De política y cosas peores

Armando Fuentes

11/04/17

Soy un bendito de Dios, lo he dicho muchas veces. De rodillas debería estar siempre dándole gracias a ese buen Señor por todos los dones con que me ha revestido, uno de ellos, entre los más grandes, esta buena salud que me permite andar por todas partes, ya perorando, ya simplemente paseándome, como antes se decía. De mis viajes saco siempre provechosas enseñanzas. Los cinco sentidos se me llenan con las cosas de México. De esas cosas unas son para verse, para escucharse otras, para catarse aquéllas, para palparse algunas más. Y todavía hay muchas que pertenecen a ese olvidado sentido lopezvelardeano: el olfato. Otro regalo obtengo de mi caminar: puedo asomarme al ingenio mexicano, presente en todas las comarcas de este país hermoso que habitamos. Por poner un ejemplo, los tonaltecos, habitantes de Tonalá, en Chiapas, son hombres y mujeres de buenas ocurrencias. Hablar con uno -o con una- es igual que abrir una caja de hipérboles, desmesurados símiles y peregrinas fantasías. En mi último periplo chiapaneco -“periplo” es palabra pedantesca, pero sonora, y eso la salva- escuché una veraz historia que no resisto la tentación de narrar hoy. Hubo una boda en Tonalá. De esto hace varios años, quizá muchos. Me explicaron quienes compartieron conmigo ese relato que el banquete de bodas, y el consecuente baile, que se llama “la vuelta”, no se llevaban a cabo sino hasta que el novio había comprobado fehacientemente la doncellez de la desposada. Una vez hecha tal comprobación el novio avisaba a su padre, a cuyo cargo corrían los gastos de la fiesta, que el convite y el baile podían celebrarse. Entonces salía el genitor y anunciaba: “Señoras y señores: ¡hay vuelta!”. Todos aplaudían jubilosos, tanto porque eso significaba que la muchacha se había conservado virgen como porque iban a disfrutar del baile y la comida. Pues bien: en aquella boda que digo los asistentes aguardaban ansiosos tal anuncio. Apareció el padre del recién casado, subió a una silla y dijo cariacontecido: “De parte mía comunico a la envitación que no habrá vuelta, porque la novia pagó mal, y me remito a las órdenes de m hijo, que fue el que me dio la precisión”. Con asombro y enojo al mismo tiempo el padre de la novia fue hacia su hija, la tomó del brazo y la condujo a una habitación a fin de hablar con ella. Regresó al punto, subió a otra silla y proclamó: “De parte mía comunico a la envitación que sí debe haber vuelta. La novia no pagó mal; así me lo ha jurado, y yo le creo, porque es m hija y nunca la enseñamos a decir mentira. Me remito a las órdenes del doctor Fulano, aquí presente, para que haga el examen que convenga a fin de que aparezca la verdad”. Puesto en la precisión de intervenir, pues así se lo demandaban no solamente los padres de los recién casados, sino la concurrencia toda, el médico fue a donde estaba la muchacha. “Dime la verdad, hija -le pidió-, pues si no me la dices me va a dar mucha pena tener que examinarte. ¿Eres señorita o no?”. “Señorita soy -dijo ella terminante- y requeteseñorita, y examine usté sin vergüenza lo que deba examinar”. Hizo el correspondiente examen el galeno. En efecto: la muchacha decía la verdad. Su doncellez estaba intacta. “Entonces -preguntó el facultativo- ¿el que no te cumplió fue el novio?”. “Sí cumplió -dijo ella-. Pero andaba muy tomado y…”. Se inclinó sobre el médico y le dijo unas palabras al oído. Tras escuchar esa reservada declaración salió el doctor del aposento, subió a la silla y dijo a los expectantes asistentes: “Señoras y señores. De mi parte comunico a la envitación que sí habrá vuelta. La novia pagó bien. Lo sucede es que el novio llegó beodo al compromiso y envainó mal”. FIN.

MIRADOR

Ya vienen los días santos.
Para mí todos los días son santos, pues todos tienen santidad de vida. Pero a esa cotidiana santificación añado la católica, que hace de esta semana una Semana Santa.
Extraño el luto de antes, tan luctuoso: la visita del Pésame a la Virgen; el recorrido de las Siete Casas; aquel ronco estridor de las matracas que suplían el silenciado canto de las campanas vocingleras…
En casa de mis abuelos y mis tías los espejos eran cubiertos con lienzos morados; se tapaban las macetas coloridas, y las canoras jaulas eran llevadas a la caballeriza para que no se oyera la voz regocijada de los pájaros.
Ahora mi tristeza es módica, como mediocre es mi alegría. No sé vivir los duelos de la Cuaresma ni disfruto el desenfreno del Carnaval. Morigerado en la virtud y en el pecado, voy con mi limbo a cuestas a arrepentirme de no ser bueno ni ser malo.
¡Hasta mañana!…


De política y cosas peores

Armando Fuentes

10/04/17

Don Valetu di Nario cumplía 80 años el siguiente día. Esa noche, antes de acostarse, se puso frente al espejo y reflexionó en tono filosófico: “Estos ojos que tanto han visto; estas manos que tanto han trabajado; estos pies que tanto han caminado, cumplirán mañana 80 años…”. En seguida se dirigió a su entrepierna y le dijo con rencoroso acento: “¡Y tú, desgraciada, también estarías cumpliendo mañana los 80 si no te hubieras muerto hace 20 años!”. Frente a un compadre suyo aquel hombre reprendía severamente a su hijo, que había sacado malas calificaciones en la escuela. “Compadre -dijo el otro-. Usted es un burro; mi comadre es una mula; y ¿quiere usted tener un cuarto de milla?”… Dulciflor, muchacha ingenua, le informó a su novio que se hallaba en estado de buena esperanza, o sea embarazada, a resultas de lo que habían hecho hacía unas semanas. “Caramba, Dulciflor -se mortificó el galancete-. Te pedí una prueba de amor, no de fertilidad”… Todos recordamos aquella vieja cantilena: “La izquierda, unida, jamás será vencida”. Me pregunto si alguna vez la izquierda mexicana ha estado unida. Quizá eso sucedió en tiempos de Lázaro Cárdenas, aunque lo dudo mucho, pues quien lo sucedió en la Presidencia declaró ser creyente, con lo cual llevó el péndulo político hasta el otro lado, y así calmó las iras y temores que en el sector conservador, y muy especialmente en la Iglesia Católica, habían suscitado las radicales reformas de don Lázaro. Ahora el PRD, que supuestamente es la moderna representación de las ideas de izquierda, se está desvaneciendo, oscurecido por el brillo de alguien que al parecer de algunos es un hombre de izquierda, pero que en cuestiones de importancia capital se ha mostrado más de derecha que el más extremado derechista. Me refiero, claro, a López Obrador. Quizá esa actitud suya obedece a un frío cálculo político: no quiere malquistarse con la Iglesia, que no renuncia a su pretensión de imponer a la sociedad civil sus conceptos morales. En todo caso cualquier observador dirá que la izquierda mexicana, por desunida, ya está más que vencida: está desaparecida. Don Poseidón, granjero acomodado, tenía un hijo adolescente llamado Nemoroso. Juzgó el viejo que su retoño había llegado ya a la edad en que deben saberse ciertas cosas. Había oído hablar de una señora especializada, a la manera de la legendaria madama americana Polly Adler, autora del delicioso libro “Una casa no es un hogar”, en iniciar en los misterios del sexo a jovencitos que por primera vez ejercitaban su varonía. Doña Tutoria -tal era el nombre de la señora que le recomendaron a don Poseidón- disfrazaba su actividad fingiendo ser manicurista, y en la parte posterior de su establecimiento impartía a los muchachos sus sabias enseñanzas. Llevó pues el rústico señor a su hijo, y lo dejó en manos de aquella sabia mujer. Cumplió bien su función la preceptora, y dio al asustado Nemoroso su primera lección en el amor sensual. Como don Poseidón no llegaba a recoger a su estrenado púber, le dijo doña Tutoria al mozallón: “Mientras llega tu padre voy a darte manicura sin costo extra”. Procedió pues la señora a arreglar las rudas manos del mancebo, y luego lo puso en las de su papá cuando llegó por él. Transcurrió cierto tiempo, y un día doña Tutoria se topó con el chico en la calle. Le dijo al saludarlo: “¿Te acuerdas de mí?”. “¡Cómo no me voy a acordar!” -exclamó Nemoroso. Halagada, la señora volvió a preguntar: “¿De veras me recuerdas?”. “Claro que sí -respondió Nemoroso con acento de infinito rencor-. ¡Usted es la vieja que me pegó unos insectos de esos que pican en las ingles, y luego me cortó las uñas para que no pudiera rascarme!”. FIN.

MIRADOR

Jean Cusset, ateo con excepción de la vez que oyó el Gloria de Vivaldi, dio un nuevo sorbo a su martini -con dos aceitunas, como siempre – y continuó.
-Se dice que el soneto más bello que se ha escrito es el que posiblemente escribió fray Miguel de Guevara en el siglo diecisiete, aquel que empieza: “No me mueve, mi Dios, para quererte…”. Poema del perfecto amor a Cristo es ése, pues en él se le ama por Él mismo, por la piedad que inspira su crucifixión, y no por la esperanza de ganar el cielo o por el miedo que el infierno inspira.
Siguió diciendo Jean Cusset:
-En mis lecturas orientales encontré un poema muy parecido. Lo escribió una mujer arábiga de nombre Rabbia, que era esclava. Poema místico es también ése, y dice así: “Señor mío: si te sirvo por miedo al infierno, arrójame en él; si lo hago por la esperanza en el paraíso, exclúyeme de él. Pero si te amo por ti mismo, entonces no me prives de tu eterna belleza”.
-Este poema se compuso el año 800 -dijo Jean Cusset-. Está dedicado a Alá. Con la misma belleza otros pueden alabar a Dios, aunque su Dios no sea el nuestro.
Así dijo Jean Cusset. Y dio el último sorbo a su martini, con dos aceitunas, como siempre.
¡Hasta mañana!…


DE POLITICA Y COSAS PEORES

Armando Fuentes

09/04/2017

CIUDAD DE MÉXICO 8-Abr .- Babalucas contrajo matrimonio. Ninguna experiencia tenía en el amor, de modo que su flamante mujercita se vio obligada a darle las instrucciones del caso. En el momento debido empezó a decirle: “Hacia adelante. Hacia atrás. Hacia adelante.. Hacia atrás”. Le dijo muy molesto Babalucas: “Ya decídete, ¿no?”. Nalguiria, la hija de don Leovigildo, fue a probar fortuna en el ambiente artístico de la capital. Tiempo después un amigo del señor le preguntó: “¿Cómo le ha ido a Nalguirita?”. “Muy bien -respondió con orgullo don Leovigildo-. Trabaja de vedette, y mañana debuta”. “¡Caramba! -se asombró el otro-. Cambia rápido ¿no?”. La señora fue a visitar a su vecina y llevó consigo su hijita. Llegó el marido de la vecina, y de buenas a primeras la niña le preguntó: “¿Por qué mató a Julio César?”. Todos se sorprendieron, y el señor dijo: “No entiendo. ¿Por qué me preguntas eso?”. Explicó la pequeña: “Leí en un libro que Bruto mató a César, y la esposa de usted nos acaba de decir: Tendrán que irse, porque no tarda en llegar el bruto de mi marido “. El pastor Rocko Fages organizó en su iglesia un servicio testimonial: todos los pecadores tendrían que confesar en público sus culpas y manifestar su propósito de cambiar de vida. Un hombre se puso en pie: “Hermanos: soy un borracho. ¡Pero juro que voy a cambiar!”. Todos aplaudieron, conmovidos. Habló otro: “Hermanos: tengo el vicio del juego. ¡Pero prometo que voy a cambiar!”. Nuevos aplausos y emoción general. En eso se levantó Guari Candilla, la única prostituta que en el pueblo había. Dijo humilde: “Hermanos: ustedes saben que lo que soy. ¡Pero les juro que voy a cambiar!”. De los hombres se levantó un coro general: “¡No cambies, Guari!”. Hubo boda en el circo: Miliño, el enanito de 70 centímetros de estatura, casó con Sansona, la giganta que medía 2 metros 10. Al mes del desposorio uno de los cirqueros le preguntó a Miliño con curiosidad morbosa: “¿Cómo te ha ido en tu matrimonio con Sansona?”. “Muy bien -respondió el chaparrito-. Es una magnífica ama de casa. Guisa muy bien; tiene siempre limpio nuestro remolque.”. “No te hagas-se impacientó el preguntón-. ¿Cómo te ha ido en la cuestión del sexo?”. “Mal” -confesó tristemente Miliño. “¿Por qué?” -quiso saber el otro. “Te diré -contestó el pequeño personaje-. Cuando estamos nariz con nariz, mis pies quedan ahí donde te platiqué. Cuando estamos pies con pies, mi nariz queda ahí donde te platiqué. Y cuando estoy donde te platiqué me suceden dos cosas: los pies se me enfrían y no tengo con quién platicar”… Lord Hornblow era más sordo que una tapia. Cierto día estaba con su hijo en un restaurante londinense cuando llegaron dos viajeros, el uno joven, de edad madura el otro, y ocuparon la mesa vecina. El de menor edad le preguntó al otro: “¿Ya había estado usted en Londres, Mr. Pickety?”. “¿Que si he estado aquí? -rió el otro-. Conozco esta ciudad como la palma de mi mano. Aquí fui guardia real. ¡Qué tiempos! Conocí a una dama de la nobleza, lady Hotlips. ¡Qué mujer! Hembra más ardiente no he conocido nunca. Se prendó de mí. Todos los días me recibía en su alcoba, o si no ella me visitaba por la noche en la pensión donde vivía. Aún recuerdo el lunar que tenía en el cuello, y aquella manchita roja, que tanto me gustaba, en el brazo izquierdo”. Lord Hornblow alcanzó a entender que el viajero estaba contando algo muy interesante, pues todos los presentes habían dejado sus conversaciones para seguir el relato con atención. Le preguntó ansiosamente a su hijo: “¿Qué dice? ¿Qué dice?”. Le gritó el muchacho en la oreja: “¡Dice que conoció a mamá!”… FIN.
MIRADOR

Historia de Domingo de Ramos.
Envió Jesús a dos de sus discípulos. Les dijo:
-Id a la aldea que está delante de vosotros. Ahí hallaréis un pollino. Traedlo.
Fueron los discípulos, y hallando al pollino lo trajeron.
Subió a él Jesús, y a lomos de la humilde bestia entró a Jerusalén.
Se reunió una gran multitud. La gente cortaba ramos de los árboles; los agitaba al paso de Jesús, y los tendía luego en su camino.
Días después Juan, el discípulo amado, le relató a María, la madre del Señor, cómo los hombres habían maltratado a Jesús en la subida al Gólgota.
-Lo golpeaban cruelmente -decía entre sus lágrimas.
-¿Con qué lo golpeaban? -preguntó la Dolorosa.
Respondió Juan:
-Con ramos que cortaron de los árboles.
¡Hasta mañana!…

MANGANITAS

“… Miles de vacacionistas salen a las playas y otros sitios de recreo…”.
Después de vacacionar
ya sabemos lo que pasa:
que volverán a su casa
con ganas de descansar.


De política y cosas peores

Armando Fuentes

8/04/17

Condones por aquí; condones por acá; condones más allá. El padre Arsilio visitó en su casa al cura del pueblo vecino, y se quedó estupefacto al ver por todas partes paquetes de condones. Los había en la sala, el comedor y la cocina; estaban en la recámara, el baño y el estudio. Hasta en el garaje vio condones. “No piense mal de mí, padre Arsilio -le rogó el anfitrión al visitante-. Lo que sucede es que padezco un tic nervioso que me obliga a cerrar continuamente el ojo izquierdo. Sufro también jaquecas continuadas. Cuando voy a la farmacia y le pido al dependiente un frasco de aspirinas ve él que cierro el ojo, me hace también un guiño y me da una caja de condones”. Capronio le confió a un amigo: “Mi hijo mayor no fuma; no bebe; no juega póquer; no se desvela con amigos; no anda con mujeres. Ya estoy dudando de que yo sea su padre”. La señorita Peripalda, catequista, les preguntó a las niñas del catecismo: “¿A dónde van las niñas buenas?”. “Al cielo” -respondieron las pequeñas a una voz. “¿Y las malas?”. Rosilita, equivalente femenino de Pepito-, se adelantó a contestar: “Las niñas malas van a Cancún, a Vallarta, a Acapulco, a la Riviera Maya, a Las Vegas.”. La casa de la flamante parejita estaba recién pintada. Aquella noche el marido puso la mano en la pared de la alcoba, que quedó marcada con su huella y por tanto necesitaría un retoque. Al día siguiente la recién casada le dijo al pintor que seguía trabajando en la planta baja: “¿Quiere venir a la recámara a ver donde mi marido puso anoche la mano?”. “Lo haría con mucho gusto, señora -replicó el sujeto-, pero mi patrón no me permite intimar con la clientela”. El marido salió de viaje y tardó más de la cuenta en regresar. Su esposa le puso un mensaje urgente, y él respondió con una pregunta: “¿Por qué me pusiste Torna a Sorrento ?”. Contestó la señora: “No puse eso. El iPad me corrigió. Lo que yo escribí fue: Tornas o rento “. En el Potrero de Ábrego es clásico el relato del hombre a quien su burro tiró al suelo con un súbito respingo. “Al cabo que ya me iba a bajar” -dijo mohíno a los que se reían de él. Versión campesina es ésa de la antigua fábula de la zorra y las uvas. No las pudo alcanzar, y disfrazó su despecho mascullando con desdén: “Están verdes”. Ambos relatos, el popular y el culterano, pueden aplicarse a Luis Videgaray, Canciller en vías de aprendizaje, quien declaró que no aspira a ser Presidente de la República. Claro: sabe muy bien que tiene las mismas posibilidades de ganar que tendría yo si me presentara como candidato a dirigir la ONU. (Aunque ahora que lo pienso.). El señor Videgaray cargará toda su vida el sambenito de haber invitado a Trump a venir a México. Ese sólo hecho lo hace inelegible, y más si a sus pasivos se añade el estrecho vínculo que tiene con el presidente actual. He dicho varias veces, y lo repito ahora, que en la contienda del 2018 el PRI deberá conformarse con un modestísimo tercer lugar. Si Videgaray fuera su candidato quedaría en séptimo u octavo. Pero al cabo que ya se iba a bajar. Dulcibel se quejaba con Susiflor del insaciable apetito sexual de su novio Pitorrango. “A todas horas quiere hacer el amor -le dijo-. Cuando se queda conmigo me despierta varias veces para eso, tantas que en la mañana batallo para levantarme e ir a trabajar. Y no se diga los fines de semana: quiere sexo a mañana, tarde y noche. Lo bueno es que cada mes debe viajar por motivo de negocios, y eso me permite descansar un poco del insaciable erotismo que muestra cuando está conmigo”. Preguntó Susiflor: “¿Cuánto tiempo está fuera?”. Respondió Dulcibel: “Apenas el suficiente para fumarme un cigarrito”. FIN.
MIRADOR.
Por Armando FUENTES AGUIRRE.
La puerta de mi casa da al oriente. También da a ese rumbo el grande ventanal.
Por la mañana el sol entra a raudales. No sabe de clichés o frases hechas, por eso entra a raudales. Si supiera de estereotipos seguramente procuraría entrar en otra forma menos dicha.
En las noches la luna llena llena la sala con su resplandor y me ilumina el alma.
Me alegro por la luz que entra a mi casa. Recuerdo la frase que en sus Confesiones escribió San Agustín: “. Sol et luna, pulchra opera tua.”. El sol y la luna, esa hermosa obra tuya. Tiendo las manos y tomo en ellas el fulgor del día y la nocturna claridad.
Llevaré conmigo ese don iluminado para cuando lleguen a mí las tinieblas que algún día llegarán. Entonces tenderé las manos, y de ellas saldrá la luz que recogí en mi casa y que guardé para conjurar las sombras.
¡Hasta mañana!…


De política y cosas peores

Armando Fuentes

7/04/17

La mamá de Susiflor tenía un gran sentido práctico. Le aconsejó a su hija soltera: “Si vas a hacer el sexo ten cuidado. Toma medidas”. Se refería a las que sirven para prevenir un embarazo no deseado. Semanas después la muchacha le informó a su madre que estaba teniendo sexo. Le preguntó la señora: “Y ¿qué medidas has tomado?”. Respondió Susiflor consultando una libreta: “5 pulgadas. 6 pulgadas. 8 pulgadas.”. (No le entendí). Mis amigos se quejan de que cuando platicamos no los dejo platicar. Dicen que tengo muy desarrollado el instinto de conversación. Otro instinto poseo también, muy acentuado: el de la conservación. Por eso y por mil razones más no suelo asistir a los mítines políticos. Tan agitados son, tan tumultuosos, que en esas apreturas puede uno perder la existencia o el honor. No me atrae la perspectiva de morir aplastado por los ubérrimos tetámenes o los profusos nalgatorios de las lideresas de colonias populares, y menos aún quiero dejar entre la multitud la doncellez que tan celosamente he conservado a lo largo de los años, y lo peor de todo sin saber quién fue el canalla que valido de la aglomeración me la quitó. No obstante lo anterior acudí antier -y vean que no digo mea culpa- a un acto priista en Saltillo. Sucede que desde los años de la juventud tengo amistad con el ingeniero Luis Horacio Salinas Aguilera, uno de los mejores alcaldes que ha tenido mi ciudad. Recuerdo aún el intenso programa de construcción de vivienda popular que emprendió, y que puso a cargo de Alfonso Gómez Lara, otro inolvidable amigo. Recuerdo también el empeño que puso en revivir los lauros de “La Atenas de México” -ese título ha llevado Saltillo-, encomendando la actividad cultural del municipio a un talentoso saltillense: Onésimo Flores Rodríguez. El hecho de que Luis Horacio sea priista de corazón y yo incurable escéptico en materia de política no ha empedecido esa amistad. (¡Qué palabreja ésa, “empedecido”! Suena mal, pero es de buen linaje: proviene de “empecer”, vocablo que significa impedir, dañar o estorbar). En aquel tiempo yo tenía un chorro de voz, y no cantaba mal las rancheras ni los románticos boleros de la época. Así, después de dos tequilas -o tres o cuatro o cinco- en el Salón Primavera, benemérita cantina, iba con Luis Horacio a llevarle serenata a su novia, una bellísima muchacha de nombre Lupitina que luego sería su esposa. Pasó el tiempo -es lo mejor que el infame sabe hacer- y ahora Manolo Jiménez Salinas, nieto de Lupitina y Luis Horacio, es candidato a ocupar el mismo puesto que su abuelo, mi amigo, desempeñó con brillo hace más de cuatro décadas. En honor a esa amistad asistí al acto en el cual presentó su programa de gobierno. Fue como escuchar primero “As time goes by” y luego “Volver a empezar”. Manolo, pese a su juventud, tiene abundante experiencia política. Es carismático, y sabe ganarse a la gente. Me gustó su plan de trabajo, realista y bien diseñado. No hizo promesas demagógicas ni ofrecimientos populistas: trazó objetivos viables y dijo cómo va a lograrlos. Que sea todo sea por el bien de Saltillo, común amor de quienes vivimos en esta amorosísima ciudad. Tres amigos hablaban de sexo y, claro, cayeron en la masculina costumbre de la jactancia. Dijo uno: “Cuando tengo sexo con mi esposa la hago que grite”. Manifestó el segundo: “Yo hago que mi mujer grite y diga malas palabras”. Declaró el tercero: “Yo hago que mi señora grite, diga malas palabras y se desmaye”. Le preguntaron los otros, admirados: “¿Cómo le haces?”. Respondió el sujeto: “A la mitad del acto la llamo por teléfono y le digo con quién lo estoy haciendo”. FIN.
MIRADOR.
Por Armando FUENTES AGUIRRE.
Los días huelen ya a Semana Santa.
Ya nadie llama así a esa semana. Sucede con ella lo que Chava Flores Guerrero decía que pasaba con el puerto de San Blas: en tiempos vacacionales se llamaba solamente Blas.
Antes había santidad en los días santos. A veces, claro, esa santidad no se entendía bien. A los 14 años tenía yo un programa de música clásica en la emisora saltillense XEDE, de don Alberto Jaubert, generosísimo señor que me permitió trabajar en su estación a esa edad. El jueves y viernes de la Semana Santa todos salían de vacaciones, menos yo. Esos días se debía trasmitir exclusivamente música clásica, y tal era mi especialidad. Un viernes santo, a las 3 de la tarde en punto, puse el poco luctuoso y nada religioso Can Can de “Orfeo en los infiernos”, de Offenbach. Música clásica es música clásica.
Desde luego ahora pienso que todos los días son santos. Cada uno de ellos es don divino que se ha de agradecer. También nosotros hemos de santificarlos con el trabajo y haciendo algo de bien para corresponder al que cada nuevo día recibimos.
¡Hasta mañana!…


De política y cosas peores

Armando Fuentes Aguirre

5/04/17

Llegó a su fin el trance de amor erótico en el Motel Kamagua. El galán, invadido por la dulce languidez que sigue al deseo bien cumplido, quedó de espaldas en el lecho, reconciliado con el mundo, agradecido con la vida y olvidado de todo, incluso de sí mismo. Lo sacó de ese nirvana una súbita pregunta de su compañera, que le sonó como un cañonazo: “Después de esto, Libidiano, ¿te casarás conmigo?”. “No” -fue la contundente respuesta del sujeto. Inquirió ella, erizada: “¿Puedes darme una razón por la cual no puedes desposarme aun después de que te hice entrega de la impoluta y jamás tangida gala de mi doncellez?”. “Siete razones te daré -contestó él-. Mi mujer y mis seis hijos”. ¡Ah! ¡Cuántas incautas doncellas van a la perdición llevadas por la untuosa labia de un engañoso seductor! ¡Lloren, lloren, desdichadas maripositas cuyas alas ardieron en el fuego de una efímera pasión que duró lo mismo que un ampo bajo el ardiente sol! La virtud de la mujer. (Nota de la redacción. Nuestro estimado colaborador se extiende en 18 fojas útiles y vuelta en arduas consideraciones de moral que, aunque útiles y necesarias, nos vemos en la penosa necesidad de suprimir tanto por su extensión como porque vamos a buscar en el diccionario el significado de la palabra “ampo”). Entre los relojes del priista Riquelme y las acusaciones de vínculos con el narcotráfico que se hacen al panista Guillermo Anaya y al morenista Guadiana Tijerina, empiezan las campañas de los aspirantes a gobernar Coahuila, mi natal estado. A ese batiburrillo se añade la irrupción en la escena política de Humberto Moreira, ansioso por reivindicar su imagen y demostrar que conserva todavía el afecto popular. En medio de esa cabalgata de pasiones, como diría algún hiperbólico escribiente, hay una candidatura de elevado rango ético, la del independiente Javier Guerrero. No faltará quien diga que su propuesta es quijotada, idealista arrojo. Otros muchos, sin embargo, consideran que Guerrero sería el mejor gobernador, y aunque sea en voz baja, por el régimen de temor que impera en el Estado, manifiestan que le darán su voto. Así, no se equivocará quien diga que la moneda está en el aire entre Riquelme, Anaya y Guerrero. Cualquiera de ellos puede llevarse el triunfo, pero el que lo obtenga, sea quien sea -incluso el candidato priista-, deberá hacer un cambio de raíz para acabar con el llamado moreirato, que tanto daño ha hecho a Coahuila y a los coahuilenses. Otros seis años de lo mismo ya no se pueden tolerar. Una chica le dijo a otra: “Debe ser incómodo para ti eso de llamarte Virgen”. “Sí -admitió ella-. Sobre todo porque me apellido Loera”. Babaluca y su esposa Boborronga son igualmente escasos de caletre. Sentados en la playa, a la orilla del mar, ella se llevó a la boca un poco de agua de mar y dijo luego: “No se puede beber. Está salada”. Babalucas le sugirió: “Ponle azúcar”. Boborronga echó un poco de azúcar en el mar; volvió a probar el agua y en seguida declaró: “Sigue igual de salada”. “Mensa -se burló Babalucas-. Es que no le meneaste”. Don Languidio Pitocáido, senescente caballero, sufría continuos episodios de disfunción eréctil. Doña Reprimicia, su mujer, consultó el caso con un médico, y éste le aconsejó que esa tarde le diera a su marido una pastilla de Viagra, que de seguro surtiría efecto por la noche. Así lo hizo la señora. Al día siguiente el facultativo la llamó por teléfono y le preguntó si el medicamento había dado resultados con su esposo. “Sí los dio -contestó doña Reprimicia-. Pero se me olvidó darle también la píldora de la memoria, y no recordó lo que debía hacer”. FIN.
MIRADOR.
Por Armando FUENTES AGUIRRE.
Variación opus 33 sobre el tema de Don Juan.
El aprendiz de seductor le suplicó a Don Juan que le revelara el secreto de su buena fortuna con las damas.
-El secreto -sonrió el sevillano- consiste en que hay momentos en que las damas deciden dejar de serlo, al menos por un rato.
-Sí -replicó el joven-. Pero ¿qué hacíais para seducirlas?
Contestó Don Juan:
-Primero les hablaba. Después les prometía silencio.
Preguntó el aprendiz de seductor:
-¿Cómo vencíais su resistencia?
Dijo Don Juan:
-A las feas les decía que eran hermosas, y a las hermosas les decía que eran feas.
Al oír eso el joven supo que había muchas cosas que no sabía acerca de las mujeres.
¡Hasta mañana!…


De política y cosas peores

Armando Fuentes

4/04/17

No sé si te he contado de mi tío Felipe. Era primo de mi padre. Los dos se querían bien, aunque había entre ellos grandes diferencias. Mi padre era católico cristiano -más cristiano, estoy cierto, que católico-, en tanto que Felipe se declaraba “ateo, pero sin exagerar”. Mi padre era hombre metódico, formal; en toda su vida sólo un trabajo tuvo, y una esposa; vivió siempre en Saltillo. Felipe, en cambio, no tuvo jamás ningún oficio, de modo que nadie sabía de dónde sacaba tanto beneficio. Nos enviaba tarjetas postales, hoy de la Ciudad de México, mañana de La Habana, después de los Estados Unidos, y cuando venía a visitarnos llegaba en coche de último modelo, y cada vez con una dama diferente, a la que solía presentar como “mi novia”. Te habrás fijado que cuando me refiero a él digo “Felipe”, y no “el tío Felipe”. Es que no le gustaba que le dijera tío, y me hacía hablarle de tú. “¿Verdad que a Dios lo tuteas en el padrenuestro? -razonaba-. ¿Por qué entonces a mí me hablas de usted?”. Sus ires y venires traían permanentemente inquietas a mis tías, que explicaban así su “conducta relajada”: “Es que no tiene esposa que lo ponga en orden”. Felipe había enviudado joven, y no volvió a casarse. A sus hermanas, que le pedían que tomara estado, les decía una frase que las escandalizaba: “¿Para qué compro una vaca si hay muchas que me dan su leche?”. Yo lo admiraba, pero secretamente, pues declarar mi admiración por él habría preocupado a mis papás. Me daba cuenta, claro, de que su comportamiento no era para ponerlo como ejemplo. Una vez me contó que cierto socio suyo le hizo una trastada. “¿Sabes cómo me vengué? -me dijo-. Le puse el cuerno con su esposa”. Añadió con una extraña sonrisa: “Dicen que la venganza es dulce, pero ésta fue dulcísima”. No todos querían a Felipe. El tío Refugio, por mencionar sólo a uno de sus malquerientes, decía que era “un perdulario”, y no le perdonaba su anticlericalismo, él, que al aludir al Papa lo llamaba siempre con unción “el Santo Padre”. El perdulario tomaba su desquite diciéndole con simulada cortesía “don Cuco”, lo cual molestaba mucho al tío, pues ambos eran casi de la misma edad. De Felipe se contaban cosas que no eran para contarse: que si era tahúr; que si era contrabandista; que si había seducido a una señora de la sociedad y luego a su hija; que si una mujer rica lo mantenía en la Ciudad de México. Su prima, la esposa de “don Cuco”, lo amonestaba: “Felipe, deberías ir a confesarte con el padre Quiñones”. Este sacerdote, jesuita él, tenía fama de confesor severo. Felipe le respondía con la oración del catecismo de Ripalda: “Yo pecador me confieso a Dios.”. Un día me dejó entrar a su cuarto en la casa que había sido de sus padres y de donde salió para correr el mundo. Me sorprendió ver en él un cuadro de Jesús, el buen pastor. Pero no era éste el pastor angelical, de albo ropaje, que carga con expresión dulcísima a una ovejita blanca. Éste era un pastor de veras, de la tierra, con manos sarmentosas y túnica manchada por el trabajo diario. En los brazos sostenía a un corderillo negro con señas de haber sido lastimado por los cardos del monte y un asomo de sangre en el costado. Jesús lo miraba con ojos amorosos; parecía sonreír por haberlo rescatado. “¿Un borreguito negro?” -le pregunté a Felipe. “Sí -contestó él-. Soy yo”. Pues bien: has de saber que ahora ese cuadro cuelga en mi recámara. Es lo primero que veo al despertar. Sucede que cuando murió Felipe, la tía Clara, su hermana menor, la única que aún vivía, me lo entregó. “Felipe dijo siempre que este cuadro era para ti”. Lo miro y lo miro a él. Lo miro y me veo yo. FIN.

MIRADOR

Historias del señor equis y de su
trágica lucha contra la burocracia.
El Alto Funcionario del Estado hizo llevar a su presencia al señor equis.
En ese momento el Alto Funcionario estaba comiendo.
Un camarero le ofreció una langosta.
Otro le presentó un pavo trufado.
Un tercero le mostró un pato a la naranja.
Y uno más le puso a la vista un lechón.
Al mismo tiempo los coperos le escanciaron los mejores vinos del mundo. Quiero decir que le escanciaron vinos de Parras, Coahuila.
El señor equis veía todo eso con ansiedad, pues siempre tenía hambre y siempre tenía sed.
El Alto Funcionario del Estado hizo una pausa en su comer y su beber y le dijo al señor equis:
-¿Verdad que no vivimos en el peor de los mundos posibles?
¡Hasta mañana!…


De política y cosas peores

Armando Fuentes

3/04/17

Elmar, lleno de urgencias masculinas, le pidió un beso a Colchona. “¿Cómo te atreves a pedirme eso? -se indignó ella-. Soy una mujer casada. ¡Ni siquiera debería estar follando contigo!”. Hoganio, ávido golfista, fue a un hotel de lujo a la orilla de la playa y que tenía campo de golf. Grande fue su decepción cuando se enteró de que el precio de la habitación era de 15 mil pesos diarios, qué él no podía pagar. Se dirigió al hotel de enfrente, que igualmente era de lujo y también tenía campo de golf. Se alegró mucho al conocer el precio del cuarto: 30 pesos diarios. Se registró, pues, y de inmediato fue a jugar. Le pidió al encargado del campo que le vendiera una pelotita de golf. El hombre le dio una y le dijo: “Son 15 mil pesos”. “¿15 mil pesos por una pelota de golf? -se escandalizó Hoganio-. ¡En el hotel de enfrente cuestan 30 pesos!”. “Sí -repuso el otro-. Ahí donde te cogen es en el precio de la habitación”. ¿Existe el destino? Y si el destino existe ¿cuál será su destino? Esas trascendentes consideraciones se iba haciendo en su interior don Augurio Malsinado al salir esa mañana de la casa en compañía de su esposa. Ella, por su parte, se preguntaba a cómo estaría el jitomate, pues iba a recibir a sus papás y quería agasajarlos con un rico gazpacho, platillo muy idóneo para los días de calor. En ese preciso instante una paloma que pasó volando soltó una deyección que le cayó en pleno rostro al señor Malsinado. “¡Qué barbaridad! -exclamó consternada su mujer-. ¡Déjame traer un rollo de papel higiénico!”. “¿Para qué? -acotó don Augurio, resignado-. La paloma ya va muy lejos. El sargento irrumpió en la barraca donde dormían los soldados y gritó con voz de trueno: “¡Levántense, hijos de p.!”. Todos saltaron de la cama, menos uno. El sargento le dirigió al remiso una mirada inquisitiva. Dijo el soldado sin dejar el lecho: “Son muchos, ¿verdad, mi sargento?”. A mí no me convencen las doctrinas del espiritismo postuladas por Alan Kardec. A mí no me convence la teoría de los fisiócratas, que sostienen que las leyes económicas son leyes de la naturaleza. A mí no me convencen los principios del positivismo de Comte y de Barreda. A mí no me convencen los alegatos del fiscal que llevaron a Mata-Hari a ser fusilada por espía. A mí no me convence el sistema de tenencia de la tierra en que se finca la existencia del ejido. A mí no me convencen las argumentaciones de los enemigos del libre mercado. A mí no me convence la afirmación según la cual hay vida inteligente en el planeta Marte. Tampoco me convence la afirmación según la cual hay vida inteligente en el planeta Tierra. Por último, a mí no me convence el horario de verano. Se celebró un concurso de inteligencia para bebés de un año y medio de nacidos. Quedaron de finalistas dos pequeños y una pequeñita: Pierrot, de Francia; Maggie, de Inglaterra, y Pepito, de México. El presidente del jurado le preguntó a Pierrot: “¿Eres niño o niña?”. “Soy niño -contestó sin dudar el francesito-. Lo sé porque traigo calcetincitos de color azul”. Un sinodal le hizo la misma pregunta a Maggie, la bebé representante de la Gran Bretaña: “¿Eres niño o niña?”. “Soy niña -respondió con la misma seguridad la inglesita-. Lo sé porque traigo calcetitas color de rosa”. Le llegó el turno a Pepito el mexicano, que había llegado tarde a la prueba porque sus papás pensaron que era hasta el siguiente día. Le preguntó el director del concurso: “Y tú ¿eres niño o niña?”. “No lo sé exactamente -vaciló Pepito-. Pero supongo que soy niño, porque tengo tan grandes los éstos que no me dejan ver si traigo calcetincitos azules o calcetitas color de rosa”. FIN.

MIRADOR.
“Hermosa como una bandera”.
Ese precioso símil lo escribió Héctor González Morales, de mi ciudad, Saltillo, en un poema que dedicó a su madre.
Bellos objetos son, en efecto, las banderas. Constituyen síntesis de patria; orgullo nacional que ondea al viento; memorias de niñez; lágrima retenida cuando en país extraño ves la de tu país.
Acaba de morir un hombre que creó una bandera.
Gilbert Baker fue el creador de la bandera del movimiento gay. Puso en ella, con los colores del arco iris, su sueño de igualdad entre los seres humanos independientemente de la manera que cada uno tiene de ejercer su sexualidad. En todo el mundo ese emblema es símbolo de la libertad sexual; tan negada en muchos países; tan reprimida y hostilizada en otros.
Murió en su sueño Baker.
Su sueño, sin embargo, no murió.
¡Hasta mañana!…


DE POLITICA Y COSAS PEORES

Armando Fuentes

02/04/2017

CIUDAD DE MÉXICO 1-Abr .- El padre Arsilio estaba confesando. Llegó una voluptuosa morena de esculturales formas, bien puesta de pitones, si me es permitido ese símil tauromáquico, y dueña de exuberante nalgatorio. “Acúsome, padre -dijo-, de que cuando veo a un hombre, cualquier hombre, siento el deseo de que me haga el amor tres veces seguidas”. “Hija -suspiró el buen sacerdote-. Tendrás que ir a otra parroquia. Yo ya no te las completo”. Rosibel y su marido se divorciaron. Una amiga le preguntó por qué. Ella le respondió, molesta: “¿Te gustaría vivir con una persona irresponsable, que tuviera el vicio del juego, que todas las noches se saliera de la casa para ir a los antros y que para colmo te pusiera el cuerno?”. “Claro que no” -contestó la amiga. Declaró entonces Rosibel, mohína: “A mi esposo tampoco le gustó”. Pepito le dijo a su primo Macarito: “Yo tengo 5 años. ¿Cuántos tienes tú?”. Manifestó el pequeño: “No lo sé”. Le preguntó Pepito: “¿Ya te atraen las mujeres?”. Contestó el niño: “No”. Le informó Pepito: “Entonces tienes 4 años”. Hubo una zacapela en la zona roja del pueblo. El juez interrogó a una de las suripantas: “¿Vio usted cuando el acusado le clavó la navaja al herido en la trifulca?”. “Sí lo vi, señor juez -respondió la mujer-. Pero no se la clavó en la trifulca: se la clavó entre la trifulca y el ombligo”. Doña Macalota, la esposa de don Chinguetas, tenía una criadita a la que apreciaba mucho, de nombre Famulina. Un día la muchacha le anunció que se iba. “¿Por qué?” -le preguntó consternada doña Macalota. Explicó la criadita: “Hallé una casa donde los hombres me van a pagar por hacerme lo mismo que el señor me hace aquí de gratis”. Un indocumentado mexicano logró cruzar el río Bravo y se internó en Texas. Le envió un mensaje a su mujer. “Ya llegué a Dallas”. Con otro mensaje contestó ella: “Manda dinero. Yo también ya estoy llegando a lo mismo”. Rosilita, equivalente femenino de Pepito, le dijo a su papá: “Ya sé por qué las mujeres tenemos mucho cabello”. “¿Por qué?” -quiso saber el padre. Contestó Rosilita: “Para poder engañar a los hombres”. “¡Cómo! -se azoró el señor-. ¿Por qué dices eso?”. Explicó la niña: “Oí que mi tía Pisca le contó a mi mami: Estaba con mi novio en la recámara y llegó mi marido. Mi novio se escondió en el clóset, y cuando Cornuto se durmió pudo salir sin que él se diera cuenta. ¡Me salvé por un pelito! “. Un individuo subió al autobús. Llevaba en los brazos a dos lindos bebés. “¡Qué hermosos niños! -lo felicitó una pasajera-. ¿Son sus hijitos?”. “No, señora -respondió malhumorado el tipo-. Trabajo en una fábrica de condones, y estas criaturas son reclamaciones”. Llegó un tipo al infierno y preguntó por su esposa. “Aquí no hay mujeres -le informó Lucifer-. Todas se van al cielo”. “¿Ah sí? -dudó el recién llegado-. Y esos cuernos tuyos ¿qué? ¿Te los compraste en el supermercado?”. “Mi padre mantiene dos esposas”. “¿Es bígamo?”. “No. Mantiene a la suya y a la mía”. En el antiguo manicomio de La Castañeda dos locos se tomaron a golpes porque ambos decían ser Napoleón Bonaparte. El director los amonestó. Les dijo: “Éste no es lugar para hacer locuras. No toleraré otro pleito entre ustedes. Dialoguen; pónganse de acuerdo y determinen cuál de los dos es Napoleón”. Pasó media hora, y uno de los locos regresó a la oficina. Le informó al director: “Hemos llegado a un arreglo. En adelante el otro será Napoleón. Tiene un poder bárbaro de convencimiento”. Preguntó el director: “¿Te convenció de que él es Napoleón?”. “No sólo eso -respondió el orate inclinando púdicamente la cabeza-. También me convenció de que yo sea Josefina”. FIN.

MIRADOR

Historias de la creación del mundo.
Dios hizo a Mozart, a Beethoven y a Bach.
Hizo a San Francisco de Asís, a San Martín de Porres y a Santa Teresa de Calcuta.
Hizo a Fra Angélico, al Greco y a Van Gogh.
Hizo a Copérnico, a Darwin y a Einstein.
Por su parte el demonio hizo a Calígula, a Tiberio y a Nerón.
Hizo a Atila, a Gengis Khan y a Napoleón.
Hizo a Torquemada, a Lucrecia Borgia y a Papa Doc.
Hizo a Hitler, a Mussolini y a Trump.
Les preguntó el Espíritu:
-¿Cómo hicieron a esas criaturas?
Explicó Dios:
-Las hice a mi imagen y semejanza.
Dijo el demonio:
-Yo también.
¡Hasta mañana!…

MANGANITAS

“. Sube el valor de las casas.”.
“Ese fenómeno explica
-reflexionó una señora-
por qué los hombres de ahora
ya no tienen casa chica”.


De política y cosas peores

Armando Fuentes

30/03/17

El joven párroco observaba que la cera del altar desaparecía misteriosamente. Llamó al sacristán al confesonario, y ahí le preguntó: “¿Quién se está robando las velas del altar?”. “Perdone, padre -dijo el rapacirios-, pero no lo escucho bien”. “No te hagas tonto -replicó el cura-. Yo te oigo perfectamente”. “Pero yo no lo escucho a usted -inisistió el sacristán-. Y si no, déjeme ocupar su lugar y venga usted al mío, y lo verá”. Cambiaron de sitio, en efecto, y preguntó entonces el sacristán: “Dígame, señor cura: ¿quién se ve con mi mujer en mi casa cuando yo no estoy?”. “¡Mira! -exclamó entonces el padrecito- ¡De veras que acá no se oye bien!”… En la noche de bodas el novio le dijo a su flamante mujercita: “No estés nerviosa, vida mía. Seré tierno y delicado, pues sé que todo esto es nuevo para ti”. La chica paseó la mirada a su alrededor y dijo luego: “Nada más las sábanas”. Don Languidio Pitocáido regresó muy contento a su casa de la visita al médico. Le anunció, feliz, a su señora: “¡El doctor me va a levantar la dieta!”. Preguntó ella fríamente: “¿Nada más la dieta te va a levantar?”. (No le entendí). El abogado defensor se dirigió al jurado: “Mi cliente es un hombre bueno, esposo ejemplar, padre amantísimo, trabajador honrado. No bebe, no fuma, no anda con mujeres…”. “¡Protesto enérgicamente! -gritó el acusado poniéndose en pie pie, airado-. ¡Le pago a este abogado para que me defienda y se pone a hablar de otro individuo!”… Una mujer le dijo a otra: “Comadre: ¿es cierto que está usted sosteniendo relaciones con don Leovigildo, el señor del departamento 7”. Respondió la otra: “A usted no se lo puedo negar, comadrita. Es cierto”. “Y dígame: ¿es cierto que está metida también con los demás ocupantes del edificio, lo mismo solteros que casados?”. “Es cierto, comadre -respondió la mujer-. Con todos tengo dimes y diretes. Pero esté usted tranquila: con su marido, mi compadre, no me he metido para nada”. Rebufó indignada la otra: “¿Y a mi viejo por qué me lo hace menos?”. “El final se acerca ya.”. Las ominosas palabras con que empieza la canción que popularizó Sinatra pueden aplicarse al PRD. El éxodo de sus filas hacia las de Morena hace evidente la crisis interna que afronta ese partido, crisis derivada de las continuas pugnas entre los dirigentes de las diversas tribus que lo forman. Es una pena que esté sucediendo eso, pues en sus orígenes el perredismo representó una opción de izquierda muy valiosa y necesaria para la vida política de México. Sin embargo el oportunismo de unos y el pancismo de otros fueron desvirtuando su ideología y principios, y actualmente la identidad del PRD está desdibujada, tanto que no lo reconocen ya sus fundadores. Desde luego la izquierda misma parece ahora inexistente. López Obrador tiene de izquierdista lo que yo tengo de astronauta, a juzgar por el conservadurismo que ha mostrado en cuestiones básicas que atañen a los derechos de algunas minorías. ¿Seguirá nuestro país la marcha hacia la derecha que en la actualidad se ve en el mundo? Y otra pregunta, que desde mucho tiempo no me hacía: ¿cuál es la capital de Dakota del Sur?… Tenían apenas un mes de casados, y estrenaban ya su nidito de amor. Cierto día el muchacho, que trabajaba de vendedor, se dio una escapadita de la chamba y llegó a su casa a las 11 de la mañana. De inmediato tomó en sus brazos a su mujercita, la condujo a la alcoba y empezó a hacerla objeto de encendidas muestras de ignívoma pasión. En el punto más cálido del delicioso encuentro ella arriscó la naricilla y le dijo preocupada a su marido: “Voy a la cocina un momento. Creo que se están pegando los frijoles”. “¡No te levantes, mi vida! -exclamó él, ebrio de amor-. ¡Déjalos que se maten, pero vamos a seguirle!”… FIN.