamos evitar. Por la misma razón se nos impide igualmente hablar de deportes, en especial de futbol. Tampoco hablamos de sexo”. Don Valetu se asombró: “¿También el sexo provoca discusiones?”. “No -aclaró el secretario-. De sexo no hablamos porque ya no nos acordamos”. Himenia Camafría, madura señorita soltera, acudió a la consulta del doctor Duerf, célebre psiquiatra. Le contó: “Desde hace tiempo me ha dado por creerme gallina”. “Insólito desdoblamiento de la personalidad es ése -sentenció, cogitabundo, el analista-. Creo, sin embargo, que le puedo quitar tal obsesión”. “No me la quite -le pidió la señorita Himenia-. Más bien presénteme a alguno de sus pacientes que se crea gallo”. En una reunión social un individuo acosaba al padre Arsilio con una pregunta: “¿Qué piensa usted del celibato sacerdotal?”. El buen sacerdote trataba de evadir la cuestión a fin de no entrar en uno de esos debates en que se pone mucho fuego pero muy poca luz. Al final, empero, hubo de ceder ante la pertinacia del sujeto. Le respondió: “Mira, hijo: cuando me voy a la cama por la noche lamento lo del celibato; pero cuando me levanto en la mañana le doy gracias al Señor por él”. Un agente vendedor trataba de venderle a un posible cliente un programa de computadora que, le aseguró, podía responder cualquier pregunta que se le hiciera. “¿Ah sí? -lo retó, escéptico, el presunto comprador-. A ver: pregúntele dónde está mi padre”. Tecleó la pregunta el vendedor y de inmediato apareció la respuesta en la pantalla: “En este momento su padre está pescando truchas en el río Fishy”. “¡Vaya programa! -se burló el tipo-. ¡Mi padre murió hace 20 años!”. El vendedor se desconcertó. “No entiendo -dijo-. Es la primera vez que veo que el programa falla. Intentaré otra vez, pero ahora planteando la pregunta en otra forma”. Tecleó entonces: “¿Dónde está el esposo de la madre del señor?”. La pantalla mostró la nueva respuesta: “El esposo de la madre del señor murió hace 20 años. Su padre acaba de pescar una trucha de 2 kilos”. FIN.

MIRADOR

Historias de la creación del mundo.
Adán le preguntó al Creador:
-Señor: sé bien que hiciste el paraíso. Pero ¿hiciste también el infierno?
Respondió Él:
-Yo no hago infiernos. Ustedes serán quienes los hagan
Insistió el hombre:
-¿Entonces no hiciste el infierno?
Repitió el Señor:
-Ya te dije que no. Pero desde ahora veo cómo se comportarán los hombres; miro sus odios, sus crímenes, sus guerras, sus infinitas formas de violencia, y pienso que eso del infierno a lo mejor no habría sido mala idea.
¡Hasta mañana!…

MANGANITAS

“. Elecciones.”.
Por todo lo que he observado,
de compras de votación,
dudo si es una elección
o más bien es un mercado.


De política y cosas peores

Armando Fuentes

03/06/17

Don Algón llevó a una amiguita a cierta playa de moda. Ahí pasaron dos días gozando de la vida. En el momento de tomar el vuelo de regreso el salaz ejecutivo le preguntó a la linda muchacha: “¿Olvidarás, Avidia, este fin de semana?”. Respondió la chica: “¿Cuánto me dará para que lo olvide?”. Un tipo comentó: “Durante 12 años no fumé, no bebí y no anduve con mujeres. Luego entré a la secundaria, y todo eso ya me valió madre”. Capronio, sujeto de mala entraña, ruin, fue a un circo en compañía de su esposa y su suegra. Se presentó Dagger Joe, campeón de tiro con cuchillos. El artista pidió que pasara un voluntario, y Capronio le dijo a la señora: “Pase usted, suegrita; pase”. La señora fue a la pista, y Joe le lanzó 20 cuchillos con los cuales dibujó en una tabla la silueta de la mujer. El público estalló en una gran ovación. “¿Por qué le aplauden? -se molestó Capronio-. ¡El pendejo no le atinó ni uno!”… Ya conocemos a doña Panoplia de Altopedo, dama de buena sociedad. Es conocida por sus despropósitos. Fue ella la que dijo: “Fulano renació de sus cenizas, como el gato Félix”. Aún se recuerda el comentario que hizo cuando vio por primera vez la Torre Eiffel: “No está tan inclinada como dicen”. En otra ocasión habló del recorrido que su marido y ella hicieron “por el río Mingitorio”. “Orinoco, mujer; Orinoco” -la corrigió el señor. Pues bien: doña Panoplia declaró hace unos días que en las elecciones de mañana el PRI “puede tener su Watercloset, como Napoleón”. Es opinión general que de las tres jornadas electorales para elegir gobernador la más importante, por mucho, es la del Estado de México. Su resultado quizá será prenuncio de lo que eventualmente sucederá en la contienda del 2018. Desde luego eso no es vaticinio ineluctable: el PRI ha ganado siempre la gubernatura mexiquense, pero no siempre ha ganado la Presidencia de la República. Ahora, por primera vez, el prigobierno está en riesgo de perder el Estado de México. Una derrota ahí lo pondría en un camino que casi indefectiblemente lo llevaría a perder la máxima batalla, la del próximo año. Por eso la cúpula priista -que no está en el PRI, sino en Los Pinos- ha puesto la totalidad de su atención ahí. El PAN en cambio, perdida como tiene ya la elección mexiquense, concentrará todos sus esfuerzos en Coahuila, pues Nayarit ya prácticamente lo tiene en el bolsillo. Dos cosas espero yo de la jornada electoral de mañana. La primera: que la ciudadanía acuda a las urnas. La segunda: que los procesos de elección se cumplan en un ambiente de paz y orden democrático. Otra cosa espero: que el resultado de las respectivas jornadas electorales sea para bien de los estados y municipios donde se llevarán a cabo. Todo esto es mucho esperar, lo sé, pero el que poco espera poco recibe. Jock McCock, vaquero del salvaje oeste, narró en el saloon de Pecos, Texas, la forma en que su fiel caballo Pittypat le salvó la vida. Relató: “Después de andar perdido días y días en el desierto, sin agua ni comida, caí agotado de mi cabalgadura. Ahí habría muerto, pero el Pitypatt me arrastró hasta el pueblo más cercano y me llevó con un médico que me dio agua y me reanimó”. “¡Caramba! -exclamó con admiración uno de los oyentes-. ¡Qué inteligente es tu caballo!”. “Ni tanto -replicó, mohíno, Jock McCock-. El desgraciado me llevó con un veterinario”. Sor Bette cultivaba pepinos en el huerto conventual. Les comentó a sus hermanas de clausura: “Ya tengo uno listo para cortarlo. Es de este tamaño y de este grueso”. Y señaló con las manos el largor del pepino y su grosor. Vio eso sor Dina, que era algo dura de oído, y preguntó con interés: “¿Quién? ¿Quién?”. FIN.

MIRADOR.
Los aguaceros de mayo llegaron al Potrero en junio.
Cuando apareció la luna nueva, uñita de luz en la oscuridad del cielo, venía inclinada como jicarita que derrama su agua. En esa señal vimos la promesa segura de la lluvia.
Ha llovido y llovido lo que en muchos meses no había llovido. El arroyo, que ya no recordaba que era arroyo, va lleno hasta los bordes. El nivel de la noria en el corral ha subido hasta que casi podemos tocar el espejo de las aguas. Y las oscuras nubes, y el lejano trueno, y el sonoro relámpago nos dicen: “Esperen, que todavía falta más”.
Ha bebido la tierra, como nunca. Ha bebido la tierra, como siempre. De ella nos vendrán el pan y la tortilla. Quiero decir que de ella nos vendrá la vida. Del barril de la lluvia tomo en el hueco de mi mano un poco de esa agua bendecida, y es como si tomara en ella un poco de Dios.
¡Hasta mañana!…


De política y cosas peores

Armando Fuentes

01/06/17

“Vendo huevos”, le ofreció un granjero a Babalucas. Respondió, burlón, el badulaque: “¡Bonito me voy a ver con los huevos vendados!”. A la prima Celia Rima, poetisa de ocasión, se le ocurrió escribir un apólogo en versos heptasílabos y endecasílabos, con su correspondiente moraleja. Lo transcribo en este espacio más por su interés social que por su valor literario. He aquí ese breve poema didascálico: “Tenía un campesino / un burro (un jumento, asno o pollino), / y por ahorrar dinero, / pues el hombre era avaro y cicatero, / decidió ya no darle maíz, cebada, / trigo, avena, forraje; en suma, nada. / El borrico, paciente, / buscaba en vano dónde hincar el diente, / y el campesino, orondo, / decía: Este negocio va redondo . / Un día, sin embargo, / harto de aquel ayuno ya tan largo, / el asno fue al granero, / y juntando su esfuerzo postrimero / con una gran patada / la puerta derribó toda quebrada. / Comió de la cebada, / del maíz, del forraje y de la avena / hasta que tuvo la barriga llena, / y al campesino tuno / le dijo: Me impusiste aquel ayuno / porque mi sacrificio / fuera de tu fortuna nuevo inicio, / mas llevaste a tal grado aquel ahorro / que, si a mí mismo no me doy socorro, / en este mismo día / de cuero de tambor ya serviría. / La moraleja. Aprendan este cuento / quienes, faltos de todo sentimiento, / no escuchan, por torpeza o por malicia, / el gran clamor de un pueblo sin justicia”. La fabulilla de la prima Celia no necesita ningún comentario adicional, ni siquiera mío, que soy experto en hacer comentarios adicionales. Un vendedor de cepillos llegó a una casa de cierta colonia populosa y llamó a la puerta. La abrió una señora de muy buen ver y de mejor palpar cubierta sólo por un vaporoso negligé. “Pase usted” -lo invitó con sonrisa sugestiva. El vendedor entró, y le dijo la mujer: “Estoy sola en la casa. No tengo novio ni marido, y no espero a nadie”. El tipo abrió el maletín donde traía su mercancía. “¿Gusta usted una copita?” -le ofreció la señora. “Permítame mostrarle -empezó el hombre sin atender la invitación- el amplio surtido de prácticos y útiles cepillos que pongo a su amable consideración. Los traigo de fibra plástica, de pelo natural.”. “¿Por qué no vamos a mi recámara? -sugirió ella-. Después podré ver sus cepillos”. “No los hay mejores en el mercado -prosiguió el sujeto, que pareció no haber oído lo que le dijo la atractiva fémina-. Y nuestros precios no los puede igualar nadie”. La mujer bajó el escote de su negligé en manera tal que casi dejó al descubierto la plenitud de sus ebúrneos senos. Ni siquiera eso apartó al individuo de su tabarra comercial: “Tengo cepillos para el pelo, para la ropa, para la cocina.”. La dama se tendió en el diván de la sala con actitud voluptuosa de Cleopatra, y flexionó las piernas como presentándole al sujeto el camino de la felicidad. Tampoco tal visión hizo que el hombre cesara en su monserga. Prosiguió: “También tengo cepillos para los muebles, la alfombra, el automóvil.”. La señora ya no se pudo contener. “Mire usted -interrumpió, enojada, al individuo-. No me interesan sus cepillos”. “Le agradezco el tiempo que me dedicó -dijo el vendedor al tiempo que procedía a guardar sus artículos en el maletín-, y quedo a sus apreciables órdenes”. Así diciendo se encaminó hacia la salida. Ya en la puerta se volvió hacia la mujer: “También traigo una amplia selección en cepillos para niños. ¿Tiene usted hijos?”. “Sí -respondió la señora-. Tengo 10”. “¿10 hijos? -se asombró el sujeto-. Pensé que me había dicho usted que no tiene marido”. “Y no lo tengo -confirmó ella-. Pero no todos los vendedores son tan pendejos como usted”. FIN.
MIRADOR.
Por Armando FUENTES AGUIRRE.
John Dee tenía razones para suponer que la Tierra era redonda, y no una gran piedra plana sostenida por cuatro tortugas, como afirmaban los sabios de su tiempo.
A nadie, sin embargo, comunicó su pensamiento. No quería turbar la paz y tranquilidad de sus vecinos, que de seguro, si les decía que el mundo era redondo, vivirían en adelante con el temor de resbalar y caer en el vacío.
Lo que hizo fue ausentarse de su pueblo. Quería probar su teoría. Caminó leguas y leguas, siempre en la misma dirección. Atravesó los mares sin cambiar de rumbo.
Una mañana, después de muchos años, los habitantes de la aldea vieron llegar a un anciano al que no reconocieron. Era John Dee, que le había dado la vuelta al mundo.
Tiempo después publicó un libro con sus observaciones. Nadie le creyó. Lo consideraron loco. La gente reía de aquel extraño viejo que andaba por las calles agarrándose de donde podía para no resbalar y caer en el vacío.
¡Hasta mañana!…


De política y cosas peores

Armando Fuentes

31/05/17

Como un pañuelo. Así, con suavidad, Dulciflor puso su mano en la entrepierna de Leovigildo, su nuevo galán. A la mirada interrogativa del asombrado joven respondió la cándida muchacha con una explicación: “Mi mamá siempre me ha dicho que cuando salga con un hombre tome las cosas con calma”. El encargado de seguridad del centro comercial vio a un niño que parecía estar perdido. Fue hacia él y le preguntó: “¿Dónde están tus papás?”. Respondió Pepito, que tal era el pequeño: “No sé. Tengo dos horas buscándolos”. “Ven -le dijo el guardia al tiempo que lo tomaba de la mano-. Te ayudaré a encontrarlos”. Replicó el crío: “Va a estar cabrón que los hallemos. Aquí hay muchos lugares donde se pueden esconder”. Pirulina, mujer sabidora, estaba en el cuarto 110 del Motel Kamagua con Inepcio, mancebo de muy poca experiencia. Al terminar el acto que ahí los había llevado él le preguntó con ansiedad a ella: “¿Te gustó, Pirulina? ¿Te gustó?”. Respondió la experta chica: “Me hiciste recordar una palabra que ya casi no se usa”. Preguntó Inepcio: “¿Qué palabra es ésa?”. Contestó Pirulina: “La palabra amateur “. Himenia Camafría, madura señorita soltera, leía en una banca del parque un número atrasado (1942) de la revista Confidencias. La vio su vecino, don Valetu di Nario; llegó por atrás, le tapó los ojos con las manos y le dijo: “Adivine usted quién soy. Si no acierta deberá permitirme que le estampe en los labios un beso de pasión. A ver: ¿quién soy?”. Arriesgó con timidez la señorita Himenia: “¿Don Miguel Hidalgo y Costilla?”… Yo, que no tengo ninguna práctica, dispongo en cambio de muchas teorías. Una de ellas, la más reciente, se refiere a la elección de gobernador de mi natal Coahuila. En esa contienda figuran como punteros Guillermo Anaya, candidato del PAN, y Miguel Riquelme, el abanderado priista. Mi teoría es la siguiente: si la ciudadanía sale a votar ganará el PAN. Por el contrario, si se registra el índice de abstencionismo que en otros procesos se ha observado el partido que se alzará con el triunfo será el PRI. El candidato blanquiazul tiene a su favor el hartazgo de la sociedad por los excesos del moreirato. Un deseo de cambio flota en el ambiente. Por su parte a Riquelme lo favorece la estructura priista, sólida y bien organizada, lo mismo que el inconmovible voto duro con que siempre cuenta el Revolucionario. Lo perjudica, en cambio, su vinculación con el régimen presidido por Rubén Moreira, reprobado por la gran mayoría de los coahuilenses. La moneda está en el aire, pienso, y ninguno de los dos aspirantes que van delante en la carrera, ni el panista ni el priista, puede asegurar que obtendrá la victoria. Sea quien fuere el ganador los datos disponibles indican que la elección será muy cerrada. En política, sin embargo, todo puede suceder, y casi todo puede no suceder. Esperaré entonces a conocer el resultado de la jornada electoral y luego profetizaré sobre ella. Don Algón le preguntó a la linda chica que solicitaba el puesto de secretaria: “Y ¿qué sueldo desea usted ganar, señorita Rosibel?”. Respondió ella: “5 mil pesos por semana”. Dijo el ejecutivo: “Se los pagaré con placer”. “Gracias -declinó la muchacha-. Los preferiría en dinero”.Bucolino, mocetón campirano, casó con Pomponona, frondosa mujer de la ciudad. La mañana de la boda el nervioso novio le confesó a su padre: ” Apá: no sé qué debo hacer hoy en la noche”. “Despreocúpese m hijo -lo tranquilizó el señor-. La naturaleza le mostrará el caminito de la felicidad”. Al día siguiente el genitor llamó al recién casado y le preguntó: “¿Encontró m hijo el caminito de la felicidad?”. “Sí, apá -respondió Bucolino-. Pero a mí me pareció más bien autopista de cuatro carriles”. FIN.

MIRADOR

San Virila era manso y humilde de corazón. No tenía otra riqueza más que su pobreza.
El rey Cleto, por el contrario, era soberbio y prepotente. Su pobreza mayor era su riqueza.
Cierto día el altanero monarca hizo que San Virila se presentara ante él y le ordenó:
-Haz un milagro.
-Señor -respondió el frailecito-, los milagros no los hago yo. Los hace, a través de mí, el único que puede hacerlos.
-No sé de sutilezas -se irritó el soberano-. Pero te ordeno que hagas un milagro.
El santo suspiró, resignado. Hizo un ligero movimiento con su mano y el rey quedó convertido en sapo.
Al ver eso los cortesanos se espantaron. San Virila, apenado, se justificó:
-Órdenes son órdenes.
¡Hasta mañana!…